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sábado, 31 de octubre de 2009

Ferrocarril

El bosque de eucalipto era tan denso, que jugábamos a las escondidas en él. Tan grande, que nunca imaginé llegar al otro lado. Teníamos como límite, para no perdernos dentro, el zanjón enorme que lo separaba del camino, y que me costaba mucho cruzar por su profundidad. Cuando nos sentíamos perdidos, buscábamos la luz del sol, brillante en la verde oscuridad y corríamos hacia ella gambeteando los árboles.
Ahora, en la distancia del tiempo, veo esa luz en el sentido inverso..., cada vez me adentro más en la verde oscuridad. Recuerdo esas siestas de verano, aburridos, recorriendo los rieles de las vías haciendo equilibrio con los brazos abiertos, las charlas inconclusas, el miedo a la "zolapa", personaje siniestro que aparecía a esa hora y se llevaba a los que no dormían. Nos sentábamos a orillas de los rieles a mirar las máquinas hacer maniobras y enganchar los vagones, esperando ser testigos de una catástrofe, o ver al farolero aplastado cuando enganchaba la larga fila de cargueros. Cuando éste se iba, corríamos y cambiábamos todas las palancas de señales que indicaban los ramales, teníamos loco al pobre haciendo girar su farol, verde-rojo, rojo-verde. Lo que más nos divertía era cuando traían para enganchar los vagones de pasajeros, subíamos y los recorríamos buscando objetos olvidados. Nunca encontramos nada. Los antiguos boletos eran de cartones de colores vivos y numerados, esas eran nuestras figuritas. Por un rato soñábamos, en viajes a lugares que todavía hoy no hemos llegado. También estaban las "zorritas",  pequeño vehículo que se impulsaba subiendo y bajando entre dos personas una palanca. Nos costaba mucho moverlo, con él recorrían las vías. Fue una gran alegría, el día en que un guardia nos llevo hasta el paso a nivel a colgar la bandera roja.
Recuerdos de aquellos días, siempre de sol. ¿Qué habrá sido del farolero?¿qué casa de antiguedades tendrá su farol? El maquinista que siempre se asomaba a saludarnos cuando pasaba , el foguista con su cara negra de palear carbón... tengo la misma sensacion del tren que pasa y nos deja en el anden envueltos en su estela de humo negro.

jueves, 29 de octubre de 2009

El Gordo

Después de tomar "la leche", la merienda, los chicos del humilde caserío se juntaban a jugar en el campito, que entre todos mantenían limpio. En la copa del árbol, que estaba a un costado de la canchita, tenían la choza en la que guardaban tesoros escondidos. Como hojas de diarios con la foto de sus ídolos de fútbol; una lata vacía con dos bolones de acero, con los que chantaban las bolitas de los "enemigos" haciéndolas estallar; un barrilete hecho con papel de diario y que por cola tenía los trapos que robaban de la casa; algunos chicles usados, escasos en el barrio, y que se turnaban en masticar; una cortaplumas rota y dos trompos de madera con sus piolines.
Hacía frío esa tarde, y los chicos venían apurados pues tenían el partido con los "enemigos". Ya en la choza se sacaron las zapatillas y con las medias de todos, algunas muy rotas, hicieron la pelota con la que jugarían el primer tiempo; en el segundo, el otro equipo pondría su pelota. También en esa época, el menos apto para jugar iba en el arco y como la pelota casi nunca llegaba a ninguno de los dos, los arqueritos se entretenían jugando a su vez a la payana o a la tapadita con las figuritas. Cada uno en su arco, el arquero era el "gordo" de la barra, y los goles que le hacían eran siempre con "trampa". Él era la estrella siempre, al que había que esperar cuando disparaban de una "situación" urgente, hacerle pie para trepar a cualquier lado más alto que él, ayudarlo con los deberes y compartir con él las pocas cosas ricas que conseguían. El gordo era el gordo, era ese amigo que todos cuidan; no sabía pelear, no sabía jugar, era la propiedad mas preciada del grupo, su corazón y su bondad nos unía.
La vida nos fue llevando lejos; el gordo quedó en el barrio, ya no tenía los amigos y el mundo y la vida fueron minando su alegría de vivir y de querer. Un día remontó vuelo en aquel barrilete de papel barato y no regresó. Como nosotros, los tres palos del arco se quedaron solos.

Cuadro Vivo

Llegaron los jazmines de noviembre y con ellos la primavera, las glicinas... Toda la vida fluía en el huerto del convento. Era época de recolección de frutos, de hacer las conservas para el invierno.
Dentro de las distintas salas, también se manifestaba la vida, en los preparativos de las fiestas de fin de curso. Consistían en representar obras de teatro clásico, y lo más importante, la elección de cual seria el "cuadro vivo". Este iba al principio o como cierre del acto, consistía en representar tal cual , una imagen ilustrada de la Historia Sagrada, con las alumnas.
Eligieron La Natividad de Jesús. El problema se presentaba que siendo un "cuadro vivo", todo debía ser "vivo", hasta el niño. A punto de suspenderse el cuadro elegido, llegó la monja con una idea, el niño seria Nely: "es la más pequeña y si la arropamos bien sólo se verá su carita", dijo. El otro problema era que Nely era de piel muy oscura, y según la estampa el Niño es un sol dorado. La niña estaba muy feliz, pues los roles eran buscados por la importancia histórica del personaje, y ella sería Jesús-niño, lo que no sabía era que el había causado enojos en la comunidad. Hasta que la monja trajo otra solución. Llego el día y la hora. A medida que se abría el telón, iban apareciendo los personajes, de la estrella de Belén salía un rayo de luz que daba sobre el rostro del niño, embutido en un gorro con volados que enmarcaban unos ojos negros y brillantes, que hacían mas pálida la carita pintada con polvo de arroz, en los minutos que duraba la exposición, los espectadores veían como el rostro de Jesús se iba oscureciendo hasta que quedo todo "oscuro" y una sonrisa blanca, como el alma de esa niña, seco las lágrimas del único Jesús-niño, negro, que hubo en un pesebre.

miércoles, 28 de octubre de 2009

La Yapa

La niña escuchaba con atención a su abuela, que le explicaba donde debía ir. En un pañuelito le envolvió las monedas, para no perderlas en el trayecto, le dio un repasador para que el panadero le pusiese el pan, atado con un fuerte nudo, y por si se olvidaba, un papelito con todo lo que tenía que traer.
Salio la niña contenta saltando en un pie, luego el otro, y así llego al negocio. Mientras esperaba en la "cola", pensaba en "la Yapa", ¿qué le regalaría hoy don Luis por su compra?, ¿confites?, ¿caramelos de leche?... Le dio el papel y el pañuelito, el señor leyó y le puso un pan grandote, que envolvió y ato con un nudo, la niña haciéndose la desentendida miraba su dedo gordo del pie, que salía por el agujero de la zapatilla. Le toco el turno al pañuelito, con un poquito de trabajo lo desato y contó las monedas, las que sobraron, él mismo las ato en el pañuelo. La niña sudaba levemente, levantó la mirada, corriéndose el pelo desgreñado de la cara, y vio a don Luis que extendiendo su mano, le entregaba un enorme merengue,con una sonrisa tan blanca como el dulce.
Llegó a la casa y mostró a su abuelita el trofeo. La niña diligente trajo dos platos, que puso sobre la mesa, arrimó las sillas y se sentaron. En silencio degustaron la delicia, la niña por momentos miraba a su abuela y sonreía, la anciana miraba a su nieta disfrutar, pensando en las angustias que la vida traería a ese cuerpito de mujer, y cerró fuertemente los ojos, espantando la cruel imagen que el destino les tiene reservada a gentes como ellos: los sumergidos.

martes, 27 de octubre de 2009

Mamboré

Cuando golpearon la ventana, se levantó lentamente para que no crujiese el catre y despertara a su hermanito, que dormía a su lado, sólo esperaba que no sintiera frió al retirarle el calor de su cuerpo. Salió al patio con los viejos zapatos apretados contra el pecho y se los puso, el frió era intenso. Menos mal que encontró un cartón y pudo recortarlo con la forma del pie. Poniéndolo dentro del zapato, eso reforzaría la fina zuela contra la escarcha.
Llegó al box de Mamboré, el caballo ya lo esperaba, era la hora de su avena. Mientras escuchaba el rítmico ruido de las mandíbulas partiendo el grano, metió sus manos bajo la manta que lo cubría y las calentó. Tomó los arneses y sacándole el abrigo, comenzó a ensillarllo, luego lo llevó al sulki y ató las varas al correaje lateral. Justo cuando terminaba, llegó Ramon y juntos, los tres, caminaron hasta la pista donde el viento corría carreras con las hojas y la arena. Con la ayuda del peón, subió y se ató los pies al estribo, pues era tan pequeño que apenas llegaba, tomó el largo látigo y lentamente comenzaron a moverse. Al primer giro, el caballo comenzaba su estiramiento, luego un poquito más rápido, hasta llegar a la máxima velocidad. Era entonces cuando comenzaba la felicidad del niño. Según silbara el viento en sus oídos, sabía la velocidad: el sordo "tap tap tap" de los vasos del caballo y el meneo del sulki lo llevaban a ese mundo de triunfos, donde sólo los ganadores llegan.
Sus manitas congeladas, por el viento húmedo del río, se esforzaban por apretar las riendas; chorreaba el agua de su nariz y sus lágrimas se desparramaban por toda la cara. Era el momento deseado del entrenamiento, luego comenzaba a reducir lentamente el trote y caminando llegaban a la ducha. El niño se sacaba sus zapatitos con zuela de cartón, sus piecitos agradecidos por el agua tibia, luego secaba y espumaba las crines del caballo, y al box a esperar el próximo día.
Tiempo que pertenecía a los sueños de fama del niño, atados a las patas de Mamboré.

lunes, 26 de octubre de 2009

Pintura antigua

Era una barriada humilde de calles de tierra, que se convertían en lodazales los días de lluvia, de un barro tan espeso, que cuando nos mandaban al almacén del campito nos hacían ir descalzos, pues seguro regresábamos sin las zapatillas, y el barro nos robaba en una succión feroz por quedarse con ellas. Caía la tarde, sobre la mesa del patio se alineaban las tulipas de vidrio barato, que mi abuela había limpiado con papel de diario y las lámparas llenas de kerosen, esperando por la primera oscuridad de la tarde. Era una casa "chorizo", los cuartos se alineaban uno al lado de otro con el comedor en un extremo y el baño en el otro; pero durante el día usábamos la letrina, que estaba como una muestra de progreso, en un rincón del patio. Los niños jugábamos en el piso de tierra en amenas tertulias de amistad, inventando juegos y juguetes, mientras el inquilino de uno de los cuartos tocaba su bandoneón,  inundando la tarde con la melodía de un tango. Los demás habitantes de la casa llegaban de sus labores, aseándose en una palangana sobre un pie, al lado del aljibe. Cuando todas las luces de los cuartos estaban encendidas era ya próxima la hora de la cena, y nuestro turno de lavado de manos y pies, quitarnos la gorra y peinarnos para sentarnos a cenar. La mesa también era larga, mi abuela era feliz cuando todos los lugares estaban ocupados, y se sucedían, atropelladas, charlas en la que todos participábamos. Se desgranaba la actividad del día, hasta que las cabezas de los niños comenzaban a quedar sobre la mesa, o sobre un regazo, dormidas...
Para mi todo tiempo pasado fue mejor...la vida era mas auténtica, no se conocía la palabra "corrupción".

sábado, 24 de octubre de 2009

Cumpleaños de Lilo

El camino serpenteaba entre las palmeras y el guadal; el frío era intenso, el día gris, pero nada atenuaba la alegría de los viajeros impacientes por llegar. Era el cumpleaños de Lilo. La fiesta campirana se programó a lo grande, sus amigos y la familia llegamos con regalos. Lo más importante para el dueño del día: nuestra presencia.
La humilde casita resaltaba en medio de la pampa con su blancura, su chimenea humeante, sus corrales ordenados y sus dueños ataviados para la ocasión. El amplio patio había sido regado, las mesas y tablones cubiertos con manteles blancos; colgaban de los árboles guirnaldas y farolitos de papel, que la tenue brisa movía, dando sensación de pájaros de colores. Oscureció y se encendieron los candiles; bajo los árboles estaba el menú de la fiesta, una vaquillona asada con cuero, en estos lares, la comida tradicional de días de festejos.
Los invitados se servían a su gusto y muchos tomamos las costillas, que son el bocado preferido de la carne asada. Las teníamos entre las manos como una gran flauta que roíamos como el mejor de los cánidos, todo muy bien regado con los vinos de la zona, fuertes y dulzones, los dos ingredientes para beberlos en cantidad. Llegó la sobremesa y con ella, guitarras, cantos y bailes.
La helada comenzaba a congelar el patio regado y los bailarines entre zamba y cuecas, se deslizaban algo rápido de una punta a la otra. Las disculpas se sucedían entre bailarines y mas de uno se detuvo con alguna excusa digna pues el piso con el vino se tornaron indomables. Llegó la hora del descanso y cada uno buscó el mejor lugar al lado del fogón; otros con mas suerte encontraron una cama vacía. Dentro de un cuartucho, dos paisanos peleaban por una manta, ya que por esos lares las puertas son un lujo, y no la había, al final uno cedió de mala gana y se fue a dormir a los corrales entre la paja.
Se sucedieron serenatas y gritos de alegría toda la noche, que retumbaban en el silencio de la pampa. Al amanecer los mates humeaban y las guitarras cambiaban de mano. Los paisanos se iban despidiendo, agradeciendo al amigo el haberlos convocado. El lomo de los caballos humeaba por el frió, esperando ansiosos moverse, entre relinchos, el ruido de motores de los autos y de adioses, la caravana emprendió el regreso, prometiendo presencia el año próximo, como obligándose a vivir para compartir.

Enfermedad

Cuando mis nietos se ponen enfermitos, lo primero que piden es brazos de madre, y lo segundo "abu","abu". Hay uno que tiene un carácter medio subversivo y me llama "nonna", marcando bien las enes, es el pequeñin de dos años, afirmando su genética piamontesa. El día de ayer la pasé entre tinas de agua tibia, pañales con pis y caca, besos babosos con chupete incluido, antipiréticos, llantos, y el cuerpito ardiente de Joaquín, que recién descansó cuando bajó la fiebre.
Miro a mi niño dormido, y veo en él toda esa fuerza vita que, como un rió, fluye hacia la vida. Es innegable que tenemos "algo" más que este cuerpo, que nos empuja a cumplir con nuestro destino. Dormido ríe y agita sus patitas..., ¿será que quiere burlar su Sino dándole gambetas a la vida?

¡Corre mi niño!,
no te dejes atrapar.
Se libre siempre,
aún en sueños.

jueves, 22 de octubre de 2009

El cantor

La gente concurría apurada a la  boletería improvisada en un cajón de manzanas. Sobre él, una caja de zapatos donde acomodaban los billetes, las monedas y los talonarios de control de entradas. El galpón había sido regado temprano, las sillas y mesas de latón esperaban silenciosas a sus ocupantes. El chiquerío correteaba desde temprano, libres del control de sus padres que se preparaban para el baile, todo amenizado por el cantor del pueblo, al que por fin dieron la oportunidad de actuar profesionalmente, o sea pagándole su actuación. Y llegó la hora. Todas las mesas ocupadas por gente del pueblo, donde ya se notaba el consumo en la cantidad de botellas, que eran bastantes.
Arrancó la orquesta de tango con varias interpretaciones  instrumental, gran impaciencia del público concurrente por ver a su ídolo vecinal: gritos, silbidos y aplausos lo recibieron, con un ampuloso gesto de manos y una inclinación de cabeza saludó. La gente miraba embobada y asombrada:  el peinado a la gomina, la camisa con puños de gemelos y los zapatos brillantes, nunca vistos en el personaje en cuestión, anunció que cantaría "La Cumparsita". Comenzó el recitado con un cigarrillo en la mano, dijo algo así: "tango que me hiciste mal y sin embargo te quiero"... En el "te quiero", estiró el brazo donde no tenía el cigarrillo, afirmando la frase, y en el estirón se le fue el puño de gemelo, que resulto ser una cartulina y un gemelo de purpurina. Muy pocos se dieron cuenta en el griterío y los saltos para verlo mejor. Como pudo el cantor siguió, con una mano en el bolsillo y en la otra el cigarro. Queriendo arreglar el  error del puño, no tuvo mejor idea que rematar el "¡chan,chan"!, arrojando al piso el pitillo y aplastarlo con el  pie... No solo se escuchó el grito, se lo vio correr y poner el pie dentro de un balde con agua donde enfriaban las botellas. El zapato no tenía zuela, era la parte de arriba  pintada de charol.
La gente sintió pena por su cantor y comenzó a gritar: ¡Otra, otra!". Lo tomo en andas y lo subió al escenario, donde, libre de etiqueta, cantó con todo sentimiento para su gente, la de su barrio.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Pitu

El día soleado y calmo de vientos invitaba a disfrutarlo. En el patio las jaulas con los gallos, a la sombra de los naranjos espumaban sus plumas, otros echados escarbaban la tierra, dándose baños de polvo. En un rincón el "gallero" ejercitaba a otro, un robusto gallo brasilero traído por mi amigo, Aldemar; en el otro, desplumaban el pecho y las patas, para aliviarlos del calor en la lucha, afilaban las puas de sus patas, los masajeaban con secretos ungüentos. Luego su comida, medida y vitaminada, y a la jaula a esperar el día del torneo. No podían estar sueltos, pues su instinto los llevaba a enfrentarse.
En toda la "gallera" teníamos un solo gallo blanco, criollito y medio esmirriado. Era muy bueno en la lucha, pero no tenía masa muscular, y siempre salía muy vapuleado. Un día llegó Carlitos con la novedad de que había podido milimetrar la dosis de una vitamina que usábamos para los caballos de carrera. Caía ya la tarde y se escuchaba el canto de los gallos preparándose para descansar. Sacamos a Pitu de la jaula, tratando de no hacer barullo pues su papá leía como todas las tardes sentado en la galería, mientras la niña cebaba mate. El gallito, muy manso, como sabiendo que ese era el pase a su triunfo, se dejaba manipular. Buscamos su pechuga y le inyectamos el remedio. El gallo puso cara de asombro, se sacudió sus erizadas  plumas y dio un gran canto,como midiendo su fuerza, defeco y levantó vuelo como un cohete, llevándose en su pico el diario que leía el padre de mi amigo, que quedó recostado en su sillón al esquivar el bolido del aire...
Y nosotros preguntándonos, ¿dónde habría llegado Pitu en su "embión"? Regresaría...

martes, 20 de octubre de 2009

Hormigas Publicado el 20-10-09

La niña, la abuela y el perro, los tres en fila caminaban por el huerto mirando el suelo,la abuela de pronto se detuvo, con su bastón abrió unas matas y su cara se ilumino con una rara sonrisa, -"aquí están"- dijo.
Entonces, la niña que tenía en la mano una botella con un líquido amarillento, se acerco y conecto una pequeña cánula en el hormiguero por donde pasó el veneno, el perro estornudaba pero no dejaba de olisquear, cuando la abuela dijo -"basta"-, se alejaron, y bajo un naranjo esperaron que acercara el cerillo,  y... ¡pummm!!!.
La sorda explosión, el humo y el olor nauseabundo indicaron que el hormiguero ya era historia. La pequeña tropa se reagrupo y continuó su derrotero gaseando con sulfuro los hormigueros a su paso. Los tres eran como niños en la selva, en un safari imaginario con Sandokan y el tigre de la Malasia.

domingo, 18 de octubre de 2009

Agradecida a la vida

Es tarde en la noche...Y aquí estoy, con el eco de las risas, las palabras afectuosas, los abrazos iguales pero distintos, las miradas, esas que sorprendes viéndote como queriendo guardar ese momento para siempre, los brindis, los postres y los helados, los niños arremolinándose disputando la primer porción de lo que fuese. Toda la vida pasando frente a mí, más generosa y más bella de lo que soñé.
He tenido de todo y mucho, en esto va lo bueno y lo malo, "la salud y la enfermedad", la pobreza y el bienestar. Si todo lo vivido fue para llegar hasta hoy, mi vida fue hermosa y no deja de sorprenderme. Quiero dejar testimonio de mi esperanza en un mundo mejor.
Gracias a todos mis amigos que llegaron a esta casita de blog, por los buenos deseos, por el cariño tendido en el espacio, que nos une como "puente de palabras". A todos gracias por ser parte de esa esperanza de futuro. Los abrazo.

La abuela

sábado, 17 de octubre de 2009

DIA FELIZ

A todos aquellos que tengan en su corazón la capacidad de proteger y amar a un niño, a TODOS,hombres y mujeres....les deseo un feliz día de la MADRE.......el amor mas sublime creado por Dios para los corazones humanos, los abrazo a todos  en un nudo de amor. FELIZ DIA MADRES ¡¡¡¡¡¡¡¡

jueves, 15 de octubre de 2009

Sofía

Hoy es un día gris. Gris en el cielo, gris en el alma.
El domingo es el día de la Madre, y yo conozco una que ese día no recibirá regalo, ni beso, no escuchará su nombre. Una Madre cumplirá el último deber, sepultará a su hija. Cerrara los libros que ya nadie abrirá, guardará su ropa, que tantas veces preparó y tendrá en su mesa un lugar vacío.
Hoy cerrará el libro que abrió hace treinta años. Se convertirá en espíritu, para compartir la eternidad.
Esa Mamá buscará fuerzas para esperar el dolor más grande que jamas imaginó...
vivir la ausencia permanente de Sofía.

¡Ay Sofi!, hija amada,
gracias por tu tiempo,
gracias por estar en mí...                        

lunes, 12 de octubre de 2009

Asdrubal

La mañana prometía un día de mucho calor, Asdrubal Rentería ya estaba enfundado en su impecable traje de hilo color blanco, su camisa crema y una corbata que mostraba su gusto por los colores del trópico, sus zapatos combinados blanco y negro, acordonados, con medias blancas, todo este atuendo rematado por un sombrero panamá y un rojo clavel reventon en el ojal. Silvaba un tango de esos de arrabal y daba algunos pasitos compadreando hasta el patio emparrado, donde estaba Lola, su esposa, con el mate esperando por él, besó la frente de su amada y tomo el mate, dijo un..."gracias Lola, muy rico, nos vemos al medio día", y salió silvando. Llegó a su oficina, colgo el sombrero en el perchero y comenzó su tarea más importante del día, leer el diario, luego, llegó el refrigerio y así con mucha calma y feliz de su vida llego la hora del regreso. Esto lo sabía aun sin mirar el reloj, pues escuchaba y veía por la ventana a su amigo de tantos años, que todos los días venía en su coche mateo, tirado por un caballo muy bonito y lustroso por los cuidados de su amo, le hizo una seña por la ventana de -"ya voy"-.
El caballito estaba algo inquieto, ya se acercaba la Navidad y los niños en la calle tiraban petardos a todo el que pasaba, el chofer los asustaba con el látigo, pero los niños los tiraban con la honda a las patas del equino. Pasaron por la plaza y tomaron en línea recta la calle que todos los dias recorrían juntos, pues el animal tenia su box, su comedero y su agua en ese lugar justo a la vuelta de la casa de Asdrubal Rentería. Venían charlando los amigos, uno en el pescante llevando las riendas, cada vez con más esfuerzo, y el otro sentado en el mullido asiento de atrás, de pronto un petardo explotó justo sobre el lomo del animal... y éste enloqueció, salió desbocado a la carrera. El chofer le gritaba -"¡tirate Asdrubal!", éste amagaba pero le daba miedo y prefería esperar que le deparaba el azar en su desgracia. Enseguida pensó en su esposa, al ver que ya casi llegaban a su casa y ella estaría en la puerta, -"¡que tragedia!"-, pensaba Asdrubal. Los chicos seguían el coche, no querían perderse el final. El carro pasó como un rayo justo en el momento que la mujer se desmayaba, él con el sombrero en la mano gritaba -"¡Lola nos vemos en el más allá!"-.
El carro dobló en dos ruedas y tiro a su chofer, que cayó sobre una parva de pasto, y el caballito con su pasajero encaro la entrada a su box, por la que sólo pasaba él, no el coche, que por el "embión" quedó hecho un acordeón con su capota de lona y el pasajero dentro que gritaba -"¡estoy muerto, estoy muerto!". Llegaron las fuerzas vivas de la ciudad, y con otro caballo comenzaron a estirar el coche hasta que pudo salir Asdrubal, ya compuesto, cubierto de tierra con su sombrero en la mano decía "-no fue nada, todo está bien". Enderezó su clavel en el ojal y corrió a los brazos de Lola.
***

sábado, 10 de octubre de 2009

Sobretodo

Esta es una historia de un personaje de Traslasierras.
Era una noche muy fría de invierno, caía una llovizna helada, que por estos lares se le llama "garrotillo". Ese día murió un  paisano que pertenecía a un popular partido político, y como siempre en este lugar  los compromisos importantes se honraban por la noche. El velorio estaba muy concurrido, la mayoria eran hombres, pues las mujeres mandaban a los maridos mientras ellas se quedaban en su casa calentitas con el anis, las cartas o las agujas del tejido, en familiar tertulia alrededor del fuego. Corrían el cafe y las bebidas fuertes. Mientras un grupo de amigos del muerto en los fondos de la casa, preparan en grandes ollas el menú popular para la época, gallina hervida; los dolientes más cercanos rodeaban el cajón, y de vez en cuando largaban unos llantos acompañados de gemidos y sonadas de narices. En lo mejor de la necrológica reunión, llegó un grupo que pertenecía a la parte baja del padrón, y venían con sus necesidades a cuesta. Una de ellas era hambre. Entre saludo y saludo llegaron al lado de la ebullente olla.
Mientras comían, todos miraban el hermoso abrigo que traía uno de ellos, suponían que alguien del pueblo se lo había regalado. Por ser amable uno de los doliente se acerca y le dice, "¡qué bonito sobretodo tenés "lechiguana!", uno de los tantos motes que le daban en el pueblo. Asombrado se mira el abrigo y le contesta, "¡¿sobretodo?!". Se lo abre y muestra su escuálido esqueleto, "¡sobre nada!".
Muchos pensaron en las ricas ropas del finado, y volvieron a llenar su plato.

viernes, 9 de octubre de 2009

La cebra

Llegó uno de mis nietos del colegio muy contento, pues los habían llevado a una granja, cuyo dueño es el papá de un compañerito. Mientras le pelaba una fruta, contaba que vio unos pájaros de muy bonitos colores que se llamaban faisanes, loros de color azul, estaba muy asombrado, pues solo conocía las catas verdes de la sierras. Mientras seguía, yo ahora cortando en pequeños trozos la manzana y poniéndola en un plato, me dijo, "vimos una cebra, esa que tiene muchas rayas, como la que vimos en la tele, ¿sabés que no son todas iguales?, esta tenía una cola sin pelos laaaarga, y unas orejas también grandes, pero muy grandes abu". Él comía su manzana, filosofando sobre las cebras y sus variedades, y yo escuchaba al niño sin prestarle mucha atención, hasta que dijo,"¿qué raro, no?, abu"... De pronto, sonó el teléfono. Era la mamá del niño, indignada por el lugar donde fueron los niños, se quejaba, "había cuatro bichos locos, un hedor insoportable y de remate como no tenían una cebra que mostrar para la clase práctica, no se les ocurrió mejor idea que ¡pintarle rayas a un burro!".
Colgué el teléfono y, sin decir una palabra, me senté con mi nieto adorando esa inocencia.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Educación

Hoy en mi ciudad se desató un gran escándalo, por un folleto sobre educación sexual que se repartió en un colegio público a niños de entre 9 años y 17 años, sin previa consulta a los padres. Las preguntas eran realmente escandalosas, y de muy mal gusto. A tal punto que la abuela de una alumna (que no soy yo), dijo encontrarse incapacitada de responder semejante falta de pudor.
Yo me pregunto, si realmente compete a la escuela enseñar como materia algo tan personal de las familias, como es la sexualidad, a los niños. Me inclinaría más por educar a los padres: enseñarles cómo educar a los niños. Cada familia tiene una idiosincrasia, de etnia, de credo..., de educación familiar, respecto a estas cuestiones.
Creo que el hombre es la única especie que necesita un manual para reproducirse. Es el único que manipula su genética. Y por lo visto, cada vez, estamos peor informados. Las familias, creo yo, no debieran dejar su responsabilidad en manos extrañas.

martes, 6 de octubre de 2009

Lucas

Lucas estaba sentado en la computadora, siguiendo esos juegos japoneses que el padre le había comprado. Siempre que llega a casa, quiere que esté con él, no importa que esté haciendo."Abuela vení conmigo", "Abu, quiero que mires lo que hago", entonces no queda más remedio que preparar mi mate y sentarme a su lado. Comentando las jugadas que, por cierto, son muy buenas. Él sabe que me impresiona ver violencia entonces, prepara toda la jugada y hace que mire, en el momento justo que fijo la vista hace explotar la pantalla. Yo sabiendo eso, hago un gran gesto de miedo y repulsión tapándome la cara, entonces él suelta su risa traviesa y me abraza diciendo, "¡abu... es de mentiras!", y se llega corriendo para darme un abrazo "de hombre". Yo aprovecho; y llevo a largas los lamentos, pensando <>. 
Ya está por llegar la fiesta importada de noche de brujas. Tengo en un placard, escondidas, todas las vituallas del caso: caretas, pinturas, trapos viejos. Tengo que prepararme para esa noche, y juntar mucho miedo, y dulces, pues si no hay miedo, no tiene gracia.
Siempre actuaba en los actos escolares. Recordando esa época, despliego mis dotes actorales, que dejan mucho que desear, pero mis nietos se hacen la fiesta conmigo, con los sustos y los dulces... Este es el tiempo que ellos recordaran, y los momentos que, ojalá, le sirvan para seguir superando los desengaños que la vida les dará.

domingo, 4 de octubre de 2009

Rebelión en la granja

El ladrido del perro anunciaba la llegada de la pequeña tropa..., la gente menuda venía seria y con aires de furia contenida en el rostro. El padre que los traía arreando, como majada, no se quedaba atrás y les prometía castigos que nunca llegarían, al menos en mi casa. Salí ante tanto alboroto a calmar los ánimos alterados, y fue cuando los dos pares de patitas cortas se refugiaron detras de mi delantal, que a esa hora del día ya llevaba los olores de la actividad diaria. Mi hijo, el padre de las patitas cortas, renegaba del comportamiento de su prole en donde, según él, yo tenía mucho que ver en el mal comportamiento y desacato de su familia, donde, de paso, también incluyo a la madre de los niños asociándola a la confabulación familiar en contra suya, por inculcar a los niños la educación y los altos principios monserratenses. A todo esto, mi delantal ya venía bajando la curva de mi abdomen algo pronunciado por los años y la buena comida, cuando se escucho una vocecita que decía -"tu hijo es muy malo abu..." Me planté con los brazos en jarra y le pregunté, quién lo había educado, criado y mal criado a él, si valía la pena amargar el domingo de "mis" nietos por 2 neumáticos desinflados y una caminata de 10 cuadras para solucionar el problema. El padre no creía lo que oía, dio la vuelta y salió inflado como globo de cumpleaños. Ese día porción doble de cosas ricas para todos... menos uno.
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La Negra y un adiós....




Hoy la Eternidad tocó el corazón de los argentinos, cuando llamó a la puerta de la vida de La Negra y se la llevo  de serenata por las nubes... A cuántos se nos caerá una lágrima, cuántos cerraremos la puerta del tiempo que se fue con ella y comenzaremos a andar los recuerdos de nuestra época de amores de estudiantes, de ideales tan altos como la luna y de amores tan apasionados como su canto. Cuántas luchas enfrentamos los jóvenes de esa época, llevando por bandera su voz enamorada de la vida y llena de fuego, de justicia y paz. 
Honrados nos sentimos, sus contemporáneos, de habernos tocado en suerte del destino, compartir  su tiempo histórico: recuerdos, los recitales multitudinarios trepados sobre lo más alto para tener el lugar de privilegio en soledad (de las alturas) y escuchar en un silencio místico esas letras que nos comprendían, y contenían con su corazón de madre. 
El tiempo ha pasado  y cerró sus puertas para no dejar oír su voz. Tiro la llave, y no habrá regreso. Sólo queda su voz,  retumbando en el cosmos infinito, matando los silencios y llenando los espacios de su luz.




sábado, 3 de octubre de 2009

Ser solidario en Internet

Estoy sola, en mi rincón virtual,
imaginando rostros,
pensando en cuántos de mis amigos del aire
estarán con sus penas y sus alegrías, como yo...,

Pensando en ellos, siento que nos une el hilo de la solidaridad espiritual y, como sea, tratamos de contenernos y formar un grupo, casi imaginario, de auto-ayuda, en temas de diversa índole, individual y colectiva. Tratamos, cada uno desde el matiz de su palabra, de mejorar el sentir de este mundo que, tarde o temprano, dejaremos.
Cada uno encontró, en este espacio, el lugar donde dejar huellas que otros puedan seguir. El tamaño no impòoorta, hay de todas las medidas y de todos los sentires, sólo tienen que busca.
Es increíble la sensibilidad del espíritu humano, que le lleva a buscar al otro en su esencia verdadera, sin notar su apariencia real. Leo a diario escritos que merecen ser portada de medios, seres con una cultura y capacidad pedagógica comparables con los Masters, que si no fuese por este medio, nos perderíamos de disfrutar. Todas estas participaciones muestran la generosidad del espíritu humano, que no se rinde en la búsqueda de la verdad, intercambiando ideas y opiniones.
Nunca dejamos de asombrarnos de nosotros mismos, del misterio que hay en cada uno como persona.

Entre Chivitos

Entre Chivitos

Mateando

Mateando
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