Me siguen...

Traductor

miércoles, 31 de marzo de 2010

MATANZA

El hombre y el niño,  arreaban una vaca, que no quería abandonar el verdeo de avena.      
Caía la tarde, ya se sentía el rocío humedecer los pastos, se levantaban los aromas de la tierra.
El hombre pensativo tocaba con la vara el anca del animal, a cada toque de vara, la vaca , amagaba correr, sacudiendo la cabeza, trotaba dos o tres pasos y volvía a su ritmo cansino, de vez en cuando con su lengua envolvía una brizna , que paseaba en su boca un rato,  antes de tragar.        A lo lejos se escuchaba el llamado de su ternero, al que ella respondía con un largo mugido,  volviendo la cabeza.
El niño con su gomera, colgada del cuello, cuando veía las lechuzas, les tiraba,  haciendo rebotar la piedra en los postes , deleitándose con el vuelo, y el canto alborotado de las aves.
Llegaron a la casa, atáron la vaca debajo del algarrobo, no le dejaron beber, ni comer.       Bajo el mismo árbol había un largo mesón,  con las patas enterradas, para su estabilidad, cuchillos, piedras de afilar, y una chaira.
De una rama del árbol, colgaba una roldana.        El animal, olía la muerte, se movía nervioso alrededor de su atadura, avenó sus líquidos, y guaneó  abundante, el desprendimiento, había comenzado.        Toda la noche el animal caminó alrededor del árbol, antes del amanecer aparecieron los faroles, que se colgaron del árbol.
El animal de pronto quedó quieto, como si una secreta dignidad ancestral, lo convenciera de aceptar su destino.                      Dos hombres de ambos lados del pescuezo, la tenían con sogas tirantes, para evitar que se moviese, sus grandes ojos asustados, brillaban a la luz amarillenta de los faroles, quiso esquivar el golpe, pero no pudo moverse, el mazazo  explotó con sordo ruido, al chocar en su cabeza, dobló lentamente sus patas, y se echó como si fuese a dormir.    Los hombres, rápido enlazaron sus cuartos traseros, con la soga de la roldana, con esfuerzo, tiraban lentos isando a la vaca, sus patas delanteras se abrieron, como queriendo abrazar a sus verdugos, su lengua, chorreaba baba sanguinolenta, al morderla con el golpe.
El animal atontado,  respiraba con dificultad, el matarife apuró el trámite de muerte, y hundió el cuchillo en el cuero,  rebanando las arterias del pescuezo, la sangre bañó las manos y el pecho del hombre, la vaca dio dos mugidos gorgoteantes por la sangre, que, con la fuerza de los  últimos latidos, saltó como el chorro de una fuente.
Los perros debajo del animal, se peleaban por beber el tibio líquido, que caía sobre sus lomos, como un manto carmesí.       Hicieron un tajo en el cuero, desde la nuca hasta las ubres, separandolo de la carne, comenzaron a desollarlo.    Lentamente abrieron el vientre, y sacaron las vísceras, que arrojaron a un tacho, donde otros las limpiaban.    Después cortaron su cabeza, aun con el cuero y las astas, y los ojos mirando espantados, lo que ya no veían.      Con un serrucho, cortaron sus patas.
Los hombres se lavaron la sangre,  avivaron el fuego y comenzó la ronda de mates, en silencio, evitando mirarse.... los perros venían de bañarse en el arroyo, ya sin rastros de sangre.
Una vez mas, el hombre estiraba su mano,  para servirse de la Naturaleza, la crueldad mas grande es, que solo el hombre, es capaz de  negar el alimento al hombre, y hacer de él, el privilegio de unos pocos, ejemplo,  que la Naturaleza, no nos da, ni nos niega.

lunes, 29 de marzo de 2010

UNA PEQUEÑA HISTORIA

La mujer, inclinada sobre el piletón del patio, enjabonaba sobre una tabla,  la  ropa.
Los árboles, desnudos agitados por el viento, parecían temblar ese día gris de invierno.
Mientras hacía la espuma del lavado, en el patio desolado el viento parecía empujar a las gallinas; levantando sus plumas, buscaban algún grano escarbando la tierra helada. Los perros echados, en el refugio de un tronco, se daban calor,  con el hocico entre sus patas.
La anciana —acostumbrada a los rigores del tiempo y de la vida— trataba de darle la espalda al viento, sacudía la ropa y  la estiraba en el cordel; con una mano invisible, el viento, de un tirón la sacaba y ella paciente volvía a estirarla, esta vez, ponía más broches para sujetarla.  Enojado el aire, hacia restallar la ropa.
Las manos rojas, comenzaron a dolerle, los sabañones y la artrosis castigaban a esta gente acostumbrada a los fríos madrugones, y al trabajo rudo.
Ajustó el negro pañuelo que cubría su cabeza y parte del rostro, arregló el delantal, y con él secó la gota de su roja nariz; con preocupación  miró el cielo oscurecido, cargó unos leños para el fogón — en el invierno, ardía toda la noche, siempre con un recipiente de agua caliente; a su lado una sillita baja, donde se sentaba a hilar: un bollito de lana en una mano; con la otra, sacaba hebras que retorcía uniéndolas, hacía un ovillo que guardaba en un canasto.
El fuego crepitaba, sólo el viento daba  música con su silbido. Algunos copos de nieve se filtraban por debajo de la puerta,  y la anciana miraba el reloj en la pared con nerviosismo, haciendo latir sus manos lastimadas, su compañero de vida, su amigo de la infancia, el padre de sus hijos, fue a bajar de la montaña el ganado, y no regresaba.    
Adormecida, la sobresaltó el ruido de la puerta al abrirse, cubierto de nieve, con el cayado en la mano, había llegado su amor. Lo acostó al lado del fuego, quitó sus ropas mojadas, y friccionó sus manos, y pies. El rostro curtido del anciano, sonrió con su boca desdentada; ella comenzó a cantar bajito, solo para él, canciones de amor.
Había llegado la primera nieve, seria año de bienes.... decían los sabios. Amaban su tierra, su gente, su clima, todo los mantenía unidos en el contacto, no imaginaban otro mundo, todo su existir estaba  allí.
Así, de las cosas simples vivía la gente de la montaña, sin otra ambición que vivir para la tierra, dando frutos, y dando gracias por ese privilegio. La anciana seguía cantando abrazada a su hombre, sentía que tuvieron su oportunidad, la Naturaleza se las dio, y ellos aceptaron el desafío de todos los días, vivir.

domingo, 28 de marzo de 2010

EL ABRIGO

El niño, caminaba presuroso, siguiendo el ritmo de su mamá.
Llevaba puesto un abrigo, que mostraba el uso,  de los pequeños dueños anteriores. Para él,  era su abrigo nuevo, el mejor, el mas lindo, tenia en el pecho cuatro botones azules, que brillaban siempre, cuello de terciopelo, y una pequeña martingala.
Estaba feliz, notaba,  como a pesar del apuro que llevaba su mama,  la gente lo miraba al pasar.
Los zapatitos le  ajustaban un poco, y hacían ruido al caminar, mamá le dijo que no importaba, con el ruido de la  retreta, se olvidaría el dolor, por ello quería llegar, cuanto antes a la plaza, los pies le dolían.
El tapadito, le abrigaba bien, de la cintura para arriba, tenia frío en las rodillas, como las medias largas,  su hermanito las usó, les dejó dos agujeros en el talón, le tocó ponerse los zoquetes, que apenas le cubrían el tobillo.
Ya se oían los acordes de la banda, la gente,  animada con sus niños a cuestas, como su mamá, buscaban buena ubicación.           Ay¡¡,  como dolían los pies,  que sonara la retreta ¡¡¡
Sentados en primera fila, con un enorme algodón de azúcar, color rosa, por fin comenzó la música.
Sudaba el pecho y la espalda, los piecitos ardientes, le latían de dolor, con la mano libre, se calentaba, un rato cada rodilla.                   Miraba a su mamá, que contenta se veía, de a ratos le robaba un poquito de azúcar.
Miraba al señor de la tuba,  preguntándose, como hacia para meterse dentro del instrumento, cada vez que sonaban los platillos, las palomas levantaban vuelo, daban un planeo y se dejaban caer, parecía que aterrizarían en nuestras cabezas, finalmente,   se posaban sobre los árboles.
De regreso, la madre le sacó el abrigo, y lo colgó  amorosamente en la percha, cuando se sacó los zapatitos, tenía la marca de las costuras en el empeine, y una ampolla en el talón, pero no dijo nada.
Cuando su madre le dio el beso de buenas noches, la  abrazó fuerte,  fuerte, que lindo día había pasado ¡¡¡
De su cama veía, colgado en el perchero, el tapadito, los botones parpadeaban como sus ojitos, que se cerraron, soñando que paseaba por la avenida, y la gente lo aplaudía por su  bonito abrigo nuevo.

viernes, 26 de marzo de 2010

VANIDAD Publicado el, 27-8-09

Sentada frente al espejo,  la anciana espumaba sus cabellos ,el largo mechon traido hacia adelante de su falda,   era acariciado lentamente,  mientras su mirada se perdia en el espejo del tiempo,  recordando la primera vez  que  peino sus cabellos  de esta manera, en ese tiempo negros como sus ojos ,hoy totalmente blancos.....,el suave bullicio de la charla entre las alumnas,  se desarrollaba bajo la mirada atenta  de la monja,  que se paseaba entre los distintos grupos, se detenía,  escuchaba un segundo,  y seguia su paseo, dejando tras de si ese olor,  mezcla de tizas, cirios e incienso .        El dia era apacible, la noche fue muy fria con heladas,  e invitaba  dejarse estar en esa tibiesa  del sol, en un rincón solitaria estaba la niña nueva,  que por no conocer a nadie, solo se dejaba estar,  y de vez en cuando, solo por hacer algo tomaba entre sus manos el largo cabello, y lo trenzaba y destrenzaba, por momentos se detenia y secaba sus lagrimas, en esos menesteres se encontraba,  cuando la monja se acerco,   y con rostro severo le tendio un espejo,  y dijo-" míralo¡¡-   la niña lo tomo entre sus manitas y miro el espejo,la monja le pregunto- que ves?¡¡¡ -  grabado en el cristal del espejo decía, "esto eres,"  fue lo que la niña leyo en voz alta,   - giralo con cuidado, y vuelve a leer   -"esto seras-"    dijo la niña,   arrojo el espejo y salio corriendo, la superiora   repetía,   - la Vanidad es el peor de los pecados-     levanto el cristal donde habia grabada una calavera,  que recordaba al que se mirara en él,  lo efímero,  de la belleza humana.La anciana nunca olvidó la macabra lección,  por ello, solo se peinaba en soledad.

miércoles, 24 de marzo de 2010

MARIPOSAS.

Los niños jugaban en la calle de tierra, descalzos, la piel morena de sol,  se confundía con el polvo del camino.
La siesta se veía invadida por la visita de miles de mariposas, blancas, verdes, amarillas...
Volaban apuradas, como si llegaran tarde a alguna parte, las alitas parecían moverse todas al unísono, el silencioso cortejo se movía,  como una nube de colores, en movimiento continuo, siempre en la misma dirección.
Los niños felices con la novedosa diversión, saltaban y reían, tenían ramas en las manos, y cazaban mariposas que encerraban en frascos.          Se sucedían los ramasos, las risas, las niñas soñaban con un vestido de colores, hecho con alas de mariposas, daban pasos de princesa, del brazo  de los niños, sus príncipes.
Las viajeras seguían pasando con apuro, algunas detenían su viaje en el pico de las aves, que estaban de maná, otras quedaban en las parrillas de los autos, como diminutos bocados a servirse.         Algunas  se detenían a beber en algún charco, quedando sus alitas,  pegadas por el agua para siempre.
Ya caía la tarde, los frascos rebasaban de colores, los cazadores arrebolados de sol, descansaban, admirando su tesoro, para verlas volar, las ponían cerca de la luz, sus ojitos brillaban  encantados, soñando con vuelos lejanos en alas de mariposa.
La madre, ya anunciaba  -apagar las candela¡¡  a dormir¡¡-
Los niños miraban la luna, que alumbraba  los campos,  el camino,  no había mariposas, habrían llegado a su destino?, donde estarían todas?.              Sentían las alas moverse dentro de los frascos, seguro confundían la luna,  con el sol.
Por la mañana, abrieron los ojos buscando el frasco, el niño lo sacudió, agitando las mariposas, pero estas no abrían sus alas, preocupado, sacó la tapa y volcó el fresco sobre la mesa.......todas estaban muertas¡¡¡
Corrió a avisar a los otros niños, que sentados bajo el árbol, contemplaban los frascos con mariposas muertas.
Las viajeras ya comenzaban a llegar, las miraban pasar, esta vez no buscaron las ramas, apenados,  solo atinaron a salir corriendo al camino, y mezclarse con ellas, que cada vez eran mas, imaginaban volar.
En el piso, yacían los colores desparramados, un golpe de viento levantó las mariposas,  y pareció incorporarlas al resto de miles de alitas, que se iban por la calle polvorienta, los niños seguían entre mariposas soñando, ellas con sus alitas, parecían acariciarlos, dejando en sus mejillas polvo de colores.

lunes, 22 de marzo de 2010

AMANTES

La mujer, cabalgaba al galope, había dado toda la rienda a su caballo, el conocía el camino, tantas noches recorrieron el trayecto, que ambos con los ojos vendados, llegarían.
La luna brillaba en un cielo azul, tan claro, que las tachas de su montura, parecían farolitos chinos,  agitados por el viento.
Su esclavina daba latigazos en su espalda.              Como sombras de espantosa medusa, su cabellera arrebataba el viento, ella,  solo quería llegar al escondite en la montaña,  donde esperaba su hombre.
Llegaron casi juntos, los corceles agitados y bañados en sudor, ellos temblando y sedientos, se abrazaron , sintiendo la urgencia de sus ansias.          El le prometió amor eterno, un castillo en la montaña, donde ella sería reina y señora.       Palabras de poeta,  salían de su boca, la mujer apasionada,  lloraba en su regazo, cada noche de encuentros ella, olvidaba las espinas de esta relación, como una rosa, daba sus pétalos encarnados de gozo, al dueño de su placer.
A la luz  del fuego, brillaban los caballos, listos para partir, uno al norte, otro al sur.
Los amantes relajados,  tejían sueños para dos, las voces eran quedas, las caricias alas,  recorriendo la piel, un "te adoro", escapó de los labios femeninos, en loco frenesí, como el río navegando los saltos de montaña, así,  se amaban cada vez.
El la ayudó con sus prendas, la cubrió con su reboso, y la acompaño,  a subir al nervioso caballo, que escarceaba, mientras sacudía su bella cabeza, ella segura de si, tomo las riendas con la mano izquierda, con la otra, arrojó un beso al viento,  al momento  acicateaba al animal, que daba un salto hacia la noche, llevando su preciosa carga, de vez en cuando el viento,  traía el sonar de los casco, bajando la montaña.
El amante sonriente, feliz de su suerte, montó su nochero, y a paso lento dejó el refugio.
La mujer entró a las caballerizas, y entregó al peón el caballo, subió los escalones que la llevaban directo a sus aposentos, se cambió y recogió su cabello, cuidando que no quedaran en él, restos de hojarasca.
Entró al comedor, brillaban los cristales y la plata, el hombre se puso de pie, la recibió con un beso en la frente, acomodó su silla,  y comenzaron a cenar.
El hombre de pronto sacó su reloj y miró las agujas, ella intrigada,  preguntó "si saldría esa noche", el cortesmente respondió, - que hacia un tiempo, los puesteros del campo seguían un intruso, que siempre se les escabullía en las montañas-.
Esta noche lo vieron entrar, di la orden que no lo sigan,  que lo esperen cuando baje al valle, en una emboscada, y tiren a matar-.          - Creo que ya deben tenerlo-.
La mujer, clavó el tenedor, cuando el cuchillo sajó la carne, la sangre, pintó el plato de rojo, hipnotizada miraba la mancha.
Bebió un sorbo de vino para recuperarse, caminó a su alcoba regando el piso de recuerdos y lágrimas.
Su esposo celoso de sus tierras, siempre atrapaba a los intrusos, tendría que decirle al peón que buscara nuevos caminos,  mas seguros.
Que haría mañana en la noche?,     ya no tenia cita .....

domingo, 21 de marzo de 2010

BÚSQUEDA

El caminante,  miraba la senda  que andaba, curiosamente, no había huellas en ella, sus pies descalzos quedaban en el polvo,  como hiriendo su lisura.
Anduvo antes,  estos lares, el rocío humedeció las hierbas, y su perfume comenzó a levantarse del suelo, el caminante cerró los ojos,  tratando de encontrar el nombre de los perfumes, camomila, cedrón, poleo del campo, romero...          Recordaba sus tiempos de pastor, cuando en el prado,  no había secretos para él.
Quiso volver a encontrar su tiempo olvidado, cuando bajó del transporte, dejó todo el sobrepeso, la valija, el saco, la corbata, los zapatos, y comenzó a buscar,  el origen de sus días de paz.
La noche luminosa, lo encontró en la cueva,  que tantos años guardó sus secretas ansias de salir al mundo, sus días de sol, los inviernos terribles, que incentivaban sus deseos de andar el mundo, buscando el lugar de sus sueños, que aun,  no sabia como podía ser.
Ya no había pastores en el valle, como a él, el ruido de las ciudades, los fue atrayendo,  quedando la mayoría atrapados,  en cielos grises y paredes oscuras, donde el verde,   solo lo veían en plazas.
Las ciudades eran tan frías,  como los inviernos en su valle,  crueles, sucias como nunca vio otro lugar, indiferentes.                      
El orgullo de no volver vencido, lo obligó a la lucha, su cuerpo y salud fueron bien sustentadas en su pueblo, con alimentos sanos, ese era su tesoro ahora,  en la lucha que se había impuesto.      Pasó el tiempo, logró sus objetivos materiales, pero,  cuando se sentó a contemplar su obra, se dio cuenta que estaba solo, su lucha no lo dejó mirar el mundo a su alrededor, el vacío interior lo llevó de regreso, a su valle
Ahora estaba aquí, y los recuerdos no lo reconocían a él, negándole la imagen.                  Que le pasó en el mundo citadino?, las heridas se cerraron absorbiendo las vivencias del pasado? ,  se negaban a aparecer en el presente?.                      Aceptó ser un extraño, mientras andaba el camino de regreso, pisaba sus huellas de ida, estaban intactas, esperando cambiar de dirección, pensó que en la vida,  hay cosas que no se pueden dejar atrás, con el tiempo,  ellas nos dejan a nosotros.
Se vistió, tomó su valija, y subió al transporte,  su pasado, ya no existía, una lágrima lloró su pena de ausencia, esas raíces se secaron.            Su paz, ya no estaba en ese lugar, su meta, era seguir buscando.

sábado, 20 de marzo de 2010

JUDÍOS

Le llamaban el barrio de los judíos, pocas veces nos animábamos a llegar, se decía que robaban niños cristianos, para sacrificios en las montañas.      Ademas se veían distintos, con esas ropas oscuras, sombreros negros, largas barbas, y algunos tenían también, una especie de bucle, a ambos lados del rostro.
Para nosotros pasar delante de la enorme y vistosa Sinagoga, era como pasar por un lugar, misterioso y temible.
Solíamos escondernos, a espiar, cuando los padres llevaban a sus hijos, eran niños vestidos igual que sus mayores, incluso, llevaban el sombrero negro, y debajo el solileo.        Siempre me preguntaba como sostenían en su cabeza, dicho adminículo.
Ahora en mi adultez, veo en la distancia del tiempo y la cultura, la afinidad filosófica de muchos credo.
El error de nuestros mayores, al dejarnos prisioneros de tales conceptos.
Creo que de las historias de las religiones, es uno de los pueblos mas perseguidos y sufridos.        También de los mas abiertamente despreciados, quizás por la administración tesonera de su trabajo y de sus frutos.
Relacionado históricamente con el cristianismo, del que lo separan, ancestrales conceptos teológicos
Es un pueblo guerrero desde su nacimiento, asociando a ese distintivo la gran formación religiosa y la solidaridad para con sus miembros.
Desconozco la profundidad de este Credo, en el que he encontrado personas notables, por su  erudición, vocación de servicio, en las ciencias y en la cultura.          Sus frutos son tan valiosos, como los que he visto crecer en  personas de otras culturas, que reconocen un Ser y Hacedor superior de todas las cosas y seres.
Tienen la cualidad del estudio de los libros sagrados, desde niños se los forma en el estudio de las Cosas Superiores.
Todos poseemos características de razas, cual es el misterio de su rechazo?, no lo se.      Puedo pensar que los avatares de su historia, lleven a este pueblo a aglutinarse, en círculos mas o menos cerrados, para conservar la pureza de su historia y costumbres.
El renacer permanente de luchas ideológicas, y guerras sangrientas.
Lo cierto es que este pueblo como otras civilidades, sigue permaneciendo en el tiempo, haciendo historia y como todo grupo humano, encontramos en el , la diversidad de sus pertenecientes.

jueves, 18 de marzo de 2010

DE FUGAS Y REGRESOS.

La mujer miraba el espejo,  hacia minutos que estaba de pie, nada se movía en la habitación, ella podía oír  el ruido de sus párpados al tocarse, por el esfuerzo, una gota comenzó a bajar por su canal de lágrimas.
Resignada, le dio la espalda al reflejo de su imagen, sentía que algo le estaba pasando, de pronto recordó que tenia que peinarse, se puso de pie y fue hasta el espejo, el le devolvió una imagen lejana y silente, no podía encontrarse en ese pequeño cuadrado de cristal, como un agujero negro, cuando se paraba frente a él, le robaba su imagen, frente a ella había alguien,  se preguntaba,  donde estaba su cara?.
Nuevamente regresó a la silla, no sabia que hacia en ese cuarto.
Se abrió la puerta, entró una mujer, agradable, olía bien, la trataba con cariño, le sonreía, a veces le llamaba madre, mamita, quien sería?.
La recién llegada, no dejaba de hablarle mientras la desvestía, ella como una vieja muñeca, la dejaba hacer, entró en la bañera, suavemente la sentó, recostó su cabeza en el borde y cerró los ojos.    Disfrutaba el agua, los olores, risas...estaba en el mar?, en la piscina?, abrió los ojos y se asustó, que hacia desnuda en el agua?, quien es esta mujer?, de pronto vio a su hija, se sintió segura y feliz, se refugió detrás de sus párpados y no se movió.
Tenía frío  -esta mujer me maltrata, me raspa la piel con estas tohallas ásperas-  la anciana empujó a la joven, que fue a dar al piso, esta se levantó y siguió vistiendo a la mujer, mientras lo hacía,  lágrimas silenciosas caían, y mojaban las manos de su madre, quien miraba las gotas en su piel,  como si manaran de ella.     Miró con dulzura a su hija y preguntó  -señora, por que llora?-   y acariciaba tiernamente ese rostro que tantas veces enjugó.
De pronto se sintió feliz, ya estaba cambiada, con voz dulce preguntó   -cuando llega mi mamá?-  la hija respondió  -pronto-  terminó de peinarla, la niña que era en ese momento se sentó modosita a esperar.
La joven salió y cerró la puerta, rogando que ese momento de espera, no terminara pronto, que la niña sintiese  la esperanza, que presintiera que algo puede llegar, que en su fantasía existiese  un futuro, algo así, como el futuro del pasado.
Regresó con los remedios, la anciana se había dormido, sonreía, seguro le robó al sueño la imagen querida de su niñez y los mimos de su madre, paseando por el parque, como tiernamente, la hija sabia, le tocaría a ella soñar.
Amorosamente, dejó un beso en la frente de su madre

martes, 16 de marzo de 2010

EL FESTÍN DE ATANACIA

La mañana de verano, estaba como la olla de Atanacia en el fogón, caliente, ebullente.
Los higos negros, de puro maduros, tenían su piel rasgada en una blanca sonrisa, de su centro rojo goteaba el almíbar.
Atanacia sudaba, su piel,  era tal cual decía el gran Granadino, "de aceituna y Jazmín".
Cortaba los frutos negros y los arrojaba en la olla, dónde el dulce ya perfumaba la casa.
Con una  hoja de palma, abanicaba el fogón.
Se corría la voz que la tropa rebelde llegaría pronto, esperaban la noche en los cerros.
Arrojo una chaucha de vainilla en el dulce, dos clavos de olor y una cáscara de naranja, y salió al patio de atrás, donde estaba la huerta,  y los corrales de la aves y lo puercos.
Se detuvo a la sombra de laurel, secando su rostro y cuello,  con un pañuelo que sacó del corpiño, dudaba si sacrificaba un cerdo a varias  gallinas,  quería homenajear a los civiles que comandaba Laurencio, su hombre.
Se decidió por dos tiernos cochinillos, que le costó  trabajo atrapar, los animalitos presentían su destino y corrían guarreando, pegados en su huida, cuando ya los agarraba,  los chanchitos se desviaban uno para cada lado, dejando a la cazadora de bruces en el chiquero.
Una nube de polvo flotaba en el lugar, indignada la joven salió del corral y regreso con un palo,  y comida que fue regando, se escondió detrás de los trastos,  y esperó  pacientemente en silencio.    Los cerditos como buenos hermanos, seguían caminando juntos por el caminito de maíz, que los llevaba directo al garrotazo.
Los higos continuaban su cocción, los cerditos limpios  y en su sueño eterno,  lucian apetitosos en la fuente,  decorados con frutos y verduras,  esperando su turno de fogón..
Caía la tarde sofocante, a la vera del arroyo Atanacia lavó su ropa que colgó en los arbustos, luego se fue introduciendo lentamente en el agua cristalina.     Mientras lo hacia, miraba sus pies que avanzaban en la arena bajo el agua.   Se quedó un largo rato en la corriente, los porrazos que le hicieron dar los cerditos le dolían, éstos ya tenían su merecido.
 Vestida, restregó unas flores de lavanda en su pelo negro, y prendió una roja dalia en su talle.
Remontó el camino del pueblo cuando la primera estrella encendió su luz, se oía su canto enamorado en las calles, todos disfrutaban su voz, sabían el motivo de su alegría esa noche.
Tendió los manteles, puso los manjares, los frutos y el mejor vino en la mesa,  y esperó.
Adormecida en la hamaca,  despertó de pronto, el peso del silencio angustió su corazón, camino hasta el portal, ningún ruido anunciaba los echos, regresaba lentamente sobre sus pasos,  cuando el sonido del requinto y el guitarrón, sonaron en la noche con música de serenata.
Laurencio salió de las sombras entonando estrofas de amor, Atanacia cayó al suelo,  en el círculo de su pollera.    Con las manos juntas sobre su boca,  expresaba su adoración al amado.
El grupo de luchadores por la libertad, tenía su noche de paz, amores y amistad.     Los amantes encerrados en el círculo de sus brazos, se juraban amor eterno y entre las sombras del jardín, los aromas que el rocío les enviaba,  envolvían los abrazos de pasión.
Cuando sonó el primer disparo, ambos corrieron al festín .       Las balas entraban en los cuerpos,  cubriendo de rojo los manteles, los vasos de vino rebozaban espuma de sangre, los civiles desarmados,  solo pudieron enfrentar la muerte con honor.
Irrumpieron en la sala los amantes,  en el instante en que la ráfaga unía sus corazones,  en una linea roja de muerte.   Ambos se miraron en silencio,  asombrados de saber como era la muerte, las miradas se sostuvieron en un último esfuerzo por conservar la imagen de sus rostros,  tomados de las manos llegaron al piso sus cuerpos, ellos, ya navegaban la eternidad.
En el pueblo,  el silencio lloraba, el arroyo,  silenció su canto entre las piedras, las lavandas,  como nunca perfumaron la noche, la dalia en su cintura, como sol boreal de media  noche, lucía en todo su esplendor. Los amantes abandonaron el festín.-

lunes, 15 de marzo de 2010

EL VIEJO Y EL PERRO.

El pescador se adentró en el mar con su humilde bote, lo acompañaba su pequeño perro, un botellón de agua, algo de comer.
El viejo motorcito ronroneó, y arrancó con su ruido de motor cansado, todos los días, el mismo grupo de afectos, partía a la salida del sol.
El perro y el hombre, con la cabeza levemente erguida, los ojos entornados por la brisa, se llenaban los pulmones de aire salado, y energía cósmica del sol.
Largaban anzuelos al garete, por las dudas algún distraído pez, quedase enganchado.
Luego en el punto elegido, encarnaban  con pequeñas sardinas vivas, arrojaban el sedal y comenzaba la pesca.
El mar era un espejo, calmo y cegador, con sus reflejos de sol, su silencio era roto por alguna gaviota en vuelo rasante, o el salto fuera del agua de algún pez curioso.
El sol estaba en su zenit, los pescadores del bote, sentían el sol como plomo ardiente en sus cabezas, pero no querían regresar sin la cena, el anciano siempre soñaba, como el viejo del mar, que encontró su gran pez, quería llevarlo al muelle y que todos lo viesen posar con el y su perro.
Últimamente estaba tan desganado..., le costaba llegar a la hora del regreso, cada día partía un poquito antes de la hora habitual.
Su perro lo miraba con sus ojos lagañosos y húmedos, por momentos con tanta intensidad, sentía que le trasmitía algo que no lograba entender.
Cuando se sentía débil, miraba al pequeño can, y se sostenía en su mirada, que el animalito reforzaba con una lamida en la mano.
De donde estaban se divisaba la costa, al no poder arrojar el ancla por su peso, la marea los iba regresando, no habían sacado ni un pez, encorvado sobre su caña el hombre, pensaba en los días de otoño, cada vez mas cortos, la bruma no lo dejaba ver mas allá del bote, decidió regresar, el ronroneo del arranque enmudeció, lo dejó descansar unos minutos, seguro estaba ahogado el motor.
El perrito saltó a sus piernas, dándole ánimos,  el anciano lo acariciaba, sabía de mareas,  y que de última,  ésta los llevaría a la costa.
Resignado, se adormeció, el animalito inútilmente lo miraba, lamía  sus manos, con un dulce ladrido temeroso, por fin se acomodó entre sus brazos,  con manchas de sal y sol.
La marea cumplió su cometido,  dejó el bote en la playa,  encallado en la arena.
El caminante llegó al bote, que parecía abandonado, en la popa tenia aun, dos cañas con anzuelos, el anciano que parecía dormir, cuidaba  la gran caña en su sostén del bote, de su extremo pendía un pescado, de regular tamaño,  ya hinchado por el sol y las moscas.
Lo único que se movió fueron los ojos del perro,  en la falda del hombre, que ignorando a la gente que se acercaba, los cerró y siguió durmiendo.
Pasaron los días, en el viejo bote esperaba todas las mañanas, inútilmente,  su salida al mar un perrito, que entornaba sus ojos mirando al sol,  cuando subía la linea del horizonte.
Cada marea le llevaba alguna tabla del casco  al bote, sus habitantes felices, cangrejos, aguas vivas que traían las olas, caracolas..., las gaviotas lo tenían de parador en sus viajes a la costa.
El perrito siguió esperando a su capitán en el viejo bote, hasta que una borrasca, una noche lo desenterró de la arena,  y  se llevó la destartalada nave mar adentro entre relámpagos, viento y lluvia, se oían los ladridos del perrito, que corría saltando y agitando su cola contento, su capitán había regresado...
Una gran ola los llevó a su cresta, y en un relámpago desaparecieron, en un viaje sin retorno.

viernes, 12 de marzo de 2010

LUCES DE NEÓN

Siempre me parecieron tristes las luces de neón.
Cuando las ciudades duermen, son los únicos fantasmas que dialogan en silencio, guiñando su gas.
La mujer sobre unos tacos enormes, caminaba lento, arrastrando su carterita de plástico.
Parecía soñar, mientras aspiraba su cigarro, las volutas la envolvían jugando con su pelo alborotado, dando un aura clara a su rostro en sombras.
Cada vez que movía sus brazos,  sonaba el oropel de sus pulseras.
Toda esta imagen le llevaba tiempo prepararla, conocía las emociones humanas, sabia como manipularlas, el placer, el amor fingido, el dolor.
Ella que contenía todas las ansias, y deseos de los demás, nunca encontró su contenedor.       Tomaba su trabajo, como una vocación de servicio.
Se instruía, leyendo libros que favoreciesen su relación, con las distintas patologías de sus clientes, el amor y el sexo, sobre todo, eran frutos de nuestras experiencias  y atavismos, no siempre favorables a una relación.
Algunos llegaban vacíos de todo, solo tenían para dar,  dinero, y lo que es peor, no se llevaban nada.
Era la eterna búsqueda de amor, de gozo, de paz interior, cosas que solo podía darlas, quien las poseyera.
En los años que llevaba en su trabajo, aprendió a dar, solo por dinero, los corazones sensibles, no triunfaban en este trabajo.
Aun así, con toda su preparación,   había  noches como estas,  en las que no quería llegar a su casa, caminaba   solitaria bajo las luces de neón, mirando  los colores de los anuncios, hasta quedar limpia de la pena y el dolor de los otros.
La vida es tan simple, si solo hiciéramos lo que mandan los sabios,  solo dar, ese es el secreto, DAR,  entregarse en cada acto hacia el otro, sentir la piel de su Alma, el llamado de su corazón
Los humildes, aquellos que la vida acorraló en su destino, han ganado mas que los poderosos, es muy difícil que pierdan su sensibilidad, con el corazón siempre en carne viva.
Los otros con sus placebos, adormecen su razón y sentir.
La calle mojada, el frío calaba la piel de sus piernas, detrás de las medias de red, apresuró el paso, después de todo,  ella no podía cambiar el mundo.             Abrió la puerta,  como todos los días sus amores, su hijo pequeño  y  anciana madre dormían, sobre la humilde mesa, la esperaba un plato de comida, amorosamente preparado.
Vació la carterita de plástico, en silencio comía, los muebles crujían de vez en cuando, aturdiendo el silencio.
Era en esos momentos, en que se sentía como un pastor cuidando el  rebaño, agradeciendo lo mucho por lo que podía luchar y vivir.

jueves, 11 de marzo de 2010

EL HACHERO

Índigo,  es el color casi imposible de plasmar en una tela, es un color en movimiento continuo, virando su matiz en el ocaso.
El disco solar asomaba en el horizonte, mostrando su corazón de helio
El hombre descalzo,  torso desnudo, caminaba cansino, con el hacha al hombro, se detuvo frente a un árbol rodeado de virutas del corte, solo le faltaban unos golpes  y caería.
Escupió sus manos el hachero, y tomó su herramienta de trabajo, a ritmo lento y continuo, comenzó su tarea.
Los insectos se amontonaban a su alrededor, mosquitos, tábanos, y moscas, atraídos por el sudor, el hombre indiferente, seguía en su tarea, de vez en cuando sentía  el aguijón en su espalda,, con una rápida palmada, aplastaba al agresor dejando una mancha de sangre, esta atraía con mas empeño a los demás.
Las gotas de sudor, cambiaban de color cuando arrastraban los restos del insecto y sangre, que bajaban  por la espalda,  y caía,  bañando la raíz de la planta en el piso.
El hachero se desangraba con el árbol, solo que  el hombre duraría de pie, un tiempo  mas, la tuberculosis, la malaria, y otros parásitos, minaban lentamente al trabajador, que como la planta, no se entregaría,  hasta el final.
El hombre por el hombre, se destruía, degradando su hábitat, depredador por naturaleza el humano, en su afán de progreso, destruye sin conciencia.
El desmonte de bosque, hiere de gravedad a la Ecología, sin árboles,  todo se derrumba.
El hachero morirá sin ver las grandes máquinas, arrasar bosque enteros, en el tiempo en que él, talaba un árbol.       En la tala  se corta el árbol a centímetros del suelo, en el desmonte, se lo arranca de raíz, degradando mas la tierra.           Con las máquinas, desaparecen los hacheros,  y sus familias fueron arrancadas de su inclusión, como las plantas,  y arrojadas con sus cuerpos enfermos,  a hacinamientos que aceleraron su fin.               Este grupo de hombres, representó en su momento,  las grandes luchas por los derechos de los trabajadores,  explotados por grandes multinacionales en los bosques.
El quebracho  caía lentamente, como mirando por última vez su bosque, tocó el suelo con sordo estrépito, se sacudió en dos o tres rebotes, y quedó tendido en el piso, mirando su raíz.
El hombre escurrió gotas de sudor de su cara, con la mano callosa, tapó un orificio nasal, con  su dedo
 pulgar, y desocupó su nariz de fluidos, limpió su mano en el árbol caído, cargó su herramienta, justo cuando el sol, pintaba de índigo la tarde.
Recién comienza la lucha en la ecología moderna, que le espera al hombre en su  deseo de avanzar sobre los pulmones del mundo ?-              Podrá la razón,  superar la asfixia del planeta?-

martes, 9 de marzo de 2010

EL PASTOR

El pastor,  sentado en la punta del cerro,  veía el valle a sus pies.
Las cabras, también parecían estar bajo el influjo de la hora, silenciosas, algunas  reposaban, rodeando al hombre con esa mirada resignada,  a la que nada parecía asombrar.
A lo lejos se  escuchaba el tañer de la campana, anunciando la buena nueva, en el pequeño convento, todo se detenía por unos minutos.
Algún pájaro rezagado  planeaba su último vuelo del día, en el cielo multicolor.
Todo el entorno traía recuerdos de tiempos de luchas, cuando los desencuentros de ideas, eran metáforas de sangre y muerte.
En el mapa de los sembradíos de los campos, había uno que siempre estaba yermo, y en el que se observaban algunas ruinas, de lo que alguna vez fue.
Mira el cuadrado de tierra, y los recuerdos cobran vida y color, esta era la hora en que todo pasó, bajaron de los cerros fusiles y uniformes negros, como fantasmas de un mundo oscuro, dejando a su paso deshonor y muerte.
Esa tarde la familia se disponía a terminar el día como siempre, encerrando las majadas en los rediles.
Las mujeres en la casa terminaban el rezo del Ángelus, y encendían las lámparas, en la cocina, las  ollas ya anunciaban con su aroma el contenido.
La madre, extendió los manteles blancos  en la cena del sábado, anunciando el día de descanso.
Sentados en amable sobremesa el padre anciano, presidia la cena, su madre y sus hermanas comentaban los echos que se sucedían allá lejos,  en las sierras, tranquilizando la madre a las hijas, diciendo,  -Nadie llegaría a este lugar donde solo hay cabras-
Fue en ese momento que la barbarie se arrojó sobre la familia, irrumpiendo los hombres y las armas, el anciano, imagen de respeto y cordura, en el mismo intento de ponerse de pie,  fue abatido, reventando en su camisa blanca,  un clavel carmesí.
La madre enloquecida de dolor, fue acallada  en sus gritos por terribles golpes, el y sus hermanas, paralizados de espanto eran arrastrados  de los cabellos hacia el patio, lo último que vio, fue la mesa tendida y la muerte en la silla de su padre.
En la lucha recibió golpes y heridas, que hicieron que lo diesen por muerto, se llevaron las hermanas, nunca mas las vio, solo supo que llegaron vivas al pueblo vecino, donde la voz popular cree fueron fusiladas  con muchos héroes civiles.
Todos los días, el y sus animales estaban en ese lugar, reviviendo el horror, nunca mas levantó el solar, nunca regresó, el quedó como la tierra que veía, todo ruinas, vacío y sin frutos.
La historia,  le debía su cuota de sangre,  apostada a la libertad.
Ya no había pájaros en el cielo, el lucero de la tarde, anunciaba la noche, de su morral sacó un trozo de queso y pan, cortó con el pequeño cuchillo un bocado, colgado en el pecho, llevaba el odre, sorbió un trago de vino áspero, y se dispuso a esperar el día.

lunes, 8 de marzo de 2010

MUJER

Dicen los que saben que fue creada del costado del hombre, de una costilla, no se...
La cuestión es, que desde su origen, ella fue creada por necesidad, "no es bueno que el hombre esté solo"...
Imagen mítica si la hay, por todos los dones con que fue dotada, sobre todo , su corazón.
La capacidad de dar vida, le pertenece, mas allá de los milagros de la ciencia.
Ella es capaz de matar y morir por amor..... también por odio.
Hacedora de historias bellas, y actos heroicos, no hay bravura, ni  héroes, que al dejar este mundo, no pida sus brazos, no clame su nombre.
La historia, le debe muchos lugares, en este mundo a la mujer.
Nunca se creará un invento que remplace el amor de una mujer, nada suple la fortaleza de ella.
En el campo en  que se ponga una de ellas, siempre descollará la practicidad, la simpleza y la efectividad de su obra.
Aun sojuzgada, ella no pierde su grandeza
Dios necesitó de ella, para su misión terrenal, la mujer es base de los actos del hombre, tan grande es la mujer como Ser, que es invencible en su condición, se puede imitar su belleza, nunca su esencia.
Además tiene un don extra, la Ternura, que induce a los demás, a los actos nobles de la vida.
Los detractores de sus luchas, y sus logros, nunca podrán con ella.
Es el fusible entre Dios y el Mundo.
Es el punto de la Creación ante el cual, todos nos inclinamos, exigiendo su atención.
Es la necesidad inherente al hombre  como Ser.
En este día, desde mi corazón de mujer, agradezco mi creación y mi función en el mundo.
Nadie sabe quien soy, que hago, mi vida es pequeña, pero muchos dependen de mi existencia, para ser felices y crecer en cuerpo y espíritu, eso me basta.
Las   mujeres, aun a aquellas,  que se les prohíbe mostrarse como tal, a la que cumple la labor mas insignificante, a la que sufre, que llora y ríe, aun así,  no dejan  que el mundo las  ignore.
Feliz día Mujer, donde quiera que te encuentre la vida hoy.

jueves, 4 de marzo de 2010

LA TIERRA DOLORIDA

Como un ave nocturna de mal agüero, la nube cubría la ciudad, los perros aullaban su angustia a los cielos, el ganado se paseaba nervioso en el corral.
Dentro de la casa la familia dormía el merecido descanso, de una semana de trabajo.
Sábado en la madrugada, algunos trasnochados disfrutaban,  la reunión con amigos, los amores.
Otros,  solos en su vida, pensaban como enfrentar,  otro día de domingo.
En algún lugar de la casa, la gota dejó de martillar, el reloj de pared, suavemente comenzó a desbalancear  su eje, hasta que también dejó de latir.
Solo la respiración de los que dormían seguía su ritmo.
Los colgantes del techo suavemente comenzaron a mecerse en un creciente vaivén.
Los ruidos cotidianos cesaron y se abrieron las puertas del pánico, como un ariete enorme, y con él, el sordo ruido que lo arrasaban todo.
Los que pudieron despertar, corrían en la oscuridad, hacia los espacios libres, dentro de ese caos, solo se oía el crujir de las paredes, los escombros chocar en el piso, la tierra como una fiera, despertada en mala hora, tiraba zarpazos abriendo grandes grietas en el suelo, sacudía su lomo , sacándose molestias, una y otra vez..
La tierra saltaba como un niño sobre el elástico, de pronto avanzaba como una ola en el mar, el cambio de ritmo abatía mas rápido a sus habitantes, seres vivos, estructuras ajenas a su naturaleza, todo se rendía a su voluntad, era tan grande el pánico, que no se oían gritos, solo el bramido de sus entrañas, donde extraño magma quemaba, agitando la corteza.         Minuto fatal, donde corazones e ideas eran uno, sobrevivir¡¡¡
Muchos quedaron sin domingos eternamente, algunos postergaron sus planes, todos cambiaron sus vidas.
La luz mística de la Fe unió los credos, todos unidos en un solo clamor, DIOS.
Todas las culpas afloraron, apareciendo pecadores golpeando su pecho, todos los jueces se acusaban a si mismos de sus olvidos morales, la tierra seguía temblando,  agitando conciencias.
Por fin se llamó a quietud, tierra y moradores  quedaron agotados por el esfuerzo, y el espanto de semejante poder, escarmentará el hombre?.
La tierra le quita todo,  a algunos hasta la vida, pero no, el hombre no conoce en su egoísmo,  razones que justifiquen su despojo...., y así  la  GAIA sigue azotando a su invasor, abusivo de ella y sus dones.
El hombre y la tierra, se desafían mutuamente en su poder, solo que el daño del  humano,  es definitivo en el  medio, la tierra como madre que es, solo castiga de vez en cuando, mostrando siempre el poder de su fuerza, solo mostrando...., llegará el día,  en que nos arroje de su  cálido cuerpo a la oscuridad de los tiempos?

martes, 2 de marzo de 2010

MORIMOS ?.....

Tembló levemente la mano, cuando bajó a ese rostro yacente, dudó un instante, temía que el suave contacto rompiese la estética armonía, en un gesto de sorpresa.
El conocía todas sus expresiones, muchas fueron originadas por él, como la sonrisa insinuante, prometedora de frívola risa, en la coquetería femenina.
Esa coquetería que estimulaba su  espíritu de conquista viril.
El gesto de indefinido goce, entre la angustia, el placer y el dolor, de esos dulces momentos mientras descubría su sensibilidad, estudiando sus facciones.
El , que fue su maestro de vida y carácter, que formó su exquisita forma de recibir amores, veía como el Sino fatal, trataba de llevarla a su mundo de sombras.
El hombre,  pálido,  no terminó de bajar su mano,  en el sueño alterado de fiebre y dolor, temía ver la cara de la muerte.
No puede anidar la muerte en ese cuerpo lleno de vida y de pasión, donde la alegría de vida, contagiaba al mundo su razón de ser.
El  amante aferrado a  la imagen, no encontraba alivio a su dolor, se preguntaba,  -Es que había Algo superior?- Adonde trasciende el amor?-   Adonde la vida, después de esta vida?-
El mundo de materia se agotaba ante sus ojos, al fin las yemas de sus dedos se posaron en la piel, lo primero que notaron fue la laxitud del musculo inerte, vacío de vida,  - Quien robó su soplo vital?-
Que mundos existen dentro de esta materia que nos cubre,  y a la que nos aferramos, aun sabiendo de promesas de paraísos y edenes, de felicidad y goces sin fin, aun así, nos negamos a esas promesas, por el efímero presente de un amor material, que se concreta en el milagro de otro Ser.
Puede el Ser tener tanta nobleza en sus sentimientos, que estos sean capaces de originar vida?.
Acaso no somos vectores del Cosmos Superior?, me pregunto por que podemos originar una vida, y no podemos detener su destrucción?.
Tendrá la muerte envidia de la materia?.
Será la nada queriendo materializarse en el hombre?.
El rostro perfecto, ya tenia la dureza y blancura de mármol, su frente,  solo marcada por un surco de sufrimiento, sus labios solo una línea, levemente apretados,  como protestando la desición fatal, sus ojos tapados por siempre, vacíos de luz.
Solo los cabellos, levemente agitados por la suave corriente de aire, mostraban su rebeldía  a la quietud eterna.
Se fue alejando lentamente, buscando el calor de un rayo de sol, es tan fría la muerte, que donde Ella entra,  todo se congela.
Es un acto único e inconmensurable Morir, tan cotidiano y común,  como Nacer, nos aterra su carácter definitivo y de nunca jamas.
La muerte es la puerta del pasado, todo Fue.

Entre Chivitos

Entre Chivitos

Mateando

Mateando
Se ha producido un error en este gadget.