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jueves, 27 de agosto de 2009

La escuela de antes

La a
Soy de la época de la letra cursiva, y las letras góticas hechas con pluma cucharita. Recuerdo cuando mi maestra tomo mi mano y juntas dibujamos la letra "a", salíamos con un ganchito  hacia arriba, cerrabamos el círculo y hacíamos la patita; ¡qué letra fácil de hacer, decir y pronunciar! Soy zurda, y en esa época se nos miraba raro  pues esa era la mano del diablo; las monjas nos ataban la mano al banco, así teníamos que escribir con la derecha. Como resultado de acto tan  pedagógico, escribo con las dos.
En esos colegios de educación escolástica teníamos caligrafía, era como el arte de dibujar las letras. Después  venía la ortografía, esa si que nos hacía sudar, nos hace sudar: la intuición ortográfica se manifiesta más claramente escribiendo de puño y letra, muchas personas ante la duda toman el lápiz y escriben la palabra en cuestión. La letra más difícil de dibujar fue la "efe" minúscula, tenía algo así como un moñito al medio justo de la pancita, había que hacerla sin levantar el lápiz. Cuando comenzabas con el ganchito para subir, luego bajar por adentro, subir por afuera y llegar al medio ya tenías la mano sudada y cansada  de apretar el lápiz, y el moñito siempre salía distinto, pues dependía si aflojabas la presión de los dedos o se resbalaba la barrita de grafito. En esos tiempos, realmente, la escuela enseñaba y educaba.
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VANIDAD Publicado el, 27-8-09

Sentada frente al espejo,  la anciana espumaba sus cabellos ,el largo mechon traido hacia adelante de su falda,   era acariciado lentamente,  mientras su mirada se perdia en el espejo del tiempo,  recordando la primera vez  que  peino sus cabellos  de esta manera, en ese tiempo negros como sus ojos ,hoy totalmente blancos.....,el suave bullicio de la charla entre las alumnas,  se desarrollaba bajo la mirada atenta  de la monja,  que se paseaba entre los distintos grupos, se detenía,  escuchaba un segundo,  y seguia su paseo, dejando tras de si ese olor,  mezcla de tizas, cirios e incienso .        El dia era apacible, la noche fue muy fria con heladas,  e invitaba  dejarse estar en esa tibiesa  del sol, en un rincón solitaria estaba la niña nueva,  que por no conocer a nadie, solo se dejaba estar,  y de vez en cuando, solo por hacer algo tomaba entre sus manos el largo cabello, y lo trenzaba y destrenzaba, por momentos se detenia y secaba sus lagrimas, en esos menesteres se encontraba,  cuando la monja se acerco,   y con rostro severo le tendio un espejo,  y dijo-" míralo¡¡-   la niña lo tomo entre sus manitas y miro el espejo,la monja le pregunto- que ves?¡¡¡ -  grabado en el cristal del espejo decía, "esto eres,"  fue lo que la niña leyo en voz alta,   - giralo con cuidado, y vuelve a leer   -"esto seras-"    dijo la niña,   arrojo el espejo y salio corriendo, la superiora   repetía,   - la Vanidad es el peor de los pecados-     levanto el cristal donde habia grabada una calavera,  que recordaba al que se mirara en él,  lo efímero,  de la belleza humana.La anciana nunca olvidó la macabra lección,  por ello, solo se peinaba en soledad.                                                      

viernes, 21 de agosto de 2009

la crecida

llovia despacio y sin pausa ,las moscas aletargadas pintaban el techo de negro amontonadas en grupos  , de a ratos algunas emprendian el vuelo lento daban una vuelta zumbando y volvian a posarse, afuera se escuchaba el rio torrentoso y marron, el anciano sabia   que la lluvia manza de varios dias ya  habia llegado a los lugares altos donde se refugiaban   y se dispuso a  abandonar el rancho de chorizo de adobe y paja para llegar al terraplen donde ya esperaban los vagones del ferrocarril y los soldados del ejercito ayudaban a las personas a subir, generalmente los grupos eran familias con varios niños y todos lloraban por las mazcotas, generalmente perros flacos y hambrientos como sus dueños, las mujeres se  encargaban los enceres domestico como tarros, tasas o fuentones. los hombres de los niños y los mas ancianos. el bullicio dominaba el sonido de la lluvia , tenian prohibido encender fuego dentro del vagon por seguridad, la gente se amontonaba para secarse la ropa  y calentarse, la mayoria descalsos, los niños con mocos ,tos y la mayoria consumidos por la promiscuidad endemica . de pronto el tren comenzo  a moverse, los ruidos de los enganches y las cadenas de seguridad de cada vagon  atemorisaban a los niños quie lloraban  apretados a los pechos de sus madres . a la mañana los desperto el mismo ruido pero ya no los asusto ,la luz del sol brillaba como nunca y  se olia en el aire el mate cocido y la cascarilla que repartialan los soldados ,nadie podia bajar del tren  por el barro y el agua, las mujeres vaciaron los tarros de las nececidades nocturnas y algunos hombres y niños orinaban desde la altura del vagon haciendoce algunas bromas. pasaron algunos dias hasta que fueron bajando las aguas ,el lugar ya olia muy mal y los soldados pisaban los desperdicios al borde de los vagones ,entonces movieron el tren  unos kilometros en reversa y asi ibamos dejando el rastro de miseria hasta que llegamos al lugar de salida donde el rio en su crecida se habia llevado todo ,los ranchos y tambien la escoria.  todos vajaron contentos buscando sus lugares que el agua habia modoficado en su impetu, estaban alegres por que podian  volver a empezar y cada rancho se construia entre todos, cantando y contando la bravura de ese rio que les pertenecia como fuente de vida y trabajo.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Mosaicos con nombres

Salí de la plaza de los naranjos caminando sin rumbo, paseando, dejando que el tiempo vivido regresara lentamente a mi memoria ya algo lenta. A cada paso miraba la punta de mis zapatos, respiraba hondo el aire puro de ese microclima, que según dicen las gentes del lugar, prolonga la vida. En definitiva, era lo que me trajo buscar la magia del tiempo. De tanto mirar hacia abajo, encontré la nueva alameda, era bella, aunque desconocida para estos ojos, los nuevos árboles prometían robustez y lozanía. Al pie de los mismos, algo llamó mi atención, era un bello mosaico en el que había grabado un nombre. Seguí recorriendo todo el paseo y en todos estaba el mosaico con distintos nombres.
Cuando llegue a la casa, pregunté por esos nombres escritos, tan hermosamente decorados. La encargada contó que, como el municipio no tenía medios para reforestar la plaza, pidió a los vecinos que cada niño nacido tendría un árbol con su nombre que lo recordaría siempre como habitante del pueblo, al que debía cuidar mientras viviera en el lugar. Pensé en el tamaño que tendrían nuestros árboles si estuviesen en ese paseo, y la dulce nostalgia de antaño, de juventud, me invadió.

martes, 18 de agosto de 2009

Azahares

Caminaba por el pueblo tratando de hacerlo lentamente, no quería que mi ritmo citadino se impusiera. Hacía muchos años que no regresaba, y veía que el progreso se llevó los hermosos naranjos amargos de las veredas, casi no había árboles, sólo en la plaza vieja los encontré... También al placero que los regaba, quizás pensaba que serían los últimos. En primaveras y veranos todo el pueblo olía a azahares, los jóvenes como yo, en ese lejano tiempo, nos enamorabamos, y ese perfume quedaba para siempre como recuerdo de ese amor.
Mi amor ya no está, quizás por eso fue mi regreso. Ahora veo con pena que el tiempo también se llevará los naranjos, también a mí. Mientras, cada primavera los azahares viajarán en el tiempo haciéndome compañía en este viaje de amor.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Naturaleza muerta

El Rocalloso, el nombre no me sonaba agradable. Cuando llegamos al lugar supe... porque era todo frío, roca oscura y agua, que en esta época esta helada. Allí todo es sacrificio y trabajo.
El refugio de niños sin familia o con familias de trabajadores que los dejaban en ese lugar para ser atendidos por manos generosas, pero que por haber carecido de afecto verdadero desconocían la ternura que generalmente reemplaza al amor, y el trato entre ellos no reconocía los privilegios de los más chicos o los más débiles. Todos hacían de todo para sobrevivir ayudándose entre sí.
El frío y lo inhóspito del lugar hacía que las tareas de cuidar los pocos sueños de progreso, como criar pollos o cultivar la huerta, se convirtieran en verdaderas utopías, pues el frío mataba todo, y al final la dieta era la misma las dádivas de los vecinos del pueblo, que estaba muy retirado del lugar, y generalmente consistía en polenta y fideos con gorgojos que comían sin ningún aderezo más que un poco de sal o grasa que les regalaban en las carnicerías del pueblo.
Por las noches dormían las cuidadoras y los niños, todos, en una habitación para generar algo de calor. Para atraer el sueño, alguien siempre tenía algo que contar, generalmente eran deseos inalcanzables de comidas ricas pero tan humildes como ellos, solo que tenían el recuerdo del verano y la familia, también el de alguna mascota que a los humildes nunca les falta.
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Entre Chivitos

Entre Chivitos

Mateando

Mateando
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