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miércoles, 7 de julio de 2010

LAS CUARTELERAS - PUBLICADO EL 28/01/2010

Amanecía, los ruidos anunciaban salida de reconocimiento.
Las gallinas alborotadas, cacareaban en la oscuridad, perdidas entre las patas de los caballos, los perros aprovechaban la confusión, llevando alguna presa entre sus dientes, y en un rincón la devoraban, desesperados en su famélica necesidad.
La vieja cuartelera, cuidaba su ganado, las gallinas, su puchero era un lujo en el fortín.         Los cuarteles de frontera, era lo peor de la organización político-militar de la época, solo los oficiales eran militares de carrera, a los demás se le aplicaba la "ley de vagos", se hacían redadas en las pulperias y el que no tenía "papeleta", identificación, se lo llevaban a la línea de frontera, en el largo tendido de las  zanjas de Alsina,  hechas para contener el malón y el robo de ganado.
Algunas mujeres, seguían a sus hombres y se instalaban en esa vida precaria, llena de necesidades, se las llamaba cuarteleras o fortineras.
La vieja india mapuche llamada Huenu (cielo), llegó al fortin siguiendo a su hijo Mainque (condor), apresado cuando estaba de indio bombero(espiando), en cercanías  de  una estancia, para asaltar , quien en un entrevero con el malon fue lanceado por sus propia tribu.             Ella ya no pertenecia a nadie, se quedó, con el tiempo se adueñó de la cocina y de los corazones solitarios de esos hombres duros, ella era la vieja sabia, la que todos querían.
Un gran tacho humeaba en el patio, sobre un fogón, con una larga vara, movía lentamente la ropa en el agua  jabonosa, era la única forma de sacarle los piojos,  los soldados ya habían sacado sus catres al sol.
Hacia frío en la frontera sur, el viento acostaba los pajonales, cocinaría un locro para cuando regrese la patrulla.
Tenia una huerta detrás del rancho cocina, que regaba con agua de desperdicios, cortó un hermoso zapallo criollo, unos verdeos y desenterró unas papas, le gustaba el olor de la tierra, sabía que esos frutos, eran los primeros que daba.                Partió el zapallo y puso las semillas a secarse al sol, esa sería su siembra de primavera, agregó unos trozos de charque, y dejó que humeara el cocido.
Caía la tarde el rojo atardecer, anunciaba sangre, el viento amainó, señal  que la helada sería fuerte esa noche.      Sorbía su mate, echo con una calabacita, tenia de bombilla una fina tacuara perforada, de vez en cuando giraba su cabeza y escupía alguna yerba que desafió el filtro de la tacuara, Huenu llevaba en su sangre el secreto de la premonición, sus ojos se achicaban mirando el horizonte, su boca desdentada  dejaba asomar su lengua verde, por el mate, cuando rezaba en voz baja.              De a ratos sacaba de entre sus polleras, llena de bolsillos, un pote de ginebra, se llenaba la boca en un largo sorbo, que antes de tragar, agitaba en su boca.       Adormecida la india, tapada en su poncho esperaba la partida, cuando los perros se pusieron de pie y dieron unos ladridos amistosos, abrió el rustico portón, los soldados y caballos, agotados por el hambre, la sed, y el frío, entraban en silencio.            Lo primero, los caballos, quitaron los aperos y monturas, refrescar sus lomos, ardidos por el sudor, con agua, luego taparlos, dejarlos descansar, y recién su ración          Después la soldadesca, curaba sus heridas, ella con un  tarro de agua caliente y jabon lavaba sus heridas, que luego cubría con trapos limpios.              Luego la comida, traían sus recipientes y llevaban el  locro a sus lugares, luego se repartían las serenas (guardias), y  llegaba la paz, la guitarra, el tabaco y la ginebra.         El calor del fuego adormeció lentamente la voz del payador, con el último acorde de viguela, se apagaban los cigarros, protegidos del frío, los perros dormitaban, la india Huenu, dormía sentada en el suelo , sonreía mostrando su único diente, soñaba que jugaba con su Mainque.
Todos hicieron  patria, sobrevivieron otro día en la frontera sur.

9 comentarios:

  1. Ay la mujer! siempre detrás , siempre al cuidado, siempre en espera....
    Un abrazo.

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  2. Te dejo un saludo cordial, ya se que estás de vacaciones, cuidando nietos. Creo que en este post ya te había dejado comentario.

    Saludos cordiales, hasta pronto.

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  3. Abuela, voy leyendo tu relato e imaginándolo, "Las gallinas alborotadas, cacareaban en la oscuridad, perdidas entre las patas de los caballos", que hermosa imagen, besos...
    :)

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  4. y si no hubiera sido por la mujer que hoy se le puso a la par...pero tambi´ñen se equivocó y pensó que hoy lo podía vencer ,ay pobre de esa mujer no se si es su cuartel o su propia cuartelera!
    un beso y si eres realemnte fescotona!!!

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  5. Relato que leo y nuevamente sin querer viene a mi mente las imagenes que describes, personajes etec, mientras tomo un café .. que ratito mas chachi.. como se dice en mi tierra canaria.
    besos perfumados

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  6. Después de tantos días, que bueno es llegar acá y poder leer textos de esta calidad, muy bueno Abu, desde que leí Inés del alma mía he sentido mucha curiosidad hacia los mapuches y me he leído todo lo que ha caido en las manos.
    Este relato tiene ese toque dulce que desprende de tus escritos...me dejas sonriendo.
    Voy a ponerme al día con todo lo que me he perdido.
    un besito

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  7. buenas imágenes de la tierra.
    besos

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  8. Esas mujeres en la intendencia. me fascinan tus narraciones Abu ,tan entrañables.

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  9. Abue,que mi cariño te acompañe en estas vacaciones .

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