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martes, 27 de octubre de 2009

Mamboré

Cuando golpearon la ventana, se levantó lentamente para que no crujiese el catre y despertara a su hermanito, que dormía a su lado, sólo esperaba que no sintiera frió al retirarle el calor de su cuerpo. Salió al patio con los viejos zapatos apretados contra el pecho y se los puso, el frió era intenso. Menos mal que encontró un cartón y pudo recortarlo con la forma del pie. Poniéndolo dentro del zapato, eso reforzaría la fina zuela contra la escarcha.
Llegó al box de Mamboré, el caballo ya lo esperaba, era la hora de su avena. Mientras escuchaba el rítmico ruido de las mandíbulas partiendo el grano, metió sus manos bajo la manta que lo cubría y las calentó. Tomó los arneses y sacándole el abrigo, comenzó a ensillarllo, luego lo llevó al sulki y ató las varas al correaje lateral. Justo cuando terminaba, llegó Ramon y juntos, los tres, caminaron hasta la pista donde el viento corría carreras con las hojas y la arena. Con la ayuda del peón, subió y se ató los pies al estribo, pues era tan pequeño que apenas llegaba, tomó el largo látigo y lentamente comenzaron a moverse. Al primer giro, el caballo comenzaba su estiramiento, luego un poquito más rápido, hasta llegar a la máxima velocidad. Era entonces cuando comenzaba la felicidad del niño. Según silbara el viento en sus oídos, sabía la velocidad: el sordo "tap tap tap" de los vasos del caballo y el meneo del sulki lo llevaban a ese mundo de triunfos, donde sólo los ganadores llegan.
Sus manitas congeladas, por el viento húmedo del río, se esforzaban por apretar las riendas; chorreaba el agua de su nariz y sus lágrimas se desparramaban por toda la cara. Era el momento deseado del entrenamiento, luego comenzaba a reducir lentamente el trote y caminando llegaban a la ducha. El niño se sacaba sus zapatitos con zuela de cartón, sus piecitos agradecidos por el agua tibia, luego secaba y espumaba las crines del caballo, y al box a esperar el próximo día.
Tiempo que pertenecía a los sueños de fama del niño, atados a las patas de Mamboré.

14 comentarios:

  1. Con el regalo de una ilusion tan grande en la vida, nada importaba que los zapatitos tuvieran suela de carton. Hermoso compañero el del niño, y lindos sueños.

    feliz martes, madame

    Bisous

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  2. Siempre tan bonitas tus historias abuela! Me enternece mucho tu forma de escribir...
    Cariños!

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  3. Tierna y descriptiva historia, bella como siempre.
    Un saludo cariñoso

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  4. Bonito relato. Todo lo concerniente al campo me atrae.

    Un saludo cordial

    Hasta pronto Abuela,

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  5. Qué historia mas bonita, me imagno al niño con un cuerpo menudito sobre su fiel caballo. Muy tierno.
    Besinos.

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  6. Ay abue que linda historia que ternura, siempre me encanta pasar a leerte, deberías escribir cuentos para niños.
    Un abrazote

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  7. Amiga,te invito a pasar por un regalito al blog:

    http://fundaciondepuebloviejoveracruz.blogspot.com/

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  8. Es muy linda hisotria y sobre todo tiernna... un fuerte abrazo abuela!!!

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  9. El relato perfecto...EXISTE!
    ¿No participa en concursos? Lo hace verdaderamente bien, qué intriga, qué sentir acolchado, qué riqueza semántica, qué ritmo... Felicidades, de veras.
    Besos encumbrados.

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  10. Muy bello el relato de este niño que sueña con ser un gran jinete algún día aunque ahora haya de llevar suelas de cartón en sus zapatitos. Me ha gustado mucho, querida Abu. Un besote fuerte.

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  11. Me gusta como escribes y por supueto esta pequeña narración.
    Un fuerte abrazo
    hs

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  12. No esperaba menos, calidad, mesura y buena pluma en el texto.
    Besos Abuelita y deja ya la ginnasia que me tienes asustadisimo!!!!

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  13. Esos sueños infantiles que por instantes se hacen realidad, son lo más parecido a la felicidad en la vida de nosotros los humanos. Un abrazo.

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