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sábado, 17 de julio de 2010

LAPIDADA

Detrás del velo, los ojos negros, no entregaban su dignidad.  Escuchó la sentencia como si estuviese desnuda, desafiando con todo su cuerpo, a ese grupo de machos hipócritas adoradores de dioses de la violencia.
En ningún libro sagrado, se acepta como acto de justicia la lapidación.  Abusadores de siglos, del cuerpo sagrado, dador de vida, de la mujer.
Llega a la celda oscura y sucia, donde otras mujeres esperan el mismo fin, les daban tiempo, para aumentar su angustia, imaginando el dolor de su castigo.
En el gran patio de tierra y arena de la prisión esperaban los verdugos sopesando las piedras, ejecutaban  en privado a las víctimas, para evitar los reclamos internacionales,  de semejante barbarie.
La luz del sol lastimó sus ojos, las manos duras del guardia, la acercaron al foso, que como fiel mastín de los represores, esperaba con su negra boca abierta.  Cuando la metieron en el hoyo, sintió el olor de la tierra, las paladas fueron cubriendo y aprisionando su cuerpo hasta los hombros, su cuerpo parecía emerger de la tierra.
Semi enterrada, no sentía su parte inferior, aun así, elevó su cara al cielo, ofreciendo el orgullo de su raza, manchado en su pureza,  por la bárbara ignorancia de costumbres aberrantes.
El elegido para tener el "honor" de tirar la primera piedra,  se adelantó unos pasos  para no errar el golpe, éste tuvo que cerrar sus ojos, no soportó el peso de esos ojos negros, tiró la roca, que dio de lleno en uno de ellos, debajo del velo sintió correr los fluidos, otra piedra dio sobre el parietal y la sangre liberada de su furia, corrió presurosa a esconderse en la tierra arenosa, que sedienta la tomó.
Tan grande era el dolor, que se adormecía  su carne trémula.  Con un solo ojo, tenia visión parcial,  y no vio venir la roca  que quebró su frente, en un ruido seco de leño roto, todo se ponía rojo, su cabeza era un tiovivo loco que giraba, con cada piedra, daba lo que parecía su última vuelta, pero no, siempre había otra que empujaba, sentía su cráneo por que su pensamiento aun fluía resistiendo la nada.
Curiosamente, no pensaba en lo que fue su vida, las imágenes del presente, no permitían su llegada, al dolor le urgía apoderarse de su presa, y por fin,  se acabó.  La ira del fanatismo que impulsó el proyectil, hizo estallar su occipital, que regó su contenido sobre los hombros... Como una flor quebrada en su tallo, llorando el rocío de la tarde, así quedo la mujer, se hizo justicia...

15 comentarios:

  1. Durísimo relato abuela, parece mentira y está ocurriendo en nuestros días. No debemos callar, hay que seguir denunciando y despertando conciencias.
    Un abrazo.

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  2. Lo peor de todo es que sigue ocurriendo...
    Un abrazo.

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  3. Hola abue, paso a saludarte y desearte un feliz fin de semana.

    espero verte y leerte pronto.

    saludos cordiales.

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  4. Terrible! Mientras buscamos leyes que nos igualen, todavía resisten los cruzados medievales. Un abrazo.

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  5. Es fuerte el relato, pero desgraciadamente cierto como la vida misma. Lol locos fanaticos, son como lobos hambrientos, quieren sangre su olor los mantiene vivos.
    Me ha gustado mucho, y leyendote la he visto sufrir.
    besos para ti mi gran amiga

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  6. ...se hizo justicia...Solamente en una sociedad primitiva y desquiciada puede entenderse este tipo de justicia. Sociedades cobardes que abusan de la mujer. Un abrazo.

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  7. Abue,que nuestro mundo sigue en la barbarie.

    Aquí y allá,vemos actos terroríficos,y tu relato está impresionante.

    Recibe un abrazo,compañera de este barco llamado VIDA.

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  8. Tu relato duele, aunque el dolor que uno puede sentir al leerlo debería hacernos sentir vergüenza de pertenecer al género humano, porque ésta es una de las muchas barbaridades que se comenten en nuestros días.
    Thomas Hobbe dijo que el hombre era el lobo del hombre, y aunque, en mi humilde opinión, se equivocó al usar a ese noble animal en una descripción tan negativa, se le olvidó hablar de lo que es el hombre, en casi todos los tiempos y en casi todas las culturas y civilizaciones, con respecto a la mujer. Quizá no fue un descuido. Quizá no lo hizo porque no encontraba un simil apropiado.

    Un beso y buen verano.
    Eso si se habla de hombres, pero cuando se incluye a las mujeres, es curioso que en todos los colectivos discriminados

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  9. Y Jesús cuando iban a lapidar a una mujer por adúltera dijo: EL QUE ESTÉ LIBRE DE PECADO QUE TIRÉ LA PRIMERA PIEDRA. Y así le salvó la vida.

    Que pena abu que aún hoy día existan estas leyes tan brutales.

    El otro día hablé por tfno. con Sor Cecilñia, está pasando mucho calor en el Convento.

    Besos, Montserrat

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  10. Yo creo que en el fondo temen a la mujer,su valia,su valentia y coraje,por ello la encarcelan bajo el burka,y la somenten al terrible y mortal castigo a la cruel lapidación.

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  11. Un relato estremecedor, desgraciadamente es actual. Hoy o mañana seguira sucediendo.

    mis saludos.

    mariarosa

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  12. Un relato estremecedor. Muy bien contado sobre una realidad que duele. Manteniendo las diferencias culturales y sociales no es tan diferente a lo que pasa en nuestro pais (Argentina)con una justicia que no protege ni sanciona, con un sistema que da miedo, inseguridad, tristeza...y te lo digo desde mi papel de abogada cansada de ver arbitrariedades.
    Un placer haberte encontrado.

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  13. Tremendo relato Abuela, pero fantástico a la vez, porque es necesario denunciar y gritar esta "lacra" que aún seguimos padeciendo en pleno siglo XXI. Abrazos ;-)

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  14. Duro, crudo y terriblemente real mi Abu. No hace mucho vi imágenes de una dilapidación ( apenas unos segundos, porque no tuve pelotas para verla completa) y pasé noches sin poder dormir. Nadie, absolutamente nadie tiene derecho a arrebatar la vida de otra persona, pero menos aún, nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a hacerlo con tanta crueldad.
    Un besito.

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  15. Qué horror, esto no podemos permitirlo, la sociedad entera ha de movilizarse para que estas cosas no continúen ocurriendo. Estremecedor relato, mi querida Abu, pone los pelos de punta y más poque ocurre en la actualidad. Un beso enorme, mi solidaria amiga.

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Mateando

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