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lunes, 15 de febrero de 2010

LA LECHERA

La mulata salió de su casita, pegada al establo, donde estaban sus vacas.
Extendió sus brazos abiertos al cielo, en una inspiración profunda, mientras largaba lentamente el aire, miraba el campo, anegado por la lluvia de varios días, en un invierno, frío y húmedo.
Descalza con un cubo en la mano, caminaba haciendo equilibrio, para no caer.           El barro dentro del corral estaba tibio, sus pies lo sentían,  cuando suavemente el lodo,  entraba entre sus dedos y cubría el empeine.
Le gustaba ese olor a corral, guano, tierra y orines de vacas.
Buscó una manea que colgaba de la pared,  del precario establo de madera, enlazó la vaca y la ató al palenque,  dócilmente el animal se entregaba, tomó otra soga y ató las patas traseras y la cola, de vez en cuando mugía lastimera,  llamando a su ternero.
La bella morena ató a su cintura, un pequeño banquito, con una sola pata en el centro, se sentó en él,  asió la ubre hinchada, sus manos oscuras , resaltaban en la piel rosada, con maestría abrió ligeramente la mano,  y apretando suavemente el pulgar, la bajaba hasta el final, donde brotaba un fino y potente chorro blanco, que se hacia espuma en el balde.
Cuando vació la vaca, la soltó y trajo otra, siempre cantando, sus ojos glaucos iluminaban su cara, el tarareo mostraba su lengua roja, enmarcada por el nácar de sus dientes.          Sus faldas recogidas, sus piernas ligeramente abiertas, inclinada, enjuagó las ubres, con agua limpia y fresca.
Tomó los baldes, llenó los tarros lecheros, y cargándolos en sus hombros,   salió a comenzar el día.
La morena llegaba al pueblo, se refrescaba en la fuente, y visitaba las casas de todos los días.       Las madres con niños pequeños siempre la llamaban, la buena  salud de sus vacas la precedía.
No tenía que vocear la venta, su cantar, avisaba  la llegada, su alegría era el deseo de muchos, y los chiquillos la seguían de casa en casa, en un ruidoso coro a sus canciones, que ya todos conocían.       Que hacia tan feliz a la mulata ?.      Que luz manaba de esos ojos verdes ?.   Que mixturas tenia el alimento que ofrecía ?
Comentaba la gente,  que sus animales comían hiervas medicinales, otros que su canto las embrujaba, dando un líquido bueno, que trasmitía  felicidad.
Libertad y amor, es todo lo que un ser necesita, esas dos cosas,  dan como fruto la felicidad.      Tan ciegos los pobladores, tan atados a sus cosas, no podían ver lo que los niños veían.
La lechera juntó sus monedas, compró dulces para la pandilla de niños, sentada a la sombra de un árbol, miraba a los niños gozar, recordaba  su desolada infancia, negada de afecto, y todo lo que viene con él.
Se prometió a si misma ser feliz.      A dar alegría, compartir esa paz interior, que hacia tan noble su corazón, y tan luminoso su rostro.          La lechera dejaba el pueblo, se oía su voz, que el viento llevaba a los hogares, dejando promesas de bien.

23 comentarios:

  1. Precioso relato. Sí la leche al pie de la vaca, la llamamos en Guatemala, se dice que es saludable. Aunque ahora la prohiben por la tuberculosis. De pequeña siempre comprabamos leche al pie de la vaca.

    Saludos cordiales,

    Hasta pronto abue. un abrazo.

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  2. ¡Qué hermoso relato, qué delicia de vida en el campo!

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  3. Pues claro que sí, madame, libertad y amor, el detenerse a comprar unos dulces, y sentarse un ratito al sol para ver jugar a los niños. Son esas pequeñas cosas las que contienen el secreto. Que ironia que la gente se pase la vida persiguiendo la felicidad, sin saber que en realidad la llevan dentro y solo tienen que dejarla aflorar.

    Feliz lunes, madame

    Bisous

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  4. Como siempre que leo tus escritos parece que los vaya viviendo de tan bien y claramente como los relatas.

    Gracias, ha sido una delicia este relato.

    Un abrazo. Montserrat

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  5. Hermosisimo relato sin duda alguna,tu historia me ha dejado una genial escena en mente, me encantó.

    Abrazos abuela, aqui regresando a verla sin falta, sin falta =)

    Saluti.

    Vianne

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  6. Hay la lechera tan tierna, es un hada, tal y como la has detallado. Me gusta es bonito y parece tal real!
    Me gusta mucho la frase en que hablas de la lechera descalza..y relajada sintiendo debajo de sus pies todo lo que en el corral sembraba el suelo.
    besos grandes

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  7. el único secreto para ser feliz, es ser bondadoso.
    un abrazo

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  8. Abuela, qué maravilla nos regalas, así da gusto comenzar la semana, con este mensaje lleno de alegría, de color y de esa magia que transmiten tus letras!
    Besos,
    Chiqui.-

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  9. Nada más cierto: libertad y amor... la felicidad está tan cerca nuestro que a veces no la encontramos por no detenernos a mirar.

    Tu relato es una maravillosa historia de vida que se ve con los ojos del corazón.

    Besos, abue.

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  10. Siempre es bueno contar con personas asi a nuestro alrededor, que sean capaces de proyectarnos tantas cosas buenas a pesar de las adversidades.
    Un abrazo Abue hermoso relato, como siempre me encanta leerte.

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  11. Abue,que nos has relatado amores y dulzuras que son como miel y leche a nuestros labios.

    De niña yo tomaba leche bronca,es la mejor que he tomado.

    calientita,recien ordeñada.

    que tiempos,que tiempos.

    hoy ya no sabemos que tomamos,algúnos químicos,pues que más podría ser.

    recibe un gran abrazo con mucho amor para ti.

    y muchos besitos como estrellitas para tus nietecitos.

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  12. Querida abuela

    A veces creo que usted y yo nos conocimos en otra vida: de niña, en las vacaciones escolares, me llevaban al campo, donde estaban las vacas y me encantaba ver como las ordeñaban. Claro que no eran mujeres, sino hombres: mi tío y sus hijos mayores. Y luego acá en la ciudad, había un establo donde comprábamos la leche, sólo las vacas eran ordeñadas mediante maquinaria. Peor el olor a establo seguía siendo igual

    Un abrazo

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  13. Un relato precioso ABU. Aunque nunca me gustó la leche, jeje, soy de bebidas más fuertes.
    Al final volvemos siempre a la sencilléz, a los momentos sencillos en contacto directo y sereno con la Naturaleza, a la caricia de la tierra en nuestros pies desnudos, del sol, a los olores de la Naturaleza.

    UN BESO GRANDE, Abu.
    Saludos desde la teberna del crápula.

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  14. Debiéramos sin duda aprender de esta lechera, desterrar tanto egoísmo y habilitar un mucho de amor para con los demás, dándole al niñ@ que aun puede habitar en nosotros, la oportunidad de ver con los ojos de la verdad y la comprensión...

    Abrazzzusss

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  15. Me encanta tu apuesta por los corazones llenos de paz y serenidad, llenos de pocas ambiciones porque la principal ambición, la felicidad y la bondad, ya anidaba en su vida.
    Me encantó, un beso cantarín, Who.

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  16. Gracias Abuela por tu dulce y amoroso comentario.
    Para mi, es un lujo regresar y encontrarme leyendo tu maravillosa historia!

    Besos!

    =) HUMO

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  17. Mientras te leía recordaba al lechero que, siendo yo muy niña, iba con los cántaros de leche, de casa en casa. Llegaba esa leche, recién ordeñada, templada todavía, con su nata por encima. Dicen que aquello era insalubre... pero no nos morimos nadie.

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  18. ¡Cómo me gustan tus cuentos!.

    Son la realidad contorneada por tu pluma.
    Es un placer leerte.

    Un beso.

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  19. felicitaciones por tan buen relato!!
    un abrazo grande
    y las mejores energías para esta semana

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  20. Sabes qué me gustaba cuando niña??? Mi abuea tenía cabra, no vaca, pero igual me sentaba a verla ordeñarla y hablabamos de los animales. Luego cuando hervía la leche, esperaba a que se formara esa telita delgada en la superficie y con una cuchara la sacaba para comerla... Nunca me ha gustado la leche de cabra pero siempre hacía lo mismo, supongo que eso de los rituales de los niños es algo con lo que mueren de viejo...
    Besitos Abu.

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  21. Su corazón noble y generoso la llevaba a dar amor a pesar de que en su infancia este le fue esquivo. Me emocionan tus relatos. Besos tía Elsa.

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  22. Abuela! No sabe cómo estoy disfrutando sus relatos, un abrazo grande y gracias por sus palabras en mi blog. !Ezequiel

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  23. Precioso cuento... hermosa mujer que regala felicidad y dulces a los niños. Los adultos ¡como siempre, en todo el mundo! sin enterarse de que la alegría procede de las cosas más sencillas. Muy buena lección abuela

    abrazos

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