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jueves, 17 de diciembre de 2009

LA MAESTRA DE CAMPO

Sentada bajo el aromo le gustaba respirar el olor de su leña al arder. La negra pava, entre las brasas, se quejaba con un suave lamento de burbujas. A sus pies, sus compañeros por generaciones, los perros. En las orejas y narices, brotaban rojas gotitas que dejaban las moscas al chuparles sangre. Por momentos, el cálido viento de la sierra la envolvía en una estela de humo; ella se quedaba quieta, dejándose acariciar. El llamado de la clueca a su prole le recordó sorber el mate que se enfriaba en su mano. Ese era su mundo -solitario de personas-, de mates y fritos.
Cuando tenía ganas de oir su voz,  le contaba a los perros de cuando ese patio de tierra era una nube de polvo, en los recreos con las risas y los juegos de sus niños.  Los días de sol, el aula era un  techito de cañizo; cuando llovía, la cocina del rancho, que olía a humo y a comidas rancias. Las fiestas patrias, más patrias que en ningún otro lugar; el mástil era una tacuara que todos los días ataban a un poste, desde donde la bandera aplaudía cuando el viento hacia  restallar su paño; del horno de barro que cocinó tantas empanadas, sólo quedaban algunos ladrillos que las gallinas tomaron como nidal.
Y, un día llegó la política y el progreso, honraron su trabajo, haciendo una escuela nueva, en el pueblo. A ella le dieron el retiro, por no encajar en los nuevos programas pedagógicos, su ancestral forma de enseñar. Los primeros días sacaba las sillas bajo el cañizo, y esperaba. Sus niños  vendrían;  la bandera en un rincón quedó para siempre. Los remedios caseros, que curaban los resfríos, se echaron a perder;  la grasa de iguana para algún chichón la derritió el verano; su farmacia de yuyos,  ya no tuvo clientes. A  la escuela se la tragó el tiempo; sólo resisten  en  pie el  aromo, y la maestra... que sigue esperando a sus niños, arrullada por el canto del viento, que en cada ráfaga se lleva una brizna  del alero del rancho.

18 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. MUY EMOTIVO RELATO EN DONDE NOS DETALLAS CON TANTA EMOTIVIDAD LOS TRABAJOS SENCILLOS DE UNA MAESTRA DE PUEBLO Y LA DESAZÓN QUE DEBIÓ SENTIR AL SER DESPLAZADA DEL SU DEDICACIÓN AMOROSA POR LA MODERNIDAD.
    UN FUERTE ABRAZO.

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  3. Querida abuela

    Es el destino de los maestros rurales en nuestros pueblos. A veces, sus historias me recuerdan tanto a mi tierra (mi pueblo natal perdido en la Sierra Madre del Sur) El Progreso no siempre va de la mano del humanismo.

    Un abrazo

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  4. Que lastima, madame, y no se si tenemos derecho a llamar progreso a un programa que exige que sean las personas las que se adecuen a las cosas y no al reves, en lugar de proporcionar a las personas mas y mejores medios con los que desarrollar su labor. No puede ser progreso aquello que arrincona a la gente como trastos inservibles. Eso es como emprender un camino que no lleva a ninguna parte.

    Feliz dia, madame

    Bisous

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  5. Que distintos que son los maestros del campo, qué vocación, que admirable... No es por desmerecer al resto, pero hay muchos que estudian para maestros sólo porque tienen un puesto asegurado y una carrera corta y muchas vacaciones, etc, aunque seguramente también hay muchos otros con vocación también.
    Muy lindo relato, como siempre.
    Cariños!

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  6. Sé de casos como el que narras, Abuela Frescotona y la verdad es que me ha dado mucha pena. Un relato muy bonito el tuyo. Saludos.

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  7. Abuela, como todos tus relatos éste está lleno de ternura y de emotividad... me ha dado mucha pena la vieja maestra allí solita en su vieja escuela esperando día tras día a sus niños... la modernidad a veces trae un progreso con sabor agridulce, como en este caso, se pierden conocimientos de la sabiduría popular como esos remedios para los resfrios o los chichones, solo porque la vieja maestra no encaja en la nueva escuela... qué pena!, pero muchas veces es así, nos encandila la novelería

    Un besote, ya sabes, de esos muy gordos

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  8. Te quedó precioso este relato, cuantos recuerdos de maestras todavía tienes para contarnos? Este relato en particular, va teniendo pinceladas de prosa poética, y te digo algo, me encanta. Te felicito, te nos vas para arriba mujer! Felicitaciones.

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  9. Que tierno y que real.Ay esos maestros de aldeas pequeñas que llevaban hacia delante a niños de todas las edades,cada uno con su formacion y su temario anual.Creo que ahora no los hay que sean capaz de eso.Lo hacian a base de tiempo y amor a su profesion y a los niños.

    Besos Abuelilla

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  10. Nos deleitas con una dulzura de historia. Gracias por compartirla.

    Un fuerte abrazo y mis mejores deseos para ti en estas fechas decembrinas.

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  11. La emotividad y ternura en tus entradas es implecable Abuela; cada vez tus palabras fluyen como una dulce canción más rítmica y rica en evocacicones.
    La maestra de tu relato me inspira admiración por su capacidad de entregar todo cuanto tiene: lo mejor de si misma, su vocación y no perder la fe.

    Un cariñoso abrazo para vos.

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  12. Un relato maravilloso y profundamente emotivo. Aquí se pone en evidencia la paradoja - tan humana - del progreso que se hace a costa de las personas que ya no se pueden adaptar a los nuevos tiempos. Una mejora para los alumnos; un drama para la vieja maestra. Un abrazo, querida abuela.

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  13. Triste y hermosa tu narración, Abu. La pobre maestra sigue esperando a sus niños, para ella el tiempo se ha detenido en un determinado momento. Como ella, miles de personas se ven diariamente excluidos de sus rutinas y de sus vidas, en aras del progreso. Un beso muy fuerte, mi querida Abu.

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  14. Hola Abuela como me gusto este relato,espero tengas un bello fin de semana y una Feliz Navidad besitossssss..

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    (♥).........Feliz Navidad..||..........


    Que tengas un bello fin de semana
    besitos Jesisca.

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  16. Abu, un relato precioso, como todo los tuyos.... Desde el otro lado del charco MUY FELICES FIESTAS para ti y los tuyo, y un ENORME beso cargado de buenos deseos :) Sé feliz, y sigue escribiendo siempre desde el corazón!

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  17. Las imágenes se presentan nítidas y en sucesión perfecta, siguiendo el ritmo del tiempo que no perdona.
    Excelente relato mi querida abuela.
    Mi abrazo.

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  18. esas imágenes dew mi campo querido.
    besos

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Mateando

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