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miércoles, 5 de agosto de 2009

Naturaleza muerta

El Rocalloso, el nombre no me sonaba agradable. Cuando llegamos al lugar supe... porque era todo frío, roca oscura y agua, que en esta época esta helada. Allí todo es sacrificio y trabajo.
El refugio de niños sin familia o con familias de trabajadores que los dejaban en ese lugar para ser atendidos por manos generosas, pero que por haber carecido de afecto verdadero desconocían la ternura que generalmente reemplaza al amor, y el trato entre ellos no reconocía los privilegios de los más chicos o los más débiles. Todos hacían de todo para sobrevivir ayudándose entre sí.
El frío y lo inhóspito del lugar hacía que las tareas de cuidar los pocos sueños de progreso, como criar pollos o cultivar la huerta, se convirtieran en verdaderas utopías, pues el frío mataba todo, y al final la dieta era la misma las dádivas de los vecinos del pueblo, que estaba muy retirado del lugar, y generalmente consistía en polenta y fideos con gorgojos que comían sin ningún aderezo más que un poco de sal o grasa que les regalaban en las carnicerías del pueblo.
Por las noches dormían las cuidadoras y los niños, todos, en una habitación para generar algo de calor. Para atraer el sueño, alguien siempre tenía algo que contar, generalmente eran deseos inalcanzables de comidas ricas pero tan humildes como ellos, solo que tenían el recuerdo del verano y la familia, también el de alguna mascota que a los humildes nunca les falta.
***

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