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martes, 24 de noviembre de 2009

EL CORTEJO

Había nevado la noche anterior, los techos de las casas del pueblo competían con la blancura de las sierras circundantes, sólo que de éstos salía un humo blanco, que el viento sur dejaba en sus laderas como una capa de nubes.
En la cochería ya habían sacado los negros caballos de sus boxes, estaban atados a una argolla con una corta reata, uno al lado del otro. El peón de cuadra comenzó a prepararlos, cepilló sus bellos lomos, espumó sus crines, desenredó sus largas colas y limpió las lagañas que deja la cama de aserrín, donde se echan. Ellos se adormecían con las caricias de los cepillos, le toca el turno a las patas, luego a sus manos (las dos delanteras), y por último pone sobre sus cascos grasa oscurecida, que brillan haciendo juego en el conjunto. Luego, con un largo plumero saca el polvo de la alta carroza fúnebre, verifica que donde va el ataúd, TITI, la gata , no haya olvidado ningunas de sus crías. Por el olor no se preocupaba, sabía que no habría quejas. Colgó los ganchos extras en el portacoronas, el fallecido era "importante", tendría muchas flores. Llevarían tres carrozas de acompañantes, en lugar de una, sacudió las cortinillas de las puertas, limpió los asientos, y las cerró.
A las cinco de la tarde, la hora preferida de Lorca para las tragedias, comenzó el triste desfile, los caballos llevaban en sus cabezas un tocado de plumas negras enormes, que a su paso la briza agitaba, dándole solemnidad al conjunto, detrás las flores y detrás los dolientes. Cinco carrozas marchaban, el silencio era roto por los cascos de lo caballos sobre el asfalto... y las tortas de guano de los caballos, que al tocar el suelo estallaban, soltando su verde aroma, y se llevaban en los zapatos los vecinos que venían caminando, detrás del cortejo. Una larga fila de vecinos miraba desde las veredas, las amas de casa recogían su delantal, en señal de respeto, los hombres se quitaban la gorra, ambos se santiguaban.
De pronto los caballos detuvieron su marcha, azuzo las riendas desde el pescante el conductor de negra galera, siguieron... A la media cuadra, otra vez, esta uso el látigo suavemente. La cara del conductor se ponía roja cada parada de los caballos. La gente venía distraída y se chocaban unos a otros, preguntando que sucedía. El cortejo siguió entre arranque y parada hasta su morada final. Regresaban las carrozas al corralón, el cochero los vio arriba de los naranjos de la vereda, los niños de la escuela. Mientras unos miraban, los del árbol hacían "sssshhh", y los caballos se detenían, se adelantaban unos metros, y lo mismo. El próximo cortejo, los caballos no se detuvieron, llevaban algodones en las orejas. En el cementerio reinaba la tristeza..., las almas cruzaban el portal temerosas y sin la sonrisa del adiós .

18 comentarios:

  1. La hora preferida de Lorca para las tragedias, pero me hiciste acordar mucho a las historias de García Marquez.
    Hermosas tus historias como siempre Abuelita.
    Cariños!!

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  2. Madame, carrozas con caballos! Que hermosa estampa aun entre la tristeza de un cementerio.
    Es algo que nunca tuve ocasion de contemplar. Me hubiera gustado ver esos coches, y tambien los tranvias que hubo un dia en mi ciudad, pero que desaparecieron antes de que llegara mi tiempo.

    Feliz tarde, madame

    Bisous

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  3. Que hermoso cortejo Abue, pero que tristes son las despedidas...
    Hermosa historia como siempre ;)
    Mis abracitos

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  4. mas que tristes son desagarradoras las despedidas, aunque la historia sea bella.

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  5. Que hermoso cortejo. Siempre me gustan tus cuentos.

    Besitos
    Flor

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  6. Tu relato me recuerda a retazos de mi niñez,tétricos recuerdos....caballos negros,carruaje negro, plumachos negros....todo negro.
    En canarias habían sepelios de primera,segunda y tercera....seis caballos, cuatro y dos...eran tiempos muy clasistas.
    Es muy bonito recordar cosas de "antes", aunque a veces les falte un poco de "color".
    Un fuerte abrazo.

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  7. Hermoso viaje nos llevastes hoy con este cortejo abu escribes genial, te dejo un abrazito en esta tarde nos leemos,:o)

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  8. Que hermoso escrito abuelo, siempre nos llevas a otros bellos momentos ,que tengas una linda tardeee besitosssssssssssssss

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  9. Querida amiga, como me gusta leer tus relatos, son fántasticos, gracias por ellos, no me gustan las despedidas, me gusta mucho más las llegadas, me llenan de ilusión estar esperando, te deseo todo lo mejor, besosssssssssssssss muchos.

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  10. Una historia de esas especiales que se graban en la mente. Las despedidas son tan doloras como inevitables. Ojalá y pudieramos cambiarlas por encuentros...

    Un gran abrazo.

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    HOLAAA MI ABUUU, QUE HISTORIA MAS BONITAAA
    DECIR ADIOS DUELEEEE PERO AVECES ES INEVITABLEE
    QUE TENGAS UNA SEMANA GENIALL
    SALUDOS CHRISSSSSSSSSSSSSSSSSS

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  12. Magistral Abu!!!
    Me ha encantado...éste es mi estilo definitivamente...cuando leo literatura latinoaméricana siento que me vibra todo.
    Un besito.
    ¿el muerto era de los pesados verdad?

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  13. Hola abuela,
    me recordó la nieve.
    Aca en mi tierra no nieva, y me encantaria que lo hiciese.
    Solo la vi un par de veces.
    Besos.
    Fer.

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  14. hay imagenes en este cuento que me quedan grabados... sobre todo el final... mira lo que logras querida abuela!!! me encantó!!! fuerte abrazo querida abu!!!

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  15. Precioso relato, un placer leerte!

    Cariños!

    =) HUMO

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  16. Triste cortejo fúnebre y oportuno recuerdo al poema de Federico García Lorca "La cogida y la muerte". Un beso, querida Abu.

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  17. Precisa descripción, hermoso relato. Casi como una película. Un abrazo.

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  18. Ya sé que me repito, abuela querida... pero es que haces que vea con nitidez -y sin ninguna dificultad- las escenas que nos cuentas...
    un recorrido triste marcado por la travesura de los niños :)

    besos y abrazos

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Mateando

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