Amigas y amigos de La Abuela

domingo

PAMPERO. Ültima parte.

Jinete y caballo siguieron cosechando cocarda.
Hasta que un día, como suele suceder a los jóvenes, el niño ya se mantenía libre  de obstáculos en sus piernas.
Con gran pena de su instructor, decidió cambiar de deporte, y volcarse a la natación . PAMPERO siguió su entrenamiento básico, para no perder su estado físico.
Era tan alegre, tan hermoso, tan dócil, que decidí adiestrarlo  en paso de desfile, y otras piruetas que hacían la delicia de los niños.    Pasábamos casi todo el día juntos, aprendiendo el uno del otro;  fue entonces cuando acepté , el  echo, del poder sanador de los afectos.    Hay emociones, para las que no existen palabras, solo llegan a nosotros y nos dan ese bienestar mutuo, es como un hilo conductor de corazón a corazón, es magia.
Mi caballito y yo , nos presentábamos en todos los eventos criollos, patrios y de Fe religiosa.
Todos los años nos hacíamos presentes en la celebración del día de la ciudad, muy ataviados y acriollados; siempre el mismo lugar, frente al palco, y siempre la misma banda de música, se miraban , el que sonaba los platillos y PAMPERO, que venia haciendo su juego, de que ya me arrojaba al piso, y que no, y la gente le aplaudia.
Cuando sonaban los platillos, justo a la altura de sus orejas, se asustaba y mostraba todas las monerías aprendidas. Ese era el número de todos los años, nunca supe quien era el de los platillos.
Trato de contar los kilómetros que hicimos, mi caballito y yo, son tantos,  que me pierdo en el tiempo y la distancia.
En una travesía religiosa, debíamos trepar un cerro muy escarpado, por su inclinación  había que  subir sin detenernos, hasta el primer descanso.
PAMPERO,  parecía tener alas como subía, disfrutando las alturas, el viento helado, el agua nieve, por aquí le llamamos "garrotillo";   engancho sus herraduras en las rocas y perdió dos.
En el descanso volvimos a ponerlas, pero ya era terde, las patitas de mi caballo, tenian los cascos llenos de sangre machucada.  Todo lo que se puede hacer por un ser querido, la familia lo hizo por PAMPERO.
Permanecía echado en su pesebre de viruta blanca, era tan goloso como un niño, había que cuidarlo para mantener su dieta.  Su cola llegaba al piso, su crin le cubría los ojos.     Es tanto..., tanto..., lo que PAMPERO  hizo en este mundo, que llevaria muchas lineas contarlo.
Aun sueño con él....siempre feliz.
No lo creerán,  pero mi PAMPERITO, también aprendió a reír, algún día verán su foto.

viernes

PAMPERO Primera parte

Esta es la historia de un ser, con el que aprendimos mi hijo y yo muchas cosas , todas maravillosas.
Mi niño por entonces tenia siete añitos y, por una enfermedad, desde los tres llevaba muletas. En la familia,  siempre, todos practicamos deportes; al pequeño le gustaba todo lo que hacía su hermano, por ese entonces,  rugby y equitación.  El primero imposible de intentar, pero el segundo....., lo charlamos en familia, y salimos a buscar el caballo ideal , para tal jinete.
Comenzó la búsqueda; la relacion con el animal es a primera vista, tu sabes de verle los ojos, si es el que buscas.
Ya nos íbamos de aquel lugar cuando, un relincho lejano nos llamó la atención. Nos miramos con mi hijo y caminamos hasta donde estaba, apartado de todos . Se acercó a nosotros y nos olfateó, ese era nuestro caballo ¡¡¡.           Buscamos al encargado, quien nos dijo que ese caballo estaba separado de los demás, por  salvaje, nadie se le acercaba. Le ofrecimos un precio, que aceptó, y lo cargamos en el trailer.
Cuando llegó a la caballeriza, todos se reían de su aspecto. Lo bañé, le tucé la crin; era chueco de la mano izquierda, llevaba herraduras especiales, además tenia su nombre, de sangre inglesa, impronunciable para mi.
Esa noche  decidí su  nombre, PAMPERO, con el cariño fue PAMPERITO para siempre.
Y salió a la pista, montado por el niño; fue tan perfecto el binomio que al mes entraron en competición
El caballo salvaje, no era tal, había sido castigado un día, por no pasar un obstáculo y ya nadie pudo acercarse a el.....hasta ahora.
Como una revancha, PAMPERITO en manos del niño se llevaba todos los premios.
Tal era su mansedumbre que el niño se encerraba con el a jugar, lo llamaba y venía como un tierno perrito.
Así comenzó su historia....

miércoles

NAVIDAD

En esta Navidad,
al viajero que se detenga en el portal de la Abuela Frescotona
lo recibirá la amistad y el afecto.

Si desea degustar historias, domésticas, cotidianas, aquellas que son comunes y que en su momento consideramos una calamidad, aquí están, para darles un regalo de esperanza y de fe.
La Navidad nos da el mejor regalo a todos los que creemos en Ella,
nos regala el Espíritu fraterno que hace que todos estemos  unidos por un lazo invisible,
que se refleja en nuestras actitudes hacia el otro.


 ¡¡¡  FELIZ NAVIDAD ¡¡¡                  ¡¡¡ FELIZ ENCUENTRO CON EL OTRO.¡¡¡

martes

DON VITERMAN.

Caía la tarde en el monte, la mano invisible daba pinceladas naranjas al follaje, la bruma se condensaba al pie de los cerros, donde ya la oscuridad anunciaba su presencia. Rodeado de Tamarindos añosos, languidecía un rancho en su abandono.
La laguna se agitaba,  cuando la majada de cabras  sedientas, bebían y orinaban a la vez, en su desesperación por el agua; el perro y la niña sentados en el suelo, descansaban.
En el  patio, la anciana, rodeada de aves domésticas, tiraba al voleo los granos, los animales saltaban en pequeños vuelos picoteándose, arrebatándose los granos. En la tranquera del camino, los gansos verdeaban alertas.
Tan calma estaba la tarde, que el polvo, que dejaba el auto al andar, formaba una estática nube sobre el camino.
Enseguida los gansos abrieron sus enormes alas, estiraron sus largos cuellos y llenaron de graznidos el anochecer, las visitas se anunciaban. Los viajeros descendieron del lujoso auto estacionado bajo la enramada, y fueron al encuentro de sus anfitriones; los perros también mostraban su alegría, ladrando y saltando. Se aproximaba la hora de la comida. Don Viterman se puso de pie invitando a los huéspedes a elegir el menú, tomó un balde de alimento y, haciendo un ruido de chasquido con la boca, volcó el tarro en el piso, donde acudió todo el bicherio de la chacra: pavos, gallinas, patos, cabritos, lechoncitos, corderitos y algún híbrido indefinido. 
—" Sirvansen, elijan que quieren comer"—, nos dijo don Viterman, y nos quedamos mudos. 

La forzada elección, cayó sobre un  cabrito. Enseguida lo puso sobre una mesa, que tenía sus patas enterradas, para que los desbordes de la laguna no la cambiaran de lugar, con un brazo apretaba al animal y con el otro rebanó su cuello; la anciana, María, con una fuente descascarada, recogía la sangre del animal; mientras la removía, con la mano para que no coagule, iba retirando las fibrillas, con un sacudón se desprendía de ellas... que no alcanzaban a llegar al suelo, pues el bicherío celebraba el cambio de dieta. Luego, lavaba las visceras, las picaba con el cuchillo, en un refrito de cebollas las tiraba y luego la sangre. Esa era la picada, con vino casero, tan áspero, que nos hacía expectorar; entretanto, colgado de un árbol, descueraban el chivato, que nos miraba acusadoramente.
Llegada la noche, comenzó a girar el  molinete arriba del techo, colgaba del árbol un foco de luz; debajo, se jugaba una partida de truco, se marcaban los puntos con "bichos bolitas", que sacaban de debajo de un ladrillo. La luz por momentos incandescente, por momentos moribunda, mientras en la parrilla se asaba el animal. Entretenidos en el juego, no vimos venir en la oscuridad, la chancha, enorme, corría y se detenía, daba un giro y corría, en uno de ellos embistió la mesa...; allá fueron los puntos, imposible agarrarlos, por detrás venía doña María.
— ¡Che Viterman, la chancha está activada! —, gritaba doña María, tarde con el aviso; pues la cerda, cual luz mala, ya se perdía en el monte entre paradas y arranques, tratando de aliviar su reloj biológico.
Se dio vuelta el asado en la parrilla, y siguió la jugada. Un ruido se oía desde que cayó la noche, con miradas furtivas trataba de encontrar la causa; pero...nada, el ruido en cuestión era algo así, "toc, tac", como un goteo.
Cuando estuvo listo, se trajo el asado, se tiró al piso todo lo que molestaba , se sacaron los cuchillos, y el chivo sobre la mesa.  Era algo parecido a una mesa de disección. 
Tarde en la noche, los comensales tomaron los bajativos, té de yuyos y fernet con gaseosa cola, los perros nos rodeaban procesando huesos y el fuego ya era rescoldo, señal de la partida. Nos dirigimos al auto... El goteo era cada vez mas notorio, a la luz de las linternas, la pintura gris, se veía con pequeñas y abundantes manchas olorosas, que chorreaban hasta el piso; olvidé que en el campo las aves duermen en las ramas de los árboles.  Cuando llegamos a la ciudad todos nos miraban extrañados; la verdad... veníamos de otra dimensión, adonde vivir es una aventura, que comienza cuando sale el sol, y ser feliz si se llega a ver el ocaso.

domingo

LA ACTRIZ (Última Parte)

La joven soñadora abrió ojos y boca a la vez, preguntando, -¿quién es usted?- , temiendo que el extraño leyera su mente, se puso en guardia.  El hombre, con paciencia y afectada amabilidad, se tomó el tiempo para explicar a Zemira, tal su nombre, de qué trataba la oferta.  Terminada la charla, el "representante" daba por sentada, la respuesta favorable a su propuesta.
La niña se puso de pie dando un giro, haciendo volar su cabellera y la pollera en remolino, como si fuera un trompo que se aleja, diciendo a viva voz en su canto -"Nooo, que el mundo venga aquííí, ja ja ja"-.  Los parroquianos aclamaron a su actriz, que seguía repartiendo platos de comida recitando trozos de la obra.


La niña de la liana,  ahora se balanceaba entre el canto y el baile. Escuchaba en la radio, novelas que luego, con su histrionismo  e imaginación, narraba a los clientes mientras hacía su trabajo. Los obreros, se impusieron  horario riguroso en cada turno, así todos podían disfrutar  comida y  teatro a la vez.

Se acercaba el final de la obra, según la historia radial, la protagonista moría, cerrando en trágico final la obra.  La dama en cuestión languidecía su muerte, cuando los "espectadores" comenzaron sus reclamos de vida  por la "chica" de la historia, la actriz sorprendida, no podía hacerles entender que así era el guión y ella se debía a su fiel representación.
Por primera vez, en el obraje no se comía y se trabajaba a desgano.  El dueño de la fonda, le rogaba a Zemira que cambiara el final , total, el que escribió la novela no se enteraría.  Los obreros ya no le pedían que cante, ya no la miraban bailar, su vida había perdido el encanto, ella también estaba triste.
Los anuncios estaban en todos lados, continuaba la novela, con "sorpresivo" final.
Esa mañana el aire olía distinto, la alegría perfumaba los corazones.  Las filas para entrar regresaron y... apareció la actriz. En lugar de la escena de muerte, la protagonista debatía su existencia  entre el amor a Dios y el amor terreno. Las caras no estaban del todo contentas, ellos querían que la abnegada mujer  fuera feliz en brazos de un hombre como ellos, pero eso sería muy condescendiente con su auditorio. Después de unos apasionados escarceos  amorosos, donde se sucedían los cambios de voz,  las lágrimas y los adioses, vio que algunos ya habían echado los mocos de llanto, y de un giro brusco , cantó  un adiós al mundo, entonando con su maravillosa voz el Ave Maria.
La ovación, las gorras y "los bravos" retumbaban en el monte.   El arte había llegado al lugar. En una compañía unipersonal, la niña solitaria que llevaba en su corazón la alegría  de compartir a través del arte.

viernes

LA ACTRIZ ( Primera parte )

La niña volaba por el aire, eso creía ella, tomada de una liana se hamacaba sobre el agua del río, iba y venía...
Los poetas para describir el color de la piel, utilizan palabras "ricas", tales como:  "amasada con aceituna y jazmín", "clavo y canela", "piel lechosa" o "piel de chocolate".  La piel de la niña, era como el fluir de todas ellas, con la tersura que da  la pureza y la infancia.  En su cabecita, brillaban las motas de su renegrido pelo, sus ojos tenían el mejor tostado, del café de su país, su pequeña nariz demostraba la ascendencia de una de las etnias que corrían por su sangre. Y sus dientes en fila, como las teclas de un piano, blancos y brillantes.

Este montoncito de energía, era libre y vivaz...y muy intuitiva.  La niña sabía que en ella había algo diferente, que hacía que todas las miradas la siguieran, donde quiera que fuese. Eso la ponía siempre en guardia, como los animalitos del monte, olfateaba el peligro. Por ello gustaba de andar sola, soñando aventuras, dibujando en la arena... inventando canciones. Ese mundo lleno de estímulos preparaban la mujer que sería.
El tiempo pasó...la niña sobrevivió a los avatares de su mundo primitivo, el desmonte y el progreso  transformaron las costumbres, trajeron oportunidades, y oportunistas.  Un día llegó un grupo de teatro representando una obra llamada TABARÉ, la historia de un indio, entre otras cosas, prisionero de la belleza que la mestización le dió a su existencia. La joven presenció la obra,  impresionada no dejaba de recordar las escenas, las recitaba a viva voz, dando pasos de baile, agitando sus manos, mientras servía las comidas en la fonda del pueblo. Desde un rincón, un parroquiano no dejaba de mirarla...
— Jovencita, ¿le gustaría viajar por el mundo representado obras de teatro?—, le dijo el hombre, mientras ella apoyaba el plato sobre su mesa. 

jueves

LA MAESTRA DE CAMPO

Sentada bajo el aromo le gustaba respirar el olor de su leña al arder. La negra pava, entre las brasas, se quejaba con un suave lamento de burbujas. A sus pies, sus compañeros por generaciones, los perros. En las orejas y narices, brotaban rojas gotitas que dejaban las moscas al chuparles sangre. Por momentos, el cálido viento de la sierra la envolvía en una estela de humo; ella se quedaba quieta, dejándose acariciar. El llamado de la clueca a su prole le recordó sorber el mate que se enfriaba en su mano. Ese era su mundo -solitario de personas-, de mates y fritos.
Cuando tenía ganas de oir su voz,  le contaba a los perros de cuando ese patio de tierra era una nube de polvo, en los recreos con las risas y los juegos de sus niños.  Los días de sol, el aula era un  techito de cañizo; cuando llovía, la cocina del rancho, que olía a humo y a comidas rancias. Las fiestas patrias, más patrias que en ningún otro lugar; el mástil era una tacuara que todos los días ataban a un poste, desde donde la bandera aplaudía cuando el viento hacia  restallar su paño; del horno de barro que cocinó tantas empanadas, sólo quedaban algunos ladrillos que las gallinas tomaron como nidal.
Y, un día llegó la política y el progreso, honraron su trabajo, haciendo una escuela nueva, en el pueblo. A ella le dieron el retiro, por no encajar en los nuevos programas pedagógicos, su ancestral forma de enseñar. Los primeros días sacaba las sillas bajo el cañizo, y esperaba. Sus niños  vendrían;  la bandera en un rincón quedó para siempre. Los remedios caseros, que curaban los resfríos, se echaron a perder;  la grasa de iguana para algún chichón la derritió el verano; su farmacia de yuyos,  ya no tuvo clientes. A  la escuela se la tragó el tiempo; sólo resisten  en  pie el  aromo, y la maestra... que sigue esperando a sus niños, arrullada por el canto del viento, que en cada ráfaga se lleva una brizna  del alero del rancho.

Entre Chivitos

Entre Chivitos