Me siguen...

Traductor

jueves, 1 de abril de 2010

El Turco

-Mama, mama ¡¡¡ , el turco viene en la loma, podemos ir ?...
Los ojos brillantes y ansiosos de los niños, esperaban en la puerta, listos para salir corriendo, dando por descontado  el si de la mamá, ella se asomó y poniendo su mano de visera, miró a lo lejos, la inmensidad de la pampa, a paso lento, venía el carromato -Si, pero lleven los perros-
Se alejaban las risas, y los ladridos, todos saltando, los animales llegaron primero, la vieja mula resopló asustada.       Los niños saludaron a los gritos al anciano, y se treparon al carro, uno de ellos parado en el pescante, tomó las riendas, presumía su poder, los otros saboreaban ya,  los dulces que les invitó el hombre, los perros caminaban delante,  guiando a la mula en la huella.
Llegaron a la casa, la mesa tendida los esperaba, el humilde mantelito parecía saludarlos, batido por el viento,  debajo del enorme tala.     Unos troncos cortados, hacían las veces de silla.
En la prolijidad de la mesa resaltaban los utensilios, tenedores con sus dientes torcidos, o muy abiertos, cuchillos de varios tamaños, el enlosado de los platos nos guiñaban  múltiples ojitos negros,  en donde la losa estaba saltada.      Los vasos eran latas de conservas, a las que el ingenio les dio un asa de alambre retorcido.
Lo que alguna vez fue una bolsa de harina, lucia inmaculado como servilleta, se conocía como "trapo", al  oír el pedido, corría de mano en mano hasta llegar al necesitado, y en su comunitario recorrido, terminaba en dudoso estado de blancura.             El perfume del puchero, llenaba el patio, que hervía en la negra olla de hierro, mientras la dueña de casa lo espumaba.     El padre, sacó de una pequeña bordalesa vino que el mismo preparaba.       El turco, mientras,  desataba la mula, y vaciaba el carro, toda la mercadería puesta en el suelo, a modo de exhibición, éste  era un trashumante que llegaba dos veces al año, llegada del invierno y verano a todos los campos de la zona.            La mama, compraba telas para la ropa de estación, estas no se cortaban, las vendía por piezas, así en un hogar rural la camisa del padre, era igual a la del hijo, y el vestido de la mama, a los calzones de su hija.        Las compras comenzaban después del almuerzo, la mujer traía una caja vacía de te, donde guardaba los ahorros, todos sentados  en el piso, acariciados por el viento caliente del norte, y bebiendo limonada.
Al caer la tarde, con el  lucero por guía, el turco entraba de nuevo a la huella, feliz de su trabajo, donde en esas soledades, siempre lo recibía la alegría y el afecto de los inmigrantes, lejanos de su tierra, añoraban  la visita, solo para compartir sus esperanzas,  puestas en estas tierras de promisión.

22 comentarios:

  1. Sabes que hasta no hace mucho vivía algo parecido en mi pais?, por donde vivíamos había un turco que le vendía manteles y sábanas a mi cuñada y cuando llegaba era como un espanto de modorra. A veces no se compra nada pero entretiene verlo todo.
    Muy bien reflejado Abu...
    Un besito.

    ResponderEliminar
  2. Muy lindo relato abue!! Hay personas que tienen mucha calle, a quienes es muy interesante escuchar hablar y observar gestos que normalmente lo dicen todo.
    Cariños!

    ResponderEliminar
  3. Hola Abu.

    Hoy también me has deleitado con este relato.

    Imagino los saltos y alegría de los niños por ir a ver el turco.

    Estas pequeñas cosas son tesoros, para los que no conocen los bienes materiales.

    Es el encanto de las ocsas sencillas, que simplemente causan ilusión.

    Un abrazo de abuela a abuela. Montserrat

    ResponderEliminar
  4. Querida Abuela

    Me recordó a mi pueblo... creo que todos los que nacimos en pueblos perdidos en las sierras, sabemos de "turcos" y cuando niños, nuestra felicidad era poder ver su mercadería... aunque no pudiésemos comprar nada.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  5. Dulces placeres sencillos despues de una dura jornada. Que bueno que en casa aguarde una familia y un vaso de limonada fresca, y esa cajita de té tan entrañable en la que se iban guardando los ahorros.

    Feliz jueves, madame

    Bisous

    ResponderEliminar
  6. reitero: esas imágenes tuyas, me transportan.
    besos

    ResponderEliminar
  7. Hola mi abue me retornaste a mi infancia cuando pasaban por mi casa los cacharreros asi les decimos por acá a quienes pasan por los campos vendiendo ropa y demás.
    Muy buen relato como todo lo tuyo felicitaciones

    ResponderEliminar
  8. Que linda historia.

    En la capital federal también llegaban los turcos con sus valijas llenas de cosas para vender. Telas, repasadores, todo lo necesario en una casa. Recuerdo el canto de uno que pasaba por mi barrio; "Calzoncillo camiseta, Beine, Beineta patrona quiere comprar" No me equivoque, la P la cambiaban por la B.

    Gracias por tabn buen post.

    María

    ResponderEliminar
  9. Suele suceder que mucha de esas eprsonas siempre tienen algo que contar y me pasa con cualquier vendedor que hoy en dia anda casa por casa me pregunto que sera de la vida de tal... de donde será... que lo trae por aca tambien!!1 muchas pregutnas!!! me encanta abue!

    ResponderEliminar
  10. Mi querida Hermana:
    Tu prosatiene el sabor de esta tierra, esta tierra que nos cobija y del pasado que conforma estos pensamientos de presente, no hay más por mucho que queramos espiar el futuro, son meras conjeturas, vivir hoy es lo único que tenemos en certeza.

    Como todo lo que publicas, soy lectora dsde hace mucho de tus cosas, que nunca me fallan, te traen íntegra y eso es lo que me gusta leer en un texto.Lintegridad de quien lo escribe.

    Ah... Cómo quisiera estar en tus seranías, te mando miles de besitos
    Amalia
    http://amalialateano.blogspot.com

    ResponderEliminar
  11. Hoy te escribo doble.
    PORQUE SOY ZARINA
    Mi bisabuelo era mercachifle.
    y vendía con su carro por las chacras. Eso que cuentas lo viví.Era muy niñita...
    Debo decirte que primero lo tomé como despectivo, pero mis raíoces son árabes, me salen por mis ojos, y debía decirlo!!
    ERAN HONESTOS, Y CUMPLÍAN UNA TRABAJO.
    Eran los vendedores ambulantes de 1870.
    ME SIENTO HONRADA.

    Perdona mi disgresión... Ha pasado mucha agua bajo el puente.
    Un saludo
    Amalia ( ES LA TRADUCCIÓN DE AMIRA)
    (Estrella de la noche.)

    ResponderEliminar
  12. El perfume del puchero. me encanta la frase, es entrañable como casi todos tus relatos. Gracias por contar historias rudas, de ensueños, cálidas..
    besos tan grandes que no caben en el cielo, para ti

    ResponderEliminar
  13. Comprovinciana:
    Los imaginé a todos compartiendo la mesa, bajo el tala, y hasta llegué a envidiarlos.
    Un saludo desde Buenos Aires.

    ResponderEliminar
  14. Hola abuela!
    No sabes cómo extrañé leer tus relatos, con este me has deleitado!
    Bueno, simplemente quería decirte que volví a escribir, y poco a poco iré llenando mi blog otra vez...
    Por cierto, tu blog está muy lindo, y veo que lo lee mucha gente... FELICITACIONES!
    UN ABRAZO! Vladimir

    ResponderEliminar
  15. Me encantan estos momentos de personas donde prevalecen las personas por encima de los objetos y se comparten las pequeñas y sinceras posesiones. Excelente como de costumbre.
    Un beso, Who.

    ResponderEliminar
  16. Qué belleza de escrito. Dejarás consignadas en este blog las raíces que sostenían esa vida sencilla pero rica de aquellos tiempos. Ese turco era parte importante de ese tapiz de situaciones y cada uno tenía su lugar privilegiado en el continuo devenir de esas vidas. Otro abrazo.

    ResponderEliminar
  17. Hola avózinha
    Esta tua linda história, me transportou de emediato, para o meu tempo de menino, quando à minha terra, também ia um vendedor ambulante numa carroça, vender utilidades para a casa e outras bujigangas.
    Um beijo

    ResponderEliminar
  18. Ay Abuela, qué entrañable relato sobre gentes humildes, todos ellos inmigrantes en una tierra de promisión, pero viviendo con lo justito: esos tenedores de dientes retorcidos, los vasos de hojalata, la servilleta de bolsa de harina...el ajuar familiar de la misma tela...Eran pobres, pero felices...Muy muy bien relatado, como siempre, con esos detalles tiernos que hacen de tu estilo algo inconfundible. Un beso enorme, querida.

    ResponderEliminar
  19. No he conocido nada parecido pero lo cuentas de tal forma -tan real y viva- que he sentido los olores y he visto los colores de las telas... hasta el polvo del camino ha llegado a mi gargatnta, querida abuela

    besitos

    ResponderEliminar
  20. Como siempre tus relatos me conmueven, los llevas a un terreno que es el día a día de cualquier lugar del mundo, los emigrantes, vienen y van siempre de un lado para otro para poder subsistir.
    Enhorabuena por reflejar todo tan bien.
    Abrazos

    ResponderEliminar
  21. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar

Entre Chivitos

Entre Chivitos

Mateando

Mateando
Se ha producido un error en este gadget.