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sábado, 30 de enero de 2010

PEÓN DE CAMPO

El sol era fuego sobre la pampa, el gaucho a la sombra del ombú, entrecerraba sus ojos , para ver a la distancia.
En las ondas de calor, se  desdibujaba el ñandú, echado entre el pajonal, ese era su nido, el macho empollaba los enormes huevos, la hembra se paseaba ociosa a su alrededor.
Su caballo se adormecía en el silencio, mientras pequeñas moscas se introducían en sus belfos, con la cola espantaba los tábanos , ansiosos por sus ancas.
Mientras armaba su cigarro, el hombre pensaba, no podría quitarles los huevos, a estas alturas, ya estarían con pichones.
Esperaría el atardecer, hora en que aparecía la comida en la pampa, toda la fauna sale por su alimento, el hombre también.
Apagó su cigarro y el fuego, el viento suave del norte, lentamente rotaba al sur, eso favorecía la cacería, imitó con su silbido el canto de la perdiz y la martineta, de un montículo de paja brava, voló una pareja, lo habían visto, esos ya no regresarían
Ensilló su caballo lentamente, regresaba con las manos vacías, el sol pintaba de rojo  las nubes en el horizonte, de pronto vio su huella en el camino, casi llegando a su rancho, a estos había que correrlos de a pie, se apeo, se fue acercando lentamente, apreciaba  su gordura y tamaño, estaba entretenido devorando carroña, ese era su alimento preferido, tal es que solo se deben comer,  los peludos, también llamados piche, armadillo, que se encuentran  en el campo, nunca  los de pueblo, pues les encantan los cementerios y el alimento que hay en ese lugar.           Se fue acercando lentamente el hombre, cuando se vieron, ya fue tarde para el animal, el poncho cayó sobre el  peludo, que docillmente se entregó, cumpliendo con la ley de supervivencia.
Esa noche la humilde mesa, ofrecía uno de los manjares de la pampa, peludo al horno de adobe, con papas, volteado en su caparazón, se hamacaba lentamente, mostrando su carne blanca y grasosa.
La mañana olía a flores de alfalfa, estas se mecían como olas en el mar, el viento formaba remolinos celestes, el peón de campo, comenzaba otro día, hoy le tocaba recorrer la laguna de los patos.
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jueves, 28 de enero de 2010

LAS CUARTELERAS

Amanecía, los ruidos anunciaban salida de reconocimiento.
Las gallinas alborotadas, cacareaban en la oscuridad, perdidas entre las patas de los caballos, los perros aprovechaban la confusión, llevando alguna presa entre sus dientes, y en un rincón la devoraban, desesperados en su famélica necesidad.
La vieja cuartelera, cuidaba su ganado, las gallinas, su puchero era un lujo en el fortín.         Los cuarteles de frontera, era lo peor de la organización político-militar de la época, solo los oficiales eran militares de carrera, a los demás se le aplicaba la "ley de vagos", se hacían redadas en las pulperias y el que no tenía "papeleta", identificación, se lo llevaban a la línea de frontera, en el largo tendido de las  zanjas de Alsina,  hechas para contener el malón y el robo de ganado.
Algunas mujeres, seguían a sus hombres y se instalaban en esa vida precaria, llena de necesidades, se las llamaba cuarteleras o fortineras.
La vieja india mapuche llamada Huenu (cielo), llegó al fortin siguiendo a su hijo Mainque (condor), apresado cuando estaba de indio bombero(espiando), en cercanías  de  una estancia, para asaltar , quien en un entrevero con el malon fue lanceado por sus propia tribu.             Ella ya no pertenecia a nadie, se quedó, con el tiempo se adueñó de la cocina y de los corazones solitarios de esos hombres duros, ella era la vieja sabia, la que todos querían.
Un gran tacho humeaba en el patio, sobre un fogón, con una larga vara, movía lentamente la ropa en el agua  jabonosa, era la única forma de sacarle los piojos,  los soldados ya habían sacado sus catres al sol.
Hacia frío en la frontera sur, el viento acostaba los pajonales, cocinaría un locro para cuando regrese la patrulla.
Tenia una huerta detrás del rancho cocina, que regaba con agua de desperdicios, cortó un hermoso zapallo criollo, unos verdeos y desenterró unas papas, le gustaba el olor de la tierra, sabía que esos frutos, eran los primeros que daba.                Partió el zapallo y puso las semillas a secarse al sol, esa sería su siembra de primavera, agregó unos trozos de charque, y dejó que humeara el cocido.
Caía la tarde el rojo atardecer, anunciaba sangre, el viento amainó, señal  que la helada sería fuerte esa noche.      Sorbía su mate, echo con una calabacita, tenia de bombilla una fina tacuara perforada, de vez en cuando giraba su cabeza y escupía alguna yerba que desafió el filtro de la tacuara, Huenu llevaba en su sangre el secreto de la premonición, sus ojos se achicaban mirando el horizonte, su boca desdentada  dejaba asomar su lengua verde, por el mate, cuando rezaba en voz baja.              De a ratos sacaba de entre sus polleras, llena de bolsillos, un pote de ginebra, se llenaba la boca en un largo sorbo, que antes de tragar, agitaba en su boca.       Adormecida la india, tapada en su poncho esperaba la partida, cuando los perros se pusieron de pie y dieron unos ladridos amistosos, abrió el rustico portón, los soldados y caballos, agotados por el hambre, la sed, y el frío, entraban en silencio.            Lo primero, los caballos, quitaron los aperos y monturas, refrescar sus lomos, ardidos por el sudor, con agua, luego taparlos, dejarlos descansar, y recién su ración          Después la soldadesca, curaba sus heridas, ella con un  tarro de agua caliente y jabon lavaba sus heridas, que luego cubría con trapos limpios.              Luego la comida, traían sus recipientes y llevaban el  locro a sus lugares, luego se repartían las serenas (guardias), y  llegaba la paz, la guitarra, el tabaco y la ginebra.         El calor del fuego adormeció lentamente la voz del payador, con el último acorde de viguela, se apagaban los cigarros, protegidos del frío, los perros dormitaban, la india Huenu, dormía sentada en el suelo , sonreía mostrando su único diente, soñaba que jugaba con su Mainque.
Todos hicieron  patria, sobrevivieron otro día en la frontera sur.


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martes, 26 de enero de 2010

AMANCIO MILLAN. - El regreso.-

 Después de aquella noche trágica en la fiesta del conventillo, Amancio Millan , se "perdió" un tiempo, cruzando a la banda oriental, hasta que se calmaran los ánimos.
Como dice el tango..., "volvió una noche",  oscura, sin luna, las aguas del río se veían negras, el oleaje y el viento eran ideales, no habría moros en la costa, ni guardias patrullando.
El canoero, lo arrimo a la orilla, cobró el viaje y regreso su camino.
Amancio, comenzó a recorrer el camino del Bajo, hasta que vio a lo lejos la primera luz de un farol, era el boliche del turco Flores, donde llegaban, "señoritas" perdidas, por donde entraba el contrabando de sustancias prohibidas, donde terminaba su camino la "trata", con mujeres compradas, o robadas en Europa.  Era la entrada al infierno.
Todo ese mundo envilecido,  sin códigos, ni honor, era aborrecido por Amancio, pero, el no se metía en asuntos ajenos.
Las luces del alba, lo encontraron entrando al rancherio, donde espera su fiel compañera, levantó la cortina que hacia las veces de puerta, en un rincón una vela encendida, iluminaba su foto, oscurecida por el humo del pabilo.         En un catre  tijera, esos que los pobres, arman con cuatro palos en cruz, dormia ella.   La mujer por quien se desgració, y por quien volvió
En el bracero, las brasas  daban ilusión de calor, las cascaras de naranjas, quemándose, arrojaban un olor dulzón, era el sahumerio de los humildes, y la negra pava de aluminio, gimiendo en la penumbra.
Preparó unos cimarrones y convidó a la mujer, que amorosa, lo premio con un beso y una caricia, que lloraron su ausencia.   Afiló su naife en una piedra gris, que humedecía en una palangana, mientras hacia esto, silbaba los acordes de un tango.     Salió a su trabajo, en el matadero, el vaciaba los animales desollados, cortaba sus patas, su cabeza y el rabo.   Separaba las entrañas.
Todo  aquello que los   frigoríficos desechaban, lo llevaba a la ranchada, mas ahora, que tendría que abastecer, a la familia del muerto en el conventillo.   Quedaron dos mujeres solas, su madre y su compañera, tendría que proveerlas, hasta la llegada de un hombre a la casa.       No queda rencor, fue un duelo, los dos buscaron su destino esa noche, y la muerte reclamó lo suyo.
Amancio Millan era un criollo, taciturno y sereno, solo concebía la vida con honor.

domingo, 24 de enero de 2010

TURISTAS

Llegaron los turistas, de regreso,  a casa de su  nonna.
Patitas cortas, primero en la fila, con su mallita eslip, color naranja fluor, de sandalias que le hacian tropesar en el camino de lajas, un sombrero demasiado pequeño para su cabeza,  y un paquete bajo del brazo, estaba del color de la canela, llego a mis brazos con olor de sal y piel tostada..., con olor a mar.
Ese,  "nonna mia"¡¡¡,   que enloquece mis latidos, y esos bracitos, como tallos de claveles, que se enroscan en mi cuello, oh Dios,   que hermoso  es amar .
Candela y Lucas disputaban quien entregaría primero su obsequio, los abrace a los tres, y recibi juntos los tres  regalos.    Torbellinos de brazos, bocas con olor a caramelos, cuerpitos tibios por el  sol , y pancitas hambreadas por el viaje, todos corrieron a la mesa, que esperaba   a cada uno, con un plato de su gusto, choclos asados con manteca y sal, para la gente menuda y asado a la parrilla para todos, mas el postre .
Miraba en silencio esa mesa , llena de alegria y amor, todos hablando a la vez, en su necesidad de entregarme sus vivencias, los platos de mano en mano, el vino generoso, liberando emociones, y yo,  asumiendome, como parte de raíz, de todos ellos.
Yo que creí,  ser paria de la vida y los afectos, que creí,  que mi destino era trágico y final.... aquí estoy , defraudando mis creencias,  dando gracias por lo mucho que he recibido, y viviendo  con alegría,  el tiempo por venir.

sábado, 23 de enero de 2010

LA SALAMANCA

Los viajeros presurosos, buscaban las calles del festejo.
El aire olía a hierbas del campo, el bullicio, las risas y la música,  en su ritmo ancestral, nos llevaban casi en andas a la plaza.
El oro verde era estrujado en todas las bocas, sedientas de bebidas espirituosas, que iban de mano en mano,  en un reencuentro de razas y mestizajes, hermanados por la euforia del festejo.
Sonaban melodiosos los charangos, mas allá, las cajas en tristes lamentos chayeros, celebraban en su llanto, el entierro del carnaval.        Ropas coloridas, caras enharinadas, como fantasmas del pasado,  reían y bailaban,  marcando  su presencia.          Amores de albahaca, coca y chicha,  en la Cacharpaya, la magia se hace presente en cada persona.
En estas noches,  la Salamanca anda de fiesta en las guitarras, en las carpas chayeras, las brujas y chamanes decretaban duelos de cantores y musiqueros, donde la poesía de las letras,  dejó las mejores páginas del folclore regional.
Los duendes del carnaval, poseían sus mujeres esas noches, en arrebatos de zamba, envolviendo  su corazón en pañuelos de paloma,  ellas en el juego de la danza, negaban su pudor detrás de los ramos de romero y albahaca, cayendo por fin, enamoradas,  en los brazos de la tentación.
La brisa  llevaba por las calles, el canto de musiqueros,  que deambulaban la noche, ofreciendo serenatas.
La Salamanca se paseaba por los aposentos, sembrando tentaciones y liberando las conciencias...., la diablada  llegaría a tiempo  a la Cacharpaya.

miércoles, 20 de enero de 2010

GITANOS

Bajando la montaña, venia el destartalado camión, en cada sacudida parecía desarmarse.
A orillas del arroyo, bajo los árboles, se detuvo, de él salían como flores empujadas por el viento, bellas mujeres, envueltas en tules de colores, los cabellos al viento, brillaban como mantos de seda.
Los hombres con el torso desnudo, diligentes bajaban los bultos;  ellas corrieron al agua, recogieron sus faldas y arrojaban agua a sus rostros y sus piernas, el río se lleno de risas y cantos, sonaban sus pulseras y collares.
Las mas ancianas, sentadas en la orilla, fumaban oscuros cigarros, algunas golpeaban las manos llevando el compás
Ardía la fogata, el violín sonaba,  despertando dulcemente la pasión,  los ancianos refugiaron sus recuerdos en la carpa...
Para el trashumante, solo ver la luz del nuevo día, justifica su vida.
Tomaban te del viejo samovar, la pieza mas lujosa del grupo, que hablaba de otras vidas, lejanas en el tiempo y la distancia.
Por la mañana, se levantaban los lados de la tienda, se regaba la tierra y sacaban las alfombras y tapices al sol.
La anciana enseñaba a la joven, los secretos de la quiromancia, mientras otra practicaba, la interpretación del tarot.       A su modo eran hacedores de ilusiones, alegraban con buenas noticias los rostros ansiosos, cuando la muerte rondaba las lineas de la vida y el destino,  o  las cartas mostraban sus figuras trágicas, siempre sonreian, y dejaban a esa persona, quizas la ultima esperanza a que aferrarse.
Ademas las buenas noticias, dejaban buenos dinerillos.
Por la tarde llegarian al pequeño pueblo, y armarian, La Feria del Destino,  donde todo es posible.
Regresaron los trastos al camión, los hombres lucían sus fajas de colores y sus vandanas....,ellas devenidas en ninfas de río y bosque, con flores en el pelo, faldas coloridas, descalzas en la fronda, feliz de su destino.
Subieron al camión, remontando la mañana, los bártulos sonando,  anunciaban la llegada de la buena fortuna.

domingo, 17 de enero de 2010

HELADO DE LIMON



Verano, noche calurosa, los niños después de cenar salen a jugar a la vereda, mientras sus mayores, disfrutaban el fresco y la charla,  en la puerta de sus hogares.
El  farol de la esquina, hamacado por la brisa, jugaba con las sombras.     A  su luz, acudían los habitantes de la noche, las polillas, los cascarudos y  los sapos, que se hacían un festín, los niños corrían en los extremos del circulo de luz, evitando el bicherio.
Entre los vecinos que disfrutaban el fresco de la noche, habia una señora y su hijo, un joven de unos  veinte años, sentado en una silla de ruedas, eran buenas personas, pero no charlaban con nadie, esa era la casa misteriosa del barrio.
Apenas salían, los niños nos acercábamos, y sentados en el piso, mirábamos el ritual.
Todas las noches,  la madre le servia en un vaso, helado de limón, le ponía una servilleta al cuello y un mantelito en la falda, con sus manos baldadas el joven luchaba, por llevar a su boca el dulce manjar, cada vez que lo lograba nosotros festejábamos, el sonreía, y  su madre secaba amorosamente sus babas.
A veces por la excitación no podía lograrlo, nos poníamos  impacientes, hasta que alguno de los niños  le tomaba su mano, y la llevaba a su boca,  era entonces, que cerraba sus ojos disfrutando, y ríos de babas, y lagrimas silenciosas, mojaban el mantelito.
Cuando terminaba su vaso de helado, la madre recogía los enceres, limpiaba sus manos, y sin decir nada empujaba la silla hacia adentro de la casa, nosotros sin movernos, seguíamos esos ojos, que no querían dejar de mirarnos, hasta que la puerta se cerraba.
Entonces, como despertando de nuestra quietud, salíamos corriendo hacia el foco de luz, agitando con los gritos, el bicherio, los sapos saltaban evitando nuestros pies, y los insectos se enredaban en nuestros cabellos.
Con las risas queríamos  olvidar, nos teníamos a nosotros, conteniendonos, sin saberlo, para enfrentar el juego de la vida, donde cada uno, tiene un lugar marcado con su nombre.

viernes, 15 de enero de 2010

UNA HISTORIA SIN NOMBRE

La noche...la brisa traía del río el perfume del camalotal en flor,  a la luz de la luna, se veían pasar los islotes, a la deriva en la corriente, silenciosos viajeros sin destino.
La luz del alba, apagaba el brillo de las estrellas, el hombre en su lento caminar, admiraba el paisaje entre la bruma, que la luz del  día destruía en su crudeza.
El Bajo, el pertenecía a ese arrabal, donde no tener nada, era signo de igualdad.
Donde el orgullo mas grande, era tener una madre, que se ocupara de ese hogar sin hombres, y a la que profesaban toda su  devoción.     La mayoría eran hijos sin padres, las mujeres llegaban de los barrios lujosos donde trabajaban, con la vida latiendo en sus entrañas, la madre a su vez recibía a su hija, rogando que el niño por nacer, fuese varón.
Cuando el nacimiento se producía, la joven madre, regresaba al trabajo, dejando el bebe con su abuela, muchas los criaban como hijos, o sea, que pasaba a ser hermanos, de su madre biológica.
Eran los dueños del río, crecían arrullados por sus aguas
En la única calle, que tenia el caserío, los niños descalzos y semi desnudos... siempre.      En  ese lugar no había enfermos, la muerte se hacia cargo enseguida, no había médicos ni asistencia, 
Desde niños aprendían , que a la vida había que sacarle, lo que por naturaleza les correspondía, solo el mas fuerte lo lograba.
El hombre, siguió caminando, recordando...., el vacío de la ciudad lo devolvió a su génesis, su útero, del que salió un día y no regreso, hasta ahora.
Antes que lo encontraran, buscaba en los recuerdos del lugar, la fortaleza, el honor de ese mundo perdido, en los bajos del río, donde llegaban unos pocos, donde vivían los nadies, aquellos que tenían para perder, solo la vida.
Llegó al final de la calle, lo acompañaban algunos perros, y el primer rayo de sol, sacó sus  manos  de los bolsillos y las extendió, donde el guardia cerro la esposas, subió al furgón, que en su marcha levantaba remolinos de polvo, que tapaban el brillo del sol en el río.

miércoles, 13 de enero de 2010

WIPHALA

Los días se sucedían monótonos en la tolderia, siempre era así en tiempos de paz.
Los guerreros se debían a la acción, y de vez en cuando, cruzaban el río Colorado, a buscar las  pequeñas gamas que abundaban en las estancias, de pastos tiernos.     Si no se daba la caza, ahí nomás carneaban un vacuno, llevando el cuero y los cuartos traseros, lo demás lo dejaban.
La polvareda era como un viento malo que los perseguía, el griterío y los relinchos de los caballos exigidos, competían con el canto de los teros, que levantaban vuelo al paso del malón.
En la tolderia hacían el reparto por familias, que siempre era escaso.
Las mujeres salaban la carne, cortadas en tiras, tasajo, y la colgaban del techo de la carpa, para secarla y conservarla.
El bocado delicioso para el indio, era la carne de potro, su olor es tan fuerte, que se lo consideraba, propio de la raza indígena, ademas su cuero era valioso.
Las pocas mujeres blancas, cargaban con sus hijos mestizados  en sus tareas, silenciosas y vencidas, seguían el ritmo de las nuevas costumbres.
Algunas veces aparecía el amor, y surgía el milagro de la asimilación racial.
Las razas originarias en Argentina , fueron despojadas de sus tierras , y desconocidos sus derechos de sangre.
Los militares que actuaron en la masacre de Roca, y sus descendientes,  se repartieron las tierras que dieron origen a grandes latifundios.
Hoy se oyen sus voces cobijadas bajo la WIPHALA, la bandera  que proclama,  el equilibrio cósmico , la hermandad y la igualdad.
La mayoría de los argentinos desconoce las distintas  razas  originarias, que formaron la mestización europea, que  dieron origen al pueblo que hoy somos.
Las historias se han encargado de "peyorizar", las razas y costumbres nuestras, favorecidos por los deseos europeizantes de los cipayos de turno.
Al  indígena en nuestro país se lo trata, como las grandes potencias, trataban en el pasado a las razas de color, con indiferencia y desprecio.
Hay tanto por decir, sobre el tema ¡¡¡
Solo quiero traer a las conciencias, que un mundo mejor se construye con TODOS, especialmente aquellos que valoran y cuidan, a esa Madre que nos contiene a todos, la TIERRA.


martes, 12 de enero de 2010

ACLARACIÓN

Considero a todo el que llega a este blog, un amigo, amigo  siempre, en el disenso y en las diferencias en que la vida nos puso a cada uno.

Este espacio tiene muchos errores y  defectos, y una sola caracteristica, que trata de difundir, y es la Honestidad y Originalidad de estos escritos, no importa su valor literario.
Son vivencias y recuerdos de personas, muchas existen aun, y de un pueblo, donde el progreso se demora en llegar, gracias a Dios.

Quiero con este breve escrito, decirles amigos míos, que jamas  los estafaría en la confianza y el afecto, publicando una copia, un artículo , un comentario que no sea de mi autoria, o sea plagiando el intelecto de otro.

La Abuela Frescotona, solo intenta mostrar su lugar en el mundo, nada mas, los abrazo.
                          
          

viernes, 8 de enero de 2010

EL HORMIGA NEGRA

El Hormiga Negra, dejaba oír su lamento de venganza a través del antiguo mueblecito de la radio. La mujer sentada en una silla, relativamente bajita, pegaba su cabeza al aparato; mientras zurcía una media, por momentos, detenía la tarea tratando de encontrar las palabras del personaje entre la descarga que producía la estática y la onda de radio que se perdía en el espacio. Terminaba de arreglar una media, sacaba el huevo de onix que ponía dentro, y lo introducía en la siguiente, llevándolo directo a la rotura donde ella retejía la media. Todo este trabajo lo hacía en el intermedio comercial que tenía la radionovela; en seguida, la música orquestada anunciaba las desgracias que traía la llegada del malvado personaje, gaucho matrero y ladino que se complacía haciendo el mal; de ahí su apelativo Hormiga, por lo dañino y Negra, haciendo alusión a su color de piel, demás esta decir, que era el gaucho mas odiado de la comarca.
El locutor anunciaba la llegada del radioteatro, al cine del pueblo, donde ya estaban agotadas las entradas. Ella tenía una.
El  galán defendía el honor de la protagonista, batiéndose a duelo con el ladino gaucho, que siempre ganaba, haciendo las mas sucias trampas; en este crucial momento, la música anunciaba el final del capítulo del día, dejando a la audiencia en ascuas hasta el día siguiente.
Y llegó el esperado día de la representación teatral,  de la novela radial. La larga fila de personas, esperaba impaciente que abrieran las puertas, algunos con sillas y banquitos, pues se vendieron todos los espacios libres del salón y las butacas no alcanzaban. Se apagaron las luces, se abrió el telón y apareció un humilde rancho, un patio criollo, un bracero, un caballo pintado, atado a un palenque y, sentados  tomando mates, el malvado -reconocido por su fealdad exagerada y su color- y la dulce niña -pretendida de amores de aquel- que le  servía mate. La palidez de la protagonista y su belleza angelical  resaltaban su espíritu bondadoso, según los mandatos del guión. La protagonista "chorreó" el mate caliente sobre la negra mano del Hormiga, este reaccionó asestando a la niña un talerazo, para gran horror de la platea, que comenzó a gritarle que dejara de azotarla, la obra no se interrumpía y los protagonistas siguieron el libreto. La tomó de las negras trenzas, justo cuando una silla se estrellaba en el escenario dando vuelta el bracero sin brasas y la pava sin agua.  La batahola, ya incontrolable, entre el gaucho y el público, generó la huida entre bambalinas de los actores, el pueblo quería  terminar con las andanzas de este cruel personaje y seguía tirando cosas.  Al fin, se hizo presente el comisario del pueblo, entre gritos y silbatos, se logró desalojar el teatro, anunciando para alegría de los asistentes que el malevo ya estaba entre rejas; por lo tanto, las demás funciones prometidas se suspendían, habiéndose  hecho justicia.
En medio de la noche, partió el silencioso cortejo de la compañía teatral, los autores, pensaban seriamente cambiar el guión, le darían un toque de redención al Hormiga Negra, convirtiéndolo a la Fe, tocado por la Gracia, que da la catequesis.



miércoles, 6 de enero de 2010

LA MADRE.....Y LOS REYES

El río bajaba serpenteando la sierra, ya en el valle, aletargaba sus aguas en los recodos de arena.
Los niños jugaban en la suave corriente, mientras, abrían caminitos de agua, hacían casitas, y los mas osados , algún castillo, en las formas de sus sueños.
La madre,  cerca, a la sombra de un sauce, golosamente devoraba esa imagen, de niños entregados  a las fantasías de arena y agua.
Tenia en sus brazos un bebe, que plácidamente succionaba su pecho,  mientras que su manita jugaba en su cara,  celoso de lo que esos ojos miraban.
El viento cálido traía alivio y aromas, también alguna mariposa en inútil aleteo por seguir su camino, en el cielo, las golondrinas planeaban las corrientes de aire.  La madre se complacía en su condición de mujer.
El sol en su nadir, sobre la sierra aparecía la primera estrella, el lucero de la tarde, era la hora del regreso.
Los niños caminaban junto a su madre con una canastita, cuando les decia, juntaban el pastito tierno de la orilla del camino, reian y soñaban, por momentos dudaban, -  y si no vienen?-     -si los camellos no pueden pasar las sierras?-        Pero el deseo superaba a la duda, y seguian  saltando  y riendo.
Acomodaron en la ventana los cuatro zapatitos, y dos mediecitas.      Pusieron agua y pasto, y se fueron a dormir.
La madre enternecida miraba esos zapatitos gastados, que ahora brillaban por el lustre, las medias, en el apuro los niños pusieron una de cada color.
Depositó los regalos, echos por ella en las noches, disfrutando por adelantado , el bello día que les esperaba en la mañana .
 Habían pasado los reyes ¡¡¡

lunes, 4 de enero de 2010

EL CIRCO



La vieja chatita, modelo 1936,ronroneaba el motor, al avanzar lentamente en baja.
Sobre el techo llevaba un "altoparlante", tan grande, que visto de lejos el conjunto , parecía un escarabajo toro.
Manejaba el auto un señor, que también hablaba por el micrófono, que colgaba del techo del auto a su boca, en su anuncio al pueblo decía, " Atención¡¡ ,   Atención familias,  llego el circo de TOTÓ- vea el gran desfile de acróbatas, payasos, animales salvajes, mañana por las calles de su pueblo".
Cuando entró la caravana del desfile por la calle principal, las veredas se llenaron de niños, que se unían al cortejo, los dueños de los negocios se asomaban y timidamente aplaudían.
Después de los artista desfilaban los animales, la jaula del león africano, que llevaba en un rincón echado , indiferente al bullicio, un triste y flaco animal rodeado de moscas.  La bella écuyer , sobre un caballo blanco, hacia piruetas que, eran las delicias de los jóvenes.   Y por último  un hindú, vestido con babuchas rojas y amarillas, montado sobre un elefante, que no tuvo mejor ocurrencia que  depositar, sobre la única calle asfaltada del pueblo, una masa enorme de estiércol, justo delante de la carnicería y la farmacia,, con gran disgusto de los comerciantes, y risas de los pasantes.
Llegó la noche, y la fila para sacar boletos era muy larga, en la puerta había un cartel muy a la vista, que con un agregado al valor de la entrada , invitaba a conocer al hombre de las cavernas, la curiosidad  hacia que la mayoría adquiriera  el agregado.    Una vez dentro de la carpa, se podía ver las estrellas de la noche, a través de los agujeros de la lona. El caballo se paraba en dos patas, el elefante levantaba una pelota y un enorme tronco con la trompa, haciendo la delicia de los niños.
Sin duda quien se llevaba todas las visitas , era el hombre de las cavernas, dejaban entrar de dos y tres personas por vez, había una carpa pequeña, con poca luz y en el medio un profundo pozo, adentro estaba el hombre de las cavernas, que gruñía y daba alaridos, sucio y barbudo, abundante cabellera salvaje.
Pasaban los días y el éxito del circo era notable, especialmente la atracción del hombre de las cavernas.
Una noche después de rogar y rogar, nos dieron permiso para ir y ver al famoso troglodita, muy acicalados, y con muchas recomendaciones  de nuestros mayores, salimos para el circo.
Una vez que entramos solo queriamos ver al hombre mas famoso del mundo, y nos pusimos pacientemente en la fila, nos toco el turno y entramos los tres niños, acompañados del dueño del circo, por el peligro, con temor nos acercamos a la boca del poso, nos recibio un gruñido, retrocedimos y prometiendonos quedarnos unos segundos hasta lograr verlo, nos acercamos nuevamente, los tres lo vimos a la vez y los tres gritamos  -BACHICHA¡¡-  no terminamos de cerrar la boca cuando unas manos nos arrastraron del lugar, diciendo en alta voz el dueño del circo, -CUIDADO¡¡,  CUIDADO QUE ESTÁ CEBADO CON CARNE HUMANA¡¡-  y nos sacaron de la función a la calle.
 Camino a casa íbamos pateando piedritas del camino y muy tristes,  no podíamos entender como nuestro amigo se había transformado en el hombre de las cavernas, que seria de él ahora siempre en ese foso, no veria la luz del sol, ya no seria nuestro amigo.
Abuelita nos esperaba sentada en la vereda, corrimos a contarle nuestra pena, de pronto echo a reir,y reir, despertó a los grillos, que se unieron con su canto al bullicio.  Al otro dia, fuimos a ver el circo...solo quedaba la huella de la carpa, todos se fueron y con ellos nuestro amigo, convertido en trasumante hombre de las cavernas. Con ellos tambien se marchó parte de nuestra infancia feliz.





domingo, 3 de enero de 2010

EL ANTIGAL


La llovizna agitada por el viento, formaba pequeñas nubes en los valles. El colla y su majadita de llamas salían del antigal donde, en pleno invierno, solían encontrarse algunas pasturas. Su rústico poncho no alcanzaba a darle calor, aferrado a su cayado caminaba lento detrás de los animales que, por el contrario, marchaban altivos como desafiando al viento que enredaba sus vellones.
Hoy los antiguos hablaron con la voz del viento, en su lamento entre los valles anunciaba el mal, lo malo. Ellos nunca se equivocan.  El poncho no abrigaba los fríos de muerte. En silencio, el hombre del Altiplano, metió las llamas en el redil y entró en su casita de adobe, adentro ardía un fogón echo en un hueco en el piso de tierra, bebió un sorbo de chicha para animarse. En la mañana subiría al antigal, llevaría frutos y algo de chicha, cantaría el canto de los muertos, también dejaría una bolsita con hojas de coca para que puedan seguir andando los valles.
Apenas asomó el alba, se calzó las usutas, encasquetó su gorrito de lana y abrió la puerta a los animales. De vez en cuando sonaba el cencerro de la llama madrina, el eco y el viento lo llevaban por los cerros, anunciando su paso... Llegaron, acomodó los animales y distribuyó por el antigal los frutos, en el medio dejó el odre con la chicha, se sentó y de una bolsa sacó un trozo de queso de llama,  y una tortilla al rescoldo.
Después de compartir los alimentos, con las hojas de coca en la boca formó un acullico, con las pocas que le quedaban, pues las otras,  se las dio a los antiguos. Cuando sintió la inspiración que le trasmitía el lugar comenzó su canto de súplica en quechua, adormeciéndose en el murmullo de su voz.
Cuando concluyó los ritos,  las nubes amenazantes casi rozaban los cerros más bajos, tendría que apurar a la majada, cuidando que no rodaran entre las piedras. En mitad de la bajada llegó el temible viento blanco, remolinos de nieve, dispersaron a los animales, alcanzó a tomar de la correa de su cencerro a la guía de la majada y se refugio en un pequeño alero de la roca .
Cada tanto, hacía sonar la campana para guiar a las llamas extraviadas. El viento comenzó a acumular nieve, cubriendo a ambos hasta las rodillas, el animal vencido se echó y enterró el hocico en la nieve, el hombre se abrazo a ella, buscando calor.
Ya la nieve los cubría, el colla tapado por la nieve no sentía el frío del viento. En ese imaginario calor, de la insensibilidad que da el congelamiento, el hombre agradecería a los antiguos que le habían hablado y trataría de dormir, tenía mucho sueño, esperando que el viento amaine al amanecer.
Cuando salió el sol , reflejaba su luz en los hielos, como un prisma gigantesco brillaba la quebrada. En la ladera, un hombre abrazado a su llama , tenía en su rostro dos lágrimas congeladas, que comenzaron a rodar cuando las iluminó el sol.
Los antiguos no se equivocan, son los restos y los espíritus del pasado, que solo hablan con los elegidos, que creen en ellos.

viernes, 1 de enero de 2010

LA PLANCHADORA

La plancha con su gran boca abierta, recibía las brasas hambrienta, luego la planchadora la cerraba y trababa con el ganchito  al costado de la tapa.
La pila de ropa esperaba por ellas:  plancha y planchadora.
Sobre el amplio mezon extendió la blanca sabana, bordada en fino  ñanduti,   tomó el vaso con agua y se llenó la boca, inspiró, y con toda su fuerza, arrojó el agua por la boca, en un fino rocío  sobre la tela, luego pasó la plancha lentamente secando la humedad.
La sabana quedó lisa y brillante por el almidón, como un fino papel satinado.
La mujer atizó las brasa en el brasero, buscó las mas encendidas y cargó nuevamente la plancha, la tomó  entre sus manos y comenzó a mecerla de un lado  hacia el otro, para avivar los carbones en su interior.
Mientras hacia esto , cantaba, el sol penetraba el emparrado, dibujando el ñanduti con luces y sombras, la suave brisa  de verano acercaba el aroma del tupido follaje, la joven descalza  giraba y giraba , siguiendo su voz, finas gotas de sudor brillaban en su bozo.
Apareció la señora de la casa a supervisar su trabajo, diligente , se llenó la boca de agua y con un rocío fuertemente expirado, asustó a la dama que siguió su camino  sin hacer preguntas, la planchadora seguía  alisando ropa.
En la siesta  el calor apretaba,  los pájaros se bañaban en la fuente del patio, ella tentada ató su pollera a la cintura y metió sus pies en el agua, fresca y cristalina, con sus manos la llevo  hasta su cara sudorosa, humedeció su pelo, eran sus gozos sencillos, solo disfrutaba lo que la vida ponía a su paso.
Salió de la fuente y siguió hasta caer la tarde....con su pollera recogida y su pelo al viento ,regresaba a su mundo, siempre cantando , descalza y feliz.
Ella  era de esos pocos seres, que de la mesa de la vida, solo toman,  un poquito cada vez, nunca dejan la mesa vacía..... siempre alguien viene detrás.

Entre Chivitos

Entre Chivitos

Mateando

Mateando
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