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miércoles, 9 de junio de 2010

ARITÚ

La gran hacienda enclavada en medio de tupido follaje resplandecía, el sol abrazaba sus blancas paredes, y sus rojos techos de bovedillas.      Las amplias galerías desbordadas de flores, los insectos trabajaban afanosamente, en la espesura, los pájaros buscaban alivio.
Hermosas hamacas en los corredores, de pisos espejados, las mujeres de color,  descalzas recorrían  hacendosas y en silencio, la casa.    Sobre una mesa vestida de blanco, la jarra de limonada y vasos de fino tallado, esperaban bocas sedientas.
El hombre  disfrutaba su tabaco, sentado en el cómodo sillón, descansaba sus pies en alto, sobre la mullida y blanda espalda del niño negro,  que en cuatro "patas", hacia las veces de apoya pies.     El niño pensaba que le gustaba estar así, pues no hacia nada y estaba a la sombra.    En cambio, su abuelita, no podía verlo descansar, ella no conocía esos momentos,  en que él olvidaba el cuerpo, y soñaba, soñaba cantar.       El cura venía una vez al mes, a dar misa, bautizar y celebrar casamientos, esos días lo ponía a su lado,  largas horas a practicar cánticos sagrados.     Ahora mismo cantaba y el señor de la casa se embelesaba escuchando.     Cuando Aritú cantaba, los pájaros callaban, se detenía la briza y el sol atemperaba su calor, solo se oía su voz blanca que invadía la espesura, la casa, las barracas....
Dulce Aritú, hasta la Virgen llora en el retablo, cuando tu cantas.
El padre Octavio se puso el alba, y la estola morada, con el libro de oficios  entre las manos, salió a caminar las barracas en donde estaban las madres y sus bebes, el niño llevaba el balde de agua bendita, caminaba detrás del cura.     En las casuchas se oía el llanto de algún niño, la voz de la madre susurrando la nana dulcemente, el cura santiguaba al niño y la madre pronunciaba un nombre, terminaba el rito con la bendición y el rocío de agua bendita.
El tañido se oía en todos los rincones, el niño feliz reía mientras, subía y bajaba haciendo contrapeso a las campanas.     Regía la capilla,   una cruz sobre el  ara, y a su costado derecho, una imagen de tamaño natural, de la Dolorosa, a sus pies,  siempre alguien con su pena a cuestas.       Era Semana Santa, los cánticos de dolor, y de alabanza, flores y llantos, la virgen conmovía los corazones, la fe llegaba al paroxismo, en toda esa mística, cuando Aritú cantaba, llegaba el bálsamo de su voz,  transformando el sentir, en serena  aceptación, y silencioso llanto.      Llega la hora de la misericordia, y el canto del niño adorando, se confundía con los ritmos étnicos ancestrales, los trajes blancos se rasgaban  golpeándose el pecho, los flagelo,   teñían la tarde de color carmesí.
Los fieles postrados, besando la tierra, entre nubes de incienso y mirra, el Tantum Ergo llegaba al coro celestial, en medio de ese fervor, alguien gritó :   Milagro ¡¡¡-  Milagro ¡¡¡       La Dolorosa con sus lágrimas licuadas, manchaba su bello rostro.        Durante días siguió la adoración del milagro, que lentamente, retornaba a la normalidad de su estado.
El padre Octavio, postrado y en silencio, pedía perdón, y prometía arreglar la pérdida del caño,  detrás de la imagen de la Dolorosa.       Los fieles lo despedían con flores a su paso, y vivas, el cura les regalaba bendiciones.
Trepado en un árbol, Aritú pensaba que ya no quería ser cantor, mejor sería cura, aceptarían un negrito de motas  prietas y esclavo en el  seminario?      Y sin darse cuenta, como un pájaro, libre, lanzó su canto, esperanzado en su nuevo sueño.

19 comentarios:

  1. Ay que bueno, madame. Mire usted de que forma le fue a cambiar la vocacion! Es lo que tienen los pequeños milagros, jiji.

    Feliz tarde

    Bisous

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  2. Una bonita leyenda local. Interesante Abue. ¡Felicitaciones!

    Saludos cordiales.

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  3. Aritú, esclavito negro.

    Ui Señor, que cara más dura tenia el amo, el bien repantigado en su sillón y todo el peso de los pies en la espalda del inocente niño.

    Besos, Montserrat,

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  4. Preciosa historía, encantada de encontrar su blog.

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  5. Que gran lección nos das en tu relato. ARITÚ, bello ángel negro que revoluciona y cambia TODO.
    Francamente para meditar.
    Un gran abrazo.

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  6. Que loco...cuando yo era chico, también quería ser cura...después, me di cuenta que me enamoraba demasiado...
    En cuanto a lo que cuentas, hay algo de eso en la película La duda...la viste? Un negrito que quiere ser cura...pero parece que los prejuicios...
    Un gran abrazo.

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  7. Pobre Aritú siempre trabajando ! y ¿sus horas de niño? y ¿su infancia?, ¡que lástima!. Un abrazo

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  8. La vida de los pobres es penosa, pero la ilusión de ellos, no sé por qué razón, siempre es muchísimo más grande que la de los poderosos.

    Un besito.

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  9. Tu haces que el pueblo viva en tus relatos, lo hace real, me ha gustado mucho
    besos abuela frescotona

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  10. Bella historia, Abuela, pero no puedo dejar de pensar que, si entra al seminario, pierde la voz...

    Abrazos!

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  11. jeje, curioso relato Abuela, es lo que tienen los niños, fíjese que yo siempre tuve muy clarita mi vocación, aunque creo recordar que de muy muy pequeñita en alguna ocasión llegué a soñar con ser misionera, jeje. Abrazos ;-)

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  12. Me da tristeza en parte porque su post va de niños y en mió también, con distintas connotaciones pero muy cercanas a mi.
    Con ternura.
    Sor.Cecilia

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  13. 日本の口蹄疫は、感染地域を拡大した。

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  14. Estimada y admirada señora, se puede saber de que localidad es Usted oriunda, por si uno pasa cerca estas vacaciones de invierno y tentar un apretón de manos y algún que otro mate. Saludos y respetos.

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  15. Ay, la voz blanca del niño negrito Aritú...Abuela querida, describes tan bien las escenas, que se pueden imaginar a la perfección, todo un ambiente de época recreado con tu portentosa imaginación y tus sabias y bien utilizadas palabras...Leerte es un verdero placer, querida amiga. Un beso enorme.

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  16. siempre tú pensando en la tierra. para mí tus escritos son muy de la tierra, así como hay un genero musical.
    besos

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  17. Una semana más...

    Te entregaria
    la sonrisa de la vida

    te entregaria
    una esperanza sin término

    te entregaria
    un horizonte del color del arco iris

    te entregaria
    parte de mi ser en compañia

    pero como soy
    un felino que viste de seda

    te entrego
    mis ronroneos llenos de auroras

    te entrego
    mis bigotes llenos de sueños

    te entrego
    la fortuna de un fin de semana

    te entrego
    un caluroso gesto como despedida

    María del Carmen

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  18. Querida Abuela

    Me gustó esta historia, que me devuelve, un poquito, mi fe en la Iglesia y el oficio religioso (ahora que anda tan devaluada su imagen). Casi vi la sonrisa, el brillo en los ojos de ese niño balanceándose para hacer contrapeso a las campanas

    Un abrazo

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  19. Abuela,

    Me encanta leerte! ...cuando no me conmueves, me ofreces magia, aprendizaje...y siempre invariablemente incitas a la reflexión.

    Un abrazo con cariño.

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