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jueves, 27 de mayo de 2010

LA CURANDERA.

El rancho perdido detrás  del monte, de lejos se veía la miseria,  en todos  los rincones la pobreza daba alaridos.
En el patio,  los perros echados se daban calor amontonándose entre ellos, todos querían quedar al medio, lo que hacia que su siesta fuera un movimiento continuo, quitándose los lugares.
La basura esparcida por el viento y los animales, mostraban el abandono del morador.
En medio del patio, debajo del paraíso, estaban las tres paredes desiguales, y sin techo de la letrina, la puerta una sucia arpillera hecha jirones, cuando el viento la agitaba, el mosquerio se metía en el oloroso  cubículo.
Dentro del rancho doña  Julepina Camacho, la famosa curandera, de los males del cuerpo, del alma, y ademas  médium, alumbraba  las  foto de difuntos, de algunos santos, y de el poderoso san La Muerte.    Ella misma llevaba en su brazo, bajo la piel,  el hueso de un finado del cementerio, robado a la media noche, según el rito.
Eso le daba poderes, y presencia ante sus "pacientes".  Hoy su devoción pedía algún cliente desesperado, pues la falta de metálico,  la tenia sin su medicina de ginebra.
El batir de palmas le hizo agradecer a sus santos,  por la gracia del visitante recibido.
La vieja se asomó, con el cigarro de chala en la comisura, delante tenia un niño con la cara inflamada de un lado, y la madre,  una de sus asiduas clientas, rogaba que lo aliviara de ese fuego doloroso.
Cuando se acercó el niño retrocedió, la anciana estiró su mano de uñas ganchudas,  mugrientas y lo llevó para la oscuridad del interior , lo sentó en una desvencijada silla y comenzó a rezar en voz alta, entremezclando palabras extrañas, luego le untó el cachete con un líquido  oloroso.
La madre ansiosa esperaba el diagnóstico, la vieja tomando su tiempo, comenzó a hablar, -Hay que enfriar  el cachete, urgente¡¡-  se dio vuelta y de un tacho enorme sacó un sapo, negro y brillante, el niño asustado cerró los ojos, la curandera  aplastó el  batracio en la mejilla del niño, y con un sucio trapo, lo amarró a su cara, haciendo un grotesco nudo en la cabeza.     El  "bicho" apretado sobre el rostro afiebrado, desorbitó los amarillos ojos, y disparó su larga lengua, en vano intento de amedrentar.
-Mañana me lo traes, y no me le saques el sapo-    Cobró la consulta, y despidió a los visitantes, la vieja sonreía, sus santos no la abandonaban, se levantó y miró el tacho, tendría que salir a buscar mas medicina para los flemones.
Afuera el viento formaba remolinos de polvo, como si los diablos, se revolcaran contentos de tanta ignorancia.

19 comentarios:

  1. Impresionante las historias pueblerinas y los ritos de las curanderas que hoy nos relatas, aqui también se siguen viendo las curanderas.
    Besos perfumados para la Abuela Frescotona, una gran amiga.

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  2. Vaya relato, querida Abuela, con un texto de gran enjundia literaria, embebiendo el ritual de las curanderas.

    UN beso.
    Luis.

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  3. HOLA ABU:

    ESTA CURANDERA, ME LA HE IMAGINADO COMO UNA MEIGA "BRUJA". ME DARIA MIEDO PONERME EN SUS MANOS.

    UN BONITO RELATO.

    UN ABRAZO DE ABUELA A ABUELA, Montserrat

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  4. Madre mia, que complicados procedimientos. Y el pobre niño con el sapo todo el rato! Menudo trauma me hubiera dejado a mi, jiji, hubiera preferido un flemon!

    Feliz viernes, madame

    Bisous

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  5. Precioso el relato abuela,espectacularmente precioso y real aún en los tiempos que corren. Un abrazo

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  6. Creo en estas viejas, o prefiero creer, quien sabe. Mi madre cuando era pequeño me llevaba a uno en mi pueblo porque me orinaba encima. Y creo que me seguí orinando hasta los 18. Pero igual creo, esencialmente, porque ellos creen en sí mismos. Y ese es un fundamento poderosos. Un abrazo.

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  7. Ignorancia o no, parece que estas medicinas de campo daban resultado. Mi padre, nacido en Córdoba y criado en la pcia. de Santa Fe, siempre nos contaba lo de los sapos en la cara, o las telarañas para cortar las hemorragias, y un sin fin de artimañas caseras que eran tan comunes en esa época que a nadie les llamaba la atención.

    Gracias abue, por traerme estos recuerdos, a veces, la ignorancia de otros tiempos, es el aprendizaje que nos ha quedado en este presente.

    Besotes :)

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  8. Un bonito cuento, abu; nos deleitas con buenas historias. Un abrazo, Inés

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  9. Tu capacidad literaria me sorprende cada día más abue, sos un gran gran talento. (sin contar el cariño que te he tomado)
    Muy muy bueno!!!!

    Cariños!

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  10. De viernes y de nuevo en tu espacio... pasa un buen fin de semana.

    Saludos y un abrazo.

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  11. Muy buen relato abue. ¡felicitaciones!

    Saludos cordiales,

    Aída

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  12. como siempre, interesante relato.
    un abrazo

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  13. Eres magnifica con los relatos Abue, esa es tu especialidad, me concentro siempre viviendo cada párrafo de lo que escribes.
    Me alegra mucho poder pasarme a saludarte.
    Un abrazote fuerte

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  14. Muy buen relato, me gusto eso de "en todos los rincones la pobreza daba alaridos", excelente.

    Saludos

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  15. Ay, sí, ignorancia para dar y tomar, porque esa medicina de batracio...no sé yó, no sé yo...y menos mal que Doña Julepina no ejercía la cirugía...porque con esas uñas mugrientas...Muy gráfica tu descripción del ambiente, querida Abu, inmejorable. Otro besito.

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  16. Abue,

    Me pareció leer un cuento lleno de misticismo e idiosincrasia, contastante con la realidad y rico en cultura y costumbres provincianas. Magnifico como siempre!

    Un beso.

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  17. La ignorancia de muchos es aprovechada por otros, el caso de esta curandera, sabía lo que se hacía. Un buen negocio y muy bien redactado como ya es sobresaliente en usted.
    Un abrazo
    sor.Cecilia

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  18. Abu, me has hecho pensar...y...qué asco el sapo!!
    por dios!!!

    Un besazooo de fin de semana!!!

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  19. Ay, los remedios caseros, Abuela, el del sapo no lo conocía y me parece un tanto incómodo, pero sé de otros, que funcionan, supongo que será más bien cuestión de fe. Abrazos ;-)

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