Me siguen...

Traductor

lunes, 30 de noviembre de 2009

LA YERRA

Día frío y soleado, los sulkis llegaban en fila con sus mejores caballos atados a sus varas, eran las familias de la zona, los paisanos, algunos con su compañera enancada y abrazada a su cintura, lucían las galas de domingo. Los autos, brillantes y bulliciosos, hacían su entrada lenta, para no espantar a los caballos, que aun así, caracoleaban mansamente haciendo lucir sus jinetes. También estaban los que llegaban caminando. Todos, llevaban en sus rostro apuro por llegar y la risa bulliciosa de un día de fiesta.
Los caballos y los autos se dejaban a la sombra de los tamarindos, los primeros con la cincha floja , para que descansen. En los corrales estaba la acción, los peones abrían las tranqueras y salían los terneros corriendo; otro, los esperaba con el lazo en el aire y al momento pialaba sus patas, corría dominándolo en el piso, lo apretaba con su rodilla en las costillas y rápidamente, con un pequeño cuchillo, abría la piel que cubría sus jóvenes testículos. Los tomaba entre sus manos antes que el animal los "esconda", con un rápido movimiento los cercenaba, arrojando un puñado de tierra sobre la herida, para detener el sangrado, en ese momento asentaban el hierro de marca de propiedad, una densa humareda salía del cuero quemado del animal, que pegaba un salto y salía buscando la libertad.
Las creadillas se arrojaban a un tarro que tenía agua y sal, de donde el asador los sacaba y tiraba en una enorme parrilla, y los visitantes se servían cuando estos estaban asados.
Bajo los árboles añosos estaban las mesas con blancos manteles, que la briza movía como llamando a los comensales, sobre ellas las ensaladas, las carnes, los encurtidos, de la lejana tierra trasplantada en sus costumbres, a esta , la estancia El Picaflor. En otra mas alejada, estaban los vinos, las aguas dulces y los postres. En grandes canastos todas las frutas de la época.
A la media tarde, terminada la faena de corrales, las familias rodeaban las mesas, sentados en sillas o en el pasto, comenzaban a volar los recuerdos por los distintos grupos filiales y las canciones a capela en su idioma inolvidable volaban por el aire recogiendo lagrimones. Los niños corrían y jugaban, ignorantes de su herencia ancestral. El frío de agosto ya dominaba la tarde, el sol con sus largos brazos radiados quería aferrarse a las montañas, pero la oscuridad venía empujando a la luz, hacia las antípodas.

19 comentarios:

  1. Nunca me voy a cansar de esperar tus entradas, cada vez que mi escritorio me avisa que publicaste una, vuelo hasta aquí a sumergirme en tus historias. Me encantan abue!
    Muchos cariños!

    ResponderEliminar
  2. buena historia como siempre abuela.

    ResponderEliminar
  3. Madame, he llegado con usted en un auto, y con usted he visto a esos caballos caracoleando entre el alegre colorido de los ropajes de domingo. Por un instante he probado ese vino y las frutas que habia en los canastos, porque ha conseguido trasladarme a esa fiesta campestre.
    Lo unico que se me hizo extraño fue que hiciera tanto frio en agosto, comprendalo. No estoy acostumbrada.

    Feliz tarde, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  4. Hola abuela,
    cada vez que la leo me sorprende.
    Interesantes relatos los suyos.
    Besos.
    Fer.

    ResponderEliminar
  5. Fantástica descripción. Me he sentido trasladado a ese ambiente. He podido oler la parrillada.
    Una hermosa forma escribir y describir. De viajar y hacer viajar al que lee.

    Besos.

    ResponderEliminar
  6. Se va llenando de personajes, imágenes, y situaciones muy llamativas este espacio. Me gusta, todo integrado y formando parte de un mural que con paciencia vas completando. Es sólido, Abuela, entretenido y educativo a la vez.
    Felicitaciones, en serio,
    Un abrazo,
    C.

    ResponderEliminar
  7. Leerte es como armar un rompecabezas, abuela... se aprende y se aprecian los detalles. L aúnica opción es embelesarse con tus maravillosas dotes descriptivas...

    Un afectuoso abrazo.

    ResponderEliminar
  8. Relatos de la historia y costumbres en algunos casos olvidadas o en desuso. Mágico relato como siempre.
    Un beso, Who.

    ResponderEliminar
  9. Preciosa entrada Abuela Frescotona. Como siempre.

    Hasta pronto, feliz semana

    ResponderEliminar
  10. Abue, contigo si que se aprende y se disfruta!!! jejeje... sos un encanto!!1 un fuertisimo abrazo!

    ResponderEliminar
  11. Me ha encantado!!!
    Como siempre.


    Muchisimos besos.

    ResponderEliminar
  12. Muy bonito relato, fresco y sensible como los que pido que me cuenten mis abuelos cada domingo que vamos a almorzar religiosamente de costumbre.
    Me alegro de haberla cruzado esta tarde en el centro cultural ¡Mis saludos!

    ResponderEliminar
  13. Entrañables relatos como siempre haces.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  14. Hermoso, Abuela, nos llenas de detalles, hasta envolvernos dentro de la historia!
    Eres maravillosa!
    Besos,
    Chiqui.-

    ResponderEliminar
  15. Realmente haces una pintura con tus palabras, abuela.
    Excelente relato.
    Una cosecha de abrazos

    ResponderEliminar
  16. Que bonita historia Abue...me dejas con un dejo de nostalgia y como siempre me transportas magicamente por los momentos.
    Gracias

    Un abrazo fuerte con cariño.

    ResponderEliminar
  17. Ey abuela... qué cándida su yerra!!! O me va a decir que después no se armaba una partida de taba???
    Hermoso relato!

    ResponderEliminar
  18. Cuando pienso que jamás he asistido a faenas como éstas, me alegro de poder venir aquí a leerte y hacer como si estuviera por un momento en un ambiente tan diferente y fantástico. Un abrazo grande abuela.

    ResponderEliminar
  19. Preciosa y entrañable narración sobre un día efstivo. De lo que me da lástima es de los pobrecitos terneros, que para ellos no era en absoluto un día festivo, pero bueno, así es la vida...Un besote fuerte, Abu querida.

    ResponderEliminar

Entre Chivitos

Entre Chivitos

Mateando

Mateando
Se ha producido un error en este gadget.