Me siguen...

Traductor

sábado, 7 de noviembre de 2009

EL TORO

El camión regador avanzaba, el ronroneo de su motor se dejaba oír, todos los días cuando el disco rojo se zambullía detrás de las montañas . A su paso por las barriadas, se incorporaban niños a la procesión que ya venía detrás disfrutando de la fresca lluvia que tiraban los regadores. Eran como esos pajaritos del campo que en los charcos se bañan agitando sus alas, a medida que se alejaba se iba renovando el chiquerío que saludaban a los gritos al sonriente conductor. A esa hora, cuando el olor de tierra mojada se esparcía por el pueblo, la gente se sentaba en las veredas bajo los naranjos amargos, en los floridos patios, debajo de los parrales, con su servicio de mate, su diario o simplemente por estar estando.
El anciano profesor, como todas las tardes, se aprestaba a leer el periódico, mientras una niña le servía el mate. La niña sentada en una sillita baja de esteras entrelazadas, él en su viejo y cómodo sillón. Ya se oía el griterío que anunciaba el paso del regador, los niños pasaron gritando saludos a su maestro, a su paso dejaron frescura y silencio, alguna abeja extraviada pasaba zumbando, el mate iba y venía. De pronto, las voces y los ruidos estaban cada vez más cerca, la niña curiosa recorrió el largo parral hasta la entrada... Asustada, con los ojos desorbitados y la boca inútilmente abierta, pues no emitía sonido, pasó raudamente hacia el interior tirando todo a su paso, detrás de la niña un monstruo bufante oscureció la entrada, patinando sobre el piso de lajas se acercaba dando tumbos y bramidos de furia y miedo, hasta que el viejo tronco de la parra detuvo bruscamente su viaje, quedando con su cabezota babeante, negros ojos desorbitados y agitado aliento, a los pies del anciano. Éste había perdido el diario y los espejuelos, las manos apretaban los brazos del sillón... Ambos se miraron.
De pronto, llegó la turba que corría al toro a quien, aprovechando su incomoda posición, enlazaron fácilmente y lo llevaron a su lugar de escape, el matadero. Mientras aseguraban las cuerdas, el toro ya vencido, había dado muestras del valor de su vida. El anciano, juntando sus pertenencias del piso, no podía olvidar esa mirada.

27 comentarios:

  1. Abuela, !que gusto da leerte!, !que bonitos tus relatos!, !cuanta belleza y ternura en esos recuerdos que nos transmites con la magia de las palabras!... y, menudo el susto de ver ere toro, vencido en su valor, y allí, a los pies mismos. En España, en las fiestas de los pueblos también existe la costumbre de correr al toro hasta la plaza, a veces los toros van ensogados, con lo cual no son tan peligrosos, pero otras, -como en los San Fermines, por ejemplo-, van libres y correrlos es una prueba indudable de valentía, llegando a veces a producirse accidentes e incluso la muerte de algún corredor que, desafortunado, se topó cara a cara con el morlaco y en esa partida por la vida, ganó el toro.

    Me ha gustado leer que la gente del pueblo se sentaba en las veredas bajo los naranjos amargos... aquí en Sevilla, las calles están sembradas de naranjos amargos, que en verano no dan demasiada sombra, pero que en primavera, cuando florece el azahar, impregnan la ciudad entera de un olor maravilloso, haciendola única, y sacando literalmente de paseo a los sevillanos, para disfrutar de esa delicia del pasear bajo el efluvio mágico de los naranjos amargos en flor... mi cuidad, abuela, se parece bastante a tu pueblo: muchísimo.

    Un besote supergordo

    ResponderEliminar
  2. Me encanto el relato!!! recorde y aprendi.
    Gracias y un abrazo

    ResponderEliminar
  3. Que susto, madame! No me extraña, una mirada como para no olvidar en la vida. Un instante en que parece que el mundo se paraliza y solo existe ese toro, y piensas, si es que realmente lo que te asalta llega a tener la forma de pensamiento coherente, que ya no volvera a haber otra cosa que ese toro.

    Algun dia tendre que probar ese mate y partir de conocer ese ambiente de naranjos amargos y floridos patios que usted nos hace amar aun en la distancia.

    Un abrazo, mi querida madame de la magia en las palabras.

    Bisous

    ResponderEliminar
  4. Que pena me dio...
    Cariños abue! Muy buen fin de semana!

    ResponderEliminar
  5. Abuela, que relato delicioso! Sabes que yo iba leyendo y lo estaba mirando todo, como si estuviera allí jajaja
    Lo de los pajaritos que se bañan en los charcos me acordé de una perra Setter Irlandés, bella, mi Lassie que vivió con nosotros 17 años, que cuando empezaban a regar los naranjos en la finca de mis padres se iba a bañar también en los charcos y ahí se quedava con la panza hacia abajo un par de minutos refrescandose jajajaja.

    Ay miniña! si no fuera el tronco de la parra, que seria del abuelito???? Si el toro fuera de la raza Miura, estoy segura que no le haria daño, es una raza muy noble de toros.

    Muy muy bueno tu cuento. Me diverti leyendolo.

    Besos y cariños
    Flor

    ResponderEliminar
  6. Bonita forma de narrar, pienso que puede ser un inicio para algo más grande. Podría ser para un cuento. Pero lo dejas en crónica. No importa es precioso como narras.

    Un saludo cordial

    Hasta pronto abuela frescotona.

    ResponderEliminar
  7. Hermoso y tierno relato el tuyo en donde no faltan las cosas sencillas que nos transportan a esos lugares en donde los niños, los pájaros, el agua y los naranjos son los protagonistas de esta hermosa historia.
    ¡¡SIN OLVIDAR AL TORO Y AL POBRE ANCIANO!!

    Besos.

    ResponderEliminar
  8. Tiene usted la virtud de hacer que el lector viaje por sus letras para vivir en primera persona los relatos que nos regala. Es un placer leerla.

    Saludos

    ResponderEliminar
  9. Abue tus historias siempre nos transportan a los hechos es muy agradable siempre adentrarnos a ellas.
    Una historia linda mis abracitos abue y feliz fin de semana.

    ResponderEliminar
  10. Hay miradas de miradas...como ésta o quizás peores. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  11. Tus historias siguen aferradas a mis recuerdos de pueblo, donde el regador era quizás el único divertimento de nosotros, en ese entonces, niños y curiosamente también fui corrido por um toro junto a mis hermanos por querer ser más valientes de lo que fuimos.

    Gracias por tus historias que siguen alimentando mi nostalgia de viejo.

    Besos y abrazos.

    ResponderEliminar
  12. Querida amiga paso a saludarte, y desearte una bella semana.
    Un gran abrazo Isthar

    ResponderEliminar
  13. Me hizo recordar las largas tardes que pasaba en el campo!!
    Le mando un enorme abrazo.
    Le quedo muy interesante.

    ResponderEliminar
  14. Las miradas de terror, dolor o rabia, nunca se olvidan, así vengan de personas o animales. Excelente relato Abu, si es que yo lo digo, naci para "montuna" pero en algún momento se me ocurrió torcer el camino...
    Besitos.

    ResponderEliminar
  15. Bello relato abuela,
    besotes y feliz semana
    Miguel Nonay
    -------------
    www.asaltodemata.com

    ResponderEliminar
  16. Hola abuela, me ha emocionado mucho tu relato. Primero porque recordé el patio de mi abuelo en la provincia de Santa Fe, allí bajo la parra, en la puerta de la galería, el camión regador y las calles de tierra.
    Luego, el mensaje, tu homenaje hacia el animal. La mirada que cruzaron el toro y el viejo maestro, quizás ambos con menos de su vida, pero con la misma valía de los viejos tiempos.
    Abuela, estupendo, te digo que leer tus relatos es fantástico, el "entre líneas" no tiene desperdicio.

    Besotes, abu.

    ResponderEliminar
  17. abuela.... un beso desde malaga la bella

    pasa una semana muy feliz!!!!!

    ResponderEliminar
  18. Abuela, gracias por pasar por mi blog y dejar tu comentario. Eso me permitió conocerte y leerte. Por cierto, hermoso relato, de una gran ternura.
    Te dejo un besote

    ResponderEliminar
  19. Muy lindo relato, evocador como es usual en ti y mágicamente descriptivo...
    gracias pro tus visitas y comentarios.
    Un gran abrazo.
    =)

    ResponderEliminar
  20. Me encantó el relato.
    Un abrazo, abuela.

    ResponderEliminar
  21. Te imaginás! Yo tampoco olvidaría esa mirada, más viniendo de un toro. Me reí a mares, pero me dió pena, por el bicho!
    Así la vida, unos comen y a otros se los comen, que se va a hacer!
    Besos abuela linda!
    C.

    ResponderEliminar
  22. Ya vine abuela. Mucho tiempo ausente pero ya estoy aquí. Me gustan tus relatos porque nos transporta a la historia. Gracias por tus visitas a mi casita y por tus comentarios.
    mil besitos abu

    ResponderEliminar
  23. ¡¡Que buen texto!!

    Llevas al lector por esas tardes de calor, lo situas a tu antojo y luego lo asusutas con ese toro de mirada terrible.

    Abuela, ¡¡excelente!!

    Alejandro

    ResponderEliminar
  24. Menudo episodio¡¡¡¡

    dirty saludos¡¡¡

    ResponderEliminar
  25. Me ha hecho penssar en muchas cosas del pasado ...
    Gracias.
    Besos y Abrazos.

    ResponderEliminar
  26. Pobre torito, Abu, a mí también se me quedaría su mirada clavada, bufff!Un besote fuerte, querida.

    ResponderEliminar
  27. leerte es full, lo vas llevando a uno...
    me gusta venir aquí.
    un beso

    ResponderEliminar

Entre Chivitos

Entre Chivitos

Mateando

Mateando
Se ha producido un error en este gadget.