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sábado, 31 de octubre de 2009

Ferrocarril

El bosque de eucalipto era tan denso, que jugábamos a las escondidas en él. Tan grande, que nunca imaginé llegar al otro lado. Teníamos como límite, para no perdernos dentro, el zanjón enorme que lo separaba del camino, y que me costaba mucho cruzar por su profundidad. Cuando nos sentíamos perdidos, buscábamos la luz del sol, brillante en la verde oscuridad y corríamos hacia ella gambeteando los árboles.
Ahora, en la distancia del tiempo, veo esa luz en el sentido inverso..., cada vez me adentro más en la verde oscuridad. Recuerdo esas siestas de verano, aburridos, recorriendo los rieles de las vías haciendo equilibrio con los brazos abiertos, las charlas inconclusas, el miedo a la "zolapa", personaje siniestro que aparecía a esa hora y se llevaba a los que no dormían. Nos sentábamos a orillas de los rieles a mirar las máquinas hacer maniobras y enganchar los vagones, esperando ser testigos de una catástrofe, o ver al farolero aplastado cuando enganchaba la larga fila de cargueros. Cuando éste se iba, corríamos y cambiábamos todas las palancas de señales que indicaban los ramales, teníamos loco al pobre haciendo girar su farol, verde-rojo, rojo-verde. Lo que más nos divertía era cuando traían para enganchar los vagones de pasajeros, subíamos y los recorríamos buscando objetos olvidados. Nunca encontramos nada. Los antiguos boletos eran de cartones de colores vivos y numerados, esas eran nuestras figuritas. Por un rato soñábamos, en viajes a lugares que todavía hoy no hemos llegado. También estaban las "zorritas",  pequeño vehículo que se impulsaba subiendo y bajando entre dos personas una palanca. Nos costaba mucho moverlo, con él recorrían las vías. Fue una gran alegría, el día en que un guardia nos llevo hasta el paso a nivel a colgar la bandera roja.
Recuerdos de aquellos días, siempre de sol. ¿Qué habrá sido del farolero?¿qué casa de antiguedades tendrá su farol? El maquinista que siempre se asomaba a saludarnos cuando pasaba , el foguista con su cara negra de palear carbón... tengo la misma sensacion del tren que pasa y nos deja en el anden envueltos en su estela de humo negro.

19 comentarios:

  1. Demasiados oficios ya desparecidos!!
    Todo quedara en nuestra caja de la memoria.
    Maravilloso Abuela!!!
    Besos

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  2. Abue, me haz dado un paseo a esas vias del tren.
    Cuando uno es pequeño, que de cosas disfruta.
    Me acuerdo, que yo me sentaba en unos escalones, y veía pasar los carros, eran escasos,es que el pueblo era paso obligado de un estado a otro, en ocasiones,mis amigas y yo, jugabamos a ver quien veía más carros de tal o cual color, uno elegía un color, y a contar, horas y horas,tranquilas, vacilando,bromeando,la que decía yo tendré un carro...la mirabamos como rara.
    Como esta está loca, ni que costara piedras.

    RECIBE UN FUERTE ABRAZO,FUERTE, COMO LA MAR.

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  3. Querida de verdad me gustó mucho tu relato y fijate que cuando era pequeña viajava mucho en tren. Mi papa, con camisa blanca llegaba al final del viaje con el cuello de la camisa todo negro jajajajaja y el olor de los rieles, me acuerdo mucho del olor, no sé creo que seria un tratamiento que ponian en los toros de madera de los rieles.

    Besitos
    Flor

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  4. "Gambeteando". Que preciosa palabra, madame, tan expresiva, tan grafica. Siempre encuentra usted la precisa, y cuando varias son posibles, la mas magica y encantadora.

    Que peligro eran ustedes, pobre farolero!

    Feliz dia, madame

    Bisous

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  5. Hola Abu que lindo relatoooo, siempre me prendo de tus entradas y las revivo, bueno au me voy a estudiar me cojio tarde ya besitos y buen fin de semana.

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. Hola Abuelita gracias por devolverme la visita, que lindo relato del Ferrocarril y cuantas cosas se me vienen a la mente ya perdidas, un besito y que tengas un bello sabado.
    Laury

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  8. Mi querida abuela; mi padre fue jefe de estaciones, en ellas vivíamos de verdad la vida libre. Toda tu historia es la mía. Una gran nostalgia me provocas.

    Mi abrazo

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  9. Que lindo Abue eso es lo mejor que podemos guardar nuestros maravillosos recuerdos que serán por siempre lo mejor de aquellas épocas que lastimosamente no volverán.
    Nos vemos en la próxima estación..;)

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  10. Aroma a eucaliptus, a recuerdos!!! es hemosisimo viajra a traves del tiempo con usted abu!!! un abrazo fuerte!

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  11. De una Abue a otra, me encantó rememorar aquellas épocas de ferrocarriles. En realidad les tenía un poco de miedo y sufría de pesadillas donde quedaba atrapada entre muchas vías, tal vez las de Villa María donde pasaba mis vacaciones en las casas de mis tías...

    Mis siestas infantiles las pasábamos muy entretenidos mis hermanos, amigos y yo en el río Cosquín. Ahora, navegando en Internet... ¡Los tiempos cambian!

    Mil besos.

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  12. Nonna : miéntras te leía iban saliendo de mi mente imágenes de tu infancia y la mía , se fueron cruzando tus travesuras , tus corre corres con mis manos abiertas abrazando los montes , bañando mi cara cerca al rio , tus recuerdos despertaron los míos , distintas épocas , distintos lugares , pero el mismo sentimiento de risa y alegría ....¡ que vivan los recuerdos , RECORDAR ES VIVIR !
    ¡Un gran abrazo !

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  13. Un relato espléndido...me dejó así como nostálgica y no por los trenes, sólo he viajado en metro y eso no cuenta, sino por la añoranza con que evocas todo eso...Hay cosas que no vuelven...lamentablemente.
    Besitos Abu.

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  14. Como engrandece la memoria al recuerdo, quizás se deba, a que la vida nos engaña continuamente, Un abrazo

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  15. Abuela, que preciosidad de relato éste, muy pero que muy bonito, de verdad... a mí, también me traen muchos recuerdos las siestas del verano -que mi madre consideraba sagradas y, pese al aburrimiento, no nos dejaba salir a la calle bajo ningún concepto, ni tampoco permitía que estuvieramos andando de arriba a abajo por la casa, así que teníamos que quedarnos en nuestro dormitorio, y las más de las veces, terminabamos por dormirnos como los mayores, por purito aburrimiento y la nada que hacer-. También me ha gustado todo lo que cuentas de los ferrocarriles, la verdad es que los trenes y lo relacionado con ellos, en general evoca fascinación; esas vias largas que se entrecruzan, los trenes -los antiguos eran en verdad preciosos-, los viajeros que suben y bajan y no sabes de donde vienen ni a donde van, la evocadora ensoñación de los viajes que harías a lugares lejanos y desde luego siempre antojados como fascinantes... Abu, el mundo del tren es en su sentido real o en el irreal, una pura maravilla.

    Un besote enorme, supergordo y supersonoro

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  16. Preciosos recuerdos esos que nos dejas en tus crónicas del pasado, entrañables como el antiguo ferrocarril que rememoras. Muy bonito, mi querida Abu, precioso. Un besote fuerte.

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  17. Lindo relato, evocó muchos gratos recuerdos en mi mente.

    Feliz domingo de casi nochecita

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  18. Preciosos y tiernos esos relatos de la infancia, qué diferente y qué lejos están aquellos juegos y que baratos salían. Muchos besos de otra abuela, Inés

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Mateando

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