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martes, 26 de enero de 2010

AMANCIO MILLAN. - El regreso.-

 Después de aquella noche trágica en la fiesta del conventillo, Amancio Millan , se "perdió" un tiempo, cruzando a la banda oriental, hasta que se calmaran los ánimos.
Como dice el tango..., "volvió una noche",  oscura, sin luna, las aguas del río se veían negras, el oleaje y el viento eran ideales, no habría moros en la costa, ni guardias patrullando.
El canoero, lo arrimo a la orilla, cobró el viaje y regreso su camino.
Amancio, comenzó a recorrer el camino del Bajo, hasta que vio a lo lejos la primera luz de un farol, era el boliche del turco Flores, donde llegaban, "señoritas" perdidas, por donde entraba el contrabando de sustancias prohibidas, donde terminaba su camino la "trata", con mujeres compradas, o robadas en Europa.  Era la entrada al infierno.
Todo ese mundo envilecido,  sin códigos, ni honor, era aborrecido por Amancio, pero, el no se metía en asuntos ajenos.
Las luces del alba, lo encontraron entrando al rancherio, donde espera su fiel compañera, levantó la cortina que hacia las veces de puerta, en un rincón una vela encendida, iluminaba su foto, oscurecida por el humo del pabilo.         En un catre  tijera, esos que los pobres, arman con cuatro palos en cruz, dormia ella.   La mujer por quien se desgració, y por quien volvió
En el bracero, las brasas  daban ilusión de calor, las cascaras de naranjas, quemándose, arrojaban un olor dulzón, era el sahumerio de los humildes, y la negra pava de aluminio, gimiendo en la penumbra.
Preparó unos cimarrones y convidó a la mujer, que amorosa, lo premio con un beso y una caricia, que lloraron su ausencia.   Afiló su naife en una piedra gris, que humedecía en una palangana, mientras hacia esto, silbaba los acordes de un tango.     Salió a su trabajo, en el matadero, el vaciaba los animales desollados, cortaba sus patas, su cabeza y el rabo.   Separaba las entrañas.
Todo  aquello que los   frigoríficos desechaban, lo llevaba a la ranchada, mas ahora, que tendría que abastecer, a la familia del muerto en el conventillo.   Quedaron dos mujeres solas, su madre y su compañera, tendría que proveerlas, hasta la llegada de un hombre a la casa.       No queda rencor, fue un duelo, los dos buscaron su destino esa noche, y la muerte reclamó lo suyo.
Amancio Millan era un criollo, taciturno y sereno, solo concebía la vida con honor.

13 comentarios:

  1. LA VIDA TE PONE A VECES CONTRAPOSICIONES COMO LAS DE AMANCIO Y QUE PESE A ELLO, VOLVIÓ PARA HACER LO QUE DEBÍA.
    TUS HISTORIAS ME SIGUEN LLAMANDO MUCHO LA ATENCIÓN POR SU SENCILLEZ Y SU PROFUNDIDAD.
    UN FUERTE ABRAZO GRANDE AMIGA.

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  2. Toda enzseñanaza puede surgir de tus letras querida Abuela. Que reconfortarte tenerlas siempre a mano.
    Cariños!

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  3. Muy bonito y educativo, tus historias tienen un fondo humano, actual. Gracias por ello.

    Besos

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  4. ¡Muuuuuy bueno, Abue! Tus descripciones son imágenes que se pueden ver, sentir... ¡Ahh, el olorcito de la cáscara de naranja quemada! Me quedo mil veces con él y no con los sahumerios que son todos iguales :)

    La historia es genial, te pasaste.

    Besazos.

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  5. Que voy a hacer ese sahumerio, y ha ver que pasa,luego te cuento.

    se me hace que estará rico el olor.

    recibe un super abrazo.

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  6. Manera primitiva de ser en la vida, donde cada cual se erige en juez y verdugo de sus semejantes, de igual modo a la inversa.
    Bonito relato reflejo de una vida de muchas personas.
    Un beso, Who.

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  7. Que lastima, madame, tantas muertes por mano de la naturaleza y que tambien los hombres tengan que morir por cuestiones de honor. Pero ciertamente es aun peor no tener honor.

    Sigo sin tiempo, pero tenia que pasar a ver qué habia escrito nuevo :)

    Buenas noches, madame

    Bisous

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  8. una buena reflexión nos dejas con tu sabiduría.
    besos

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  9. me encantó la imagen de las cascaras de naranjas quemándose y desplegando el olor dulzón a través de la estancia...

    dirty saludos¡¡¡¡

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  10. ME HE ENAMORADO DE ESE AMANCIO...YA NO QUEDAN HOMBRES DE HONOR COMO ESE...LOS HOMBRES DE PALABRA SE FUERON CON EL PROGRESO...UNA LÁSTIMA!
    BESITOS

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  11. Me estremeció el final de relato, querida Abu, cuando hablas de que él, que ya era pobre, había de mantener también a las mujeres que dependían de aquél que matase en el duelo. ¡Qué historias, Abu, qué historias! Un beso fuerte, mi querida escritora.

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