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lunes, 7 de diciembre de 2009

AZÚCAR

En el bosque nemoroso, los claros de luna parecían rayos de sol penetrando la fronda. El hombre caminaba con recelo entre los árboles, tratando de llegar al final del bosque, donde veía el brillo de las vías y el convoy estacionado. El frío era intenso, la helada daba un color blanquecino a los pastos, que crujían al paso del farolero que mecía su farol al compás de una imaginaria melodía.
En la oscuridad las sombras iban en aumento, el grupo se reunió escuchando a su líder, y en grupos pequeños salieron a la luz, cruzaron el descampado ocupando su lugar entre los vagones. A la señal, con una barreta rompieron los sellos de seguridad, despacio, sin ruido, corrieron la pesada puerta. A la vista tenían las blancas y enormes bolsas, llenas de azúcar.
El desabastecimiento de productos de primera necesidad, como el azúcar, era un lujo que los hogares humildes no podían pagar. Solo tenían que llegar al bosque con una bolsa, nada más. Hicieron un alto para escuchar, el silencio era total, los guardias estaban muy celosos por los asaltos a las cargas con comestibles y casas de venta de alimentos. Pusieron la bolsa en el suelo, entre los cuatro tomaron los extremos, trataban de correr un trecho y se arrojaban al piso a descansar unos segundos, de esa forma ya divisaban  la oscuridad salvadora..., unos metros más y sus familias desayunarían dulcemente en la mañana. Lo primero que vieron fue el brillo de los caños, al  salir de la oscuridad...; lo último, el fogonazo que reventó sus rostros. Los ojos se llenaron de luz de luna, la dulzura de la sangre se mezclaba con el azúcar.
Cuando levantaron los cuerpos, quedó el azúcar... manchado de sangre. 

— Prendan fuego—, dijo el guardia con asco en la voz.

El  pueblo se lleno de olor a caramelo. La brisa se encargó de llevarlo a todos los rincones.

20 comentarios:

  1. Una muerte agridulce, al menos les queda el orgullo de intentar alimentar a sus familias.
    Una nueva crónica de nuestra historia, historias comunes sin ubicación definida.
    Un beso, Who.

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  2. Ay que lastima, tener que jugarse la vida por un poco de azucar, por llevar alimento a su humilde hogar. Resulta desgarrador. Ojala no tuvieramos que volver a vivir nunca mas tiempos en los que poder alimentar a la familia es un lujo.

    Madame, yo he dejado algo para usted en mi blog. Es un poquito de lotería para compartir.

    Buenas noches

    Bisous

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  3. _██_
    ‹(•¿•)›
    ...(█)
    ..../ I.... HOLA MI ABU COMO SIEMPRE GENIAL EL RELATO, QUE TENGAS UNA BUENA SEMANA

    FRASE::: "ESTAN LAS BESTIAS, LUEGO LOS BESTIAS.
    LAS BESTIAS MATAN CRUELMENTE PARA SOBREVIVIR.
    LOS BESTIAS SOLO PARA DISFRUTAR.
    EL HOMBRE SERA LO QUE DICE SER CUANDO
    SUPERE SU BESTIALIDAD, SINO SEGUIRÁ ENTRE
    LOS SERES IRRACIONALES POR MUCHO
    QUE PRETENDA LO CONTRARIO" Lm-Mlg

    SALUDOSS CHRISTIAN

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  4. Madame, recuerde que para hacer constar su participacion en el sorteo, debe usted seguir las normas que vienen en esta direccion:

    http://alasdeplomo.com/2009/11/14/regalamos-loteria-de-navidad-2009/

    Y despues de hacerlo, dejarles a ellos en un comentario el link de su blog para que lo anoten.

    A ver si tenemos suerte!

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  5. triste relato, me encantó.
    un beso

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  6. Siempre me encantan tus anécdotas abuela, a pesar que esta vez estuvo manchada de sangre. Un gran mensaje.

    Un gusto pasar por acá.

    Hasta pronto. Un beijo.

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  7. Querida Abuela

    Muy duro, triste... pero es cierto, por cruel que suene: fue una muerte dulce (la bestialidad del Guardia es cosa aparte). En México hay un filme llamado así "Un dulce olor a muerte"

    Un abrazo

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  8. Triste, trastocador, tierno y evidentemente dulce...
    Describes con tanta sutileza y realismo, que casi puedo percibir ese encantador olor a caramelo...

    Besos

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  9. Una vida por un puñado de azúcar. Qué tristeza.
    Un besotote, amiga

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  10. Un relato durísimo, querida abuela. Impresionante el contraste entre la muerte y el azúcar... Un abrazo afligido.

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  11. Quién diría que algo tan dulce te puede llevar a la muerte...
    Triste relato, Abuela, y lo peor es que sucede mucho más de lo que pensamos!
    Besos,
    Chiqui.-

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  12. Duro... Real... Yo no víñ las cañas de azúcar, pero sí los cafetales en directo donde la gente casi moría...
    Saludos.

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  13. ahhhhhhhhhhhh, el azucar en estado puro con sus cañas y demás abuela, que envidia me das.

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  14. Abuela,que relato tan triste.Y lo mas triste es que existio,fue real en un tiempo.....y ahora....quien sabe si en algun lugar esta pasando.Realmente terrible.

    Un abrazo y te mando un poquito de frescura,que estoy muerta de frio.Mandame unos grados para aca.

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  15. Me encantó su espacio, me gustó todo, su forma de narrar las historias, los contenidos de la misma, su vitalidad, etc... TODO. Pasaré a menudo por aquí. Mi sueño es visitar alguna vez la Argentina, y con su blog lo tengo como que más cerquita. Gracias.

    www.utopiaroja.blogspot.com

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  16. Y todo por endulzar el desayuno de su gente, triste relato y de cuanto no haríamos por eso, cuanto no haríamos por ver la felicidad de quienes necesitamos que dibujen una sonrisa, aunque solo sea con azúcar...


    Abrazzzusss

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  17. Ay Abu, que relato tan triste y tan cruel, !que tremendo!, y lo peor es que suena enormemente a realidad, nada de ficción... durísima crueldad esa que mata a hombres por un poco de azucar para el desayuno de los suyos, durísima crueldad la de esos asesinos que disparan a quema ropa a pobres gentes que no tienen dinero para comprar un puñado de azúcar...

    Un besote, ya sabes Abu, de los gordísimos

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  18. los que tienen las armas,
    y las empuñan contra sus hermanos,
    una misma tierra y
    sin embargo,
    y sin embargo...

    ufff,
    tan actual, aunque no sea por el azúcar, cuánta hambre en nuestro pueblo.

    un abrazo.
    C.

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  19. Terrible historia, abue, sobrecogedora y desgarrante... ¡Cuántos han quedado en el camino por un poco de azúcar o un trozo de pan!
    Lo contaste de maravillas...

    Besos gigantes.

    (¡Yo me acuerdo de los faroleros!)

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  20. Ay, querida Abu, pobrecillo, qué pena me da ese final tan triste...Un besote fuerte.

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Mateando

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