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miércoles, 14 de abril de 2010

HÉROES OLVIDADOS.

El quinqué, temblaba en la mano de la mujer, protegía la débil llama con la mano,  mientras avanzaba  en la penumbra.
Se acercó al hombre que gemía afiebrado en el camastro, de la herida del hombro, asomaba una punta de flecha, la sangre chorreaba de la cama al piso de tierra, en un goteo constante.           La tierra golosa, absorbía la sangre, dejando en la humedad de la gota, la parte sólida de ésta,  que lentamente formaba una costra brillante, como si fuese otra herida.
El hombre que abrió la puerta de la humilde morada, vestía de uniforme, se acercó al catre y miró la herida, enseguida dijo a la mujer    -Hay que sacar la flecha-   Avivó las brasas en el brasero, e introdujo en medio de ellas la navaja, cuando la hoja estuvo blanca, tomó la botella de aguardiente mojando la herida, el hombre no se movía, el que estaba de pie, sostenía la luz.        La mujer tomó con sus dedos el cabo roto que asomaba sangrante, tiró suavemente  probando su resistencia, la punta de acero encarnada estaba firmemente apretada, como cigarro entre los labios.          Temblando tomó el cuchillo,  y lo introdujo despacio pegado al cabo de madera que asomaba del hombro, la sangre se derramó por los bordes, el herido se movía, como si la daga fuese una mecedora,  iba y venia entrando en la carne, el  objeto seguía firme, regó nuevamente la herida con la bebida, y penetró la navaja hasta el hueso, la sangre bañaba el pecho del herido, bajaba por la curva del estómago, y empapaba la cintura del pantalón.        La mujer se asusto, el hombre de pie tomo el cuchillo y con un brusco movimiento, arrancó la flecha.    La herida era un volcán donde bullia la sangre, aplicó sobre ella  el acero caliente y cortó el flujo.
Vendó la herida y se sentó, mirando ese rostro surcado de arrugas, que no eran de tiempo, las manos maltratadas, con viejas cicatrices de trabajos rudos, el dolor y la soledad, envejecía a estos hombres, en su lucha de frontera.         Bajo la ley del reclutamiento obligatorio, eran tomados en redadas en las pulperías, los que estaban sin trabajos, sin papeles, ni hablar si eran buscados por algún delito, todos eran  llevados a la linea de fortines, a luchar contra  el malón.      El que escapaba, le llamaban desertor,  y su vida no tenia precio.
La alegría del teru- teru, anunciaba la llegada del día, los perros perezosos, se estiraban sacudiendo sus pulgas, el hombre terminó de ensillar los caballos, la mujer dio un suave soplo al quinque y abrió la puerta del rancho           Triste miraba a los dos jinetes alejarse, uno tambaleante, cargando su muerte, el otro mordiendo su cigarro, resignado a entregar su vida en pos de nada.

16 comentarios:

  1. una imágenes muy dadas al tema... uffff me las hiciste ver!!!
    besos

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  2. Ser un desgraciado conduce a vidas anónimas y miserables para la mayor gloria de los hombres dignos y respetables en pos de un noble fin.
    Real como la vida misma, aplícalo a la situación que desees y será la eterna limpieza étnica-económica de los hombres para con los hombres.
    Un beso, Who.

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  3. Terrible, héroes anónimos sin ninguna causa, pero esa es la historia de mi país, que suelo leer. Un abrazo.

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  4. Muy crudo, abue, muy bien reflejada la historia.
    Me encantó.
    Cariños!

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  5. Qué terrible se siente esa realidad tan bien descrita en tu relato. Tiempos duros cuando se luchaba cuerpo a cuerpo, con la vida en un hilo. Un abrazo amiga querida.

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  6. MUY BUENO EL RELATO, MUY CRUDO Y DESCRIPTIVO EL AMBIENTEEEEEE
    UN BESOOOOO
    CHRISSSSSSSS

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  7. Querida abuela, sentí el dolor te lo juro, que bien relatas, y que verdad tan grande dejaste retratada de aquéllos tiempos y de estos también. Besos tía Elsa.

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  8. Relato detallado y perfecto.
    me gustó mucho
    besos

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  9. Hola Abu:

    Me he imaginado aquellas películas de indios y americanos, que veía de pequeña.

    Es un regalo leerte.

    un abrazo de abuela a abuela.Montserrat

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  10. Un triste destino lleno de desesperanza. Lo mas duro ha de ser esa sensacion de cargar la propia muerte y resignarse a ello, sabiendo que no hay alternativa.

    Feliz dia, madame

    Bisous

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  11. ¡ Cuántas vidas perdidas en guerras sin sentido!
    Bonito.
    Un saludo.

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  12. Abu, qué entradita has hecho!!!!!Besitos.

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  13. Lo malo es que la situación que desccribe se sigue viviendo en muchos lugares del mundo,la maldad del hombre contra el hombre y el vivir sin un verdadero sentido.Me emociona como lo cuenta por que mete al lector en el lugar mismo de los hechos.Un abrazo

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  14. Dios que precisa la descripción! Me has tenido doblada en la silla retorciendome de dolor!
    Todas las luchas que lleven impresa la muerte de un hombre, son absurdas... para mi, la vida es lo más importante...la tierra, sólo tierra...eso es...
    Un besito cielo.

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  15. Aquellos que arriesgan su vida por tan poco o quizás por nada, es una pena.
    Me encantan tus relatos Abue porque los vivo paso por paso.
    Un abrazote

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  16. Tan vívidas imagénes nos trasladan a otras épocas, a otras formas de entender la vida y la muerte, el deber y la patria, la lealtad y la obediencia ciega...
    magnífico, abuela querida

    besos y abrazos

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