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miércoles, 29 de septiembre de 2010

EL DESERTOR.

Remonta la luna los cielos del alba, se despide el lucero lanzando destellos, una nube oscura sigue su silencioso viaje.  El hombre en la tierra cuenta sus pasos, como restando ímpetu a las ganas de llegar.
El aire cálido zumbaba en sus oídos, traía los aromas de la naturaleza, que comenzaba a despertar.  Vestía ropas de soldado, cargaba un viejo fusil y un morral, además un zurrón lleno de historias atroces, y penas encarnadas.
Se tranquilizó cuando encontró el viejo sendero,  que usaba desde niño para llegar pronto a su casa.
A medida bajaba la luna, subían las nubes anunciando la tormenta.   Recordaba las lluvias de verano, cuando su madre bendecía al cielo por el agua, tan necesaria en esas tierras de labranza.  El aire se humedecía rápido anunciando la tempestad, ya no había animales en los campos que retocen,  celebrando el fenómeno natural, ni espigas, esperando ser pan, todo fue decomisado por el ejercito, para alimentar a las tropas.
La hambruna, como la tempestad que llegaba, se cernía  sobre todos.  Ya nadie sabía los fines de la lucha, confundían y envilecían los ideales, ya no había héroes.  Los soldados sin mando,  deambulaban  por los pueblos, robando y asesinando, otros como él, solo querían llegar al refugio de su hogar, y retomar la vida y su familia.
Divisó la hacienda, ya nada le impidió correr, arrojó el arma, el morral, reía y lloraba.  Veía la chimenea humeante, seguro su madre y sus hermanas se prestaban a desayunar, imaginaba el rostro de la madre al verlo, la algarabía familiar.
Llamó su atención,   que los perros pastores no salieran a recibirlo con sus ladridos, pasó el encino, los vientos de tormenta ya agitaban sus hojas.  Una voz gritó-"Alto desertor"-  Y una bala rebotó a sus pies, miraba la puerta esperando que todos saliesen, y dijeran quien era él, salió un militar, que lo miró con deshonor, el joven gritó soy un soldado de la patria, este es mi hogar, aquí está mi familia...
En los campos vacíos de labor, hizo eco el disparo,  que atravesó el corazón de niño del soldado.  La lluvia, como una madre amorosa, lavaba la sangre de sus heridas, que corría como río por los campos,  denunciando el crimen, los truenos callaban el clamor de la tierra herida.
El hombre usando como escudos,  la Paz y el nombre de Dios, asesinaba  en nombre de la patria.

martes, 28 de septiembre de 2010

PENSAMIENTOS .

Devuélveme la vida, regrésame el corazón
tengo este cuerpo  que deambula,  la noche y el día
llorando tu ausencia, llamando tu nombre.

Donde estás ladrón de amores,
encantador de sueños...

Regresa un día al brocal de mis manos,
abreva tu sed en mis aguas claras.

Refresca tu rostro del largo viaje
retorna al solaz de mi amor.

lunes, 27 de septiembre de 2010

SIESTA SANTIAGUEÑA.

En la siesta ardiente de Santiago del Estero,  el niño sentado bajo el algarrobo, buscaba las notas en la guitarra.
Probaba los tonos, ensayaba la voz.
A unos metros humeaba el horno de adobe, la mujer quebraba con sus manos las ramas de espinillo, leña noble y olorosa, que abunda en zonas de lluvias escasas.   Las llamas en furiosa intensidad,  coparon el interior del pequeño domo y  asomaban por la tronera, con una vieja chapa tapó la boca del horno, y dejó consumir la leña.  Se dirigió a una mesa al lado del changuito guitarrero, y destapó un bollo de masa, varias veces la levantó y arrojó con fuerza sobre la mesa, luego acariciándola, comenzó a sobarla.  Al ritmo de la soba la mesa crujía, con una mano tenía, con la otra estiraba la mezcla, la traía hacia sí, y volvía estirar, la daba vueltas en sus manos y seguía...
Su rostro disfrutaba la tarea, mujer joven, con el rostro y los brazos quemados por el sol, cada vez que se inclinaba, su escote mostraba  su piel, tan blanca como la harina del pan.
Por fin el niño encontró la música, y sonaban en el aire ritmos de chacarera.  La madre sin dejar de amasar sonrió, y lo siguió con el tarareo, le dio forma al pan y lo preparó para el horno.
El sol de la tarde demoraba su partida, las chicharras felices,  aturdían con su canto acompañando a la guitarra.
Metieron el pan al horno, y se sentaron a matear.  Por fin la brisa llegó, a lo lejos arrastraba los abrojos, que rodaban apurados, por llegar a ninguna parte.
Sacaron las piezas doradas, la madre cortó una rodaja y la ofreció al hijo, que goloso olvidó la guitarra.  Ella solo miraba sorbiendo el mate, el amor a veces es así, solo silencio.
En los pequeños actos cotidianos se manifiesta y se entrega, tan natural y necesario, como el pan.





Dedico este humilde escrito a mi querido amigo Daniel, poeta exquisito.

sábado, 25 de septiembre de 2010

TORMENTA EN LA PAMPA.

Cruzó el cielo un relámpago y estalló el trueno, el caballo se inquietó, presintiendo la tormenta.  El cielo de la pampa mostraba oscuros nubarrones, de pronto nubes blancas, apuradas por el viento pasaban bajas, como huyendo de la tempestad.  Los pastos se inclinaban hacia el norte, con ráfagas del sur, algún pájaro luchaba por llegar a su nido.
En la inmensidad todo olía a lluvia, los ollares del animal se desaforaban olfateando el aire.
El hombre ajustó su sombrero, envolviéndose en su poncho encerado.  Al caer las primeras gotas espoleó a su caballo, que entró en galope tranquilo, el perro corría adelante, de vez en cuando se detenía a esperarlos, como reclamando apuro.  Cuando  divisó el rancho a lo lejos, se despegó de la compañía de hombre y caballo, y no se detuvo hasta llegar.  Estalló un trueno lejano, trayendo el eco rodando la planicie, y con él se desató la lluvia y el granizo, que golpeaba el rostro del jinete y la cabeza del caballo.
Entró montado al refugio de cañizo, al lado del rancho donde guardaba sus aperos, montado esperó que amaine, el perro se echó sobre unos cueros, tratando de sacar con sus dientes, una espina de la pata.
El olor de las hierbas castigadas por la pedrea, invadió el aire, predominaba el aroma de hinojo.
Todo a la vista estaba blanco, cubierto por el menudo granizo.  El silencio llenó todos los espacios, y una briza helada,  llegó con el oscurecer de la tarde.  Largó el caballo y se adentró a la tibieza de las paredes de adobe, en el fogón, humeaba la pava, preparó su mate cimarrón, arrojó una leñita seca a las somnolientas brasas, y por fin descansó del largo día, que como él,  ya se adormecía en la noche.
Algún trueno retumbaba, una nube demorada dejaba caer gotas a su paso, la naturaleza llamaba al descanso.
El hombre, el caballo, y el perro, los tres elementos de trabajo en la pampa, dormían.

viernes, 24 de septiembre de 2010

POLLITO HERIDO

Escuchaba desde el otro cuarto a mi nieto lloriquear, y suspirar, me acerqué a espiarlo.  Estaba arrodillado en la cama con el pollito, en realidad es un canario, Twiti, había descubierto que su compañero de cama, tenía una rotura en su ropita, lloraba por la herida de su amigo.
-No llores la abuela lo arregla-  La magia de las palabras, su cara se iluminó, con la ternura de la inocencia  me lo confió.
Corrí a buscar mi costurero, una vieja lata de galletas, a la que mis hijos cuando niños, le habían perdido la tapa.
Busqué hilo amarillo, demoré en enhebrar la aguja, el paciente esperaba con sus grandes ojos celeste desmesuradamente abiertos.  La herida era posterior, se extendía desde la nuca, a la espalda, junté los bordes y cosí varios puntos reforzados.  Pollito, quedó con su traje de paño arreglado.
Su dueño me miraba como una hacedora de milagros, lo que no impidió revisarlo y como Tomás, tocó la invisible costura, cuando comprobó la buena salud del plumífero, lo abrazó y acomodó a su lado.
Al rato voy a mirarlo, me siento en su cama, su cuerpito  macizo y redondito, se prende a mi cuello, le gusta quedarse en silencio, que yo lo apriete, y le dé piquitos con ruidos en la mollera.  Pollito, desde la almohada miraba celoso, mientras su dueño, recibía,  su cuota diaria de mimos.
¡ ¡ ¡ Pensar que mañana serán hombres¡ ¡ ¡

miércoles, 22 de septiembre de 2010

VIAJE INTERIOR.

Me gusta visualizar en mi interior los seres, y las cosas que amo.
Tomo la posición que ayude a relajarme, buscando el ritmo de mi respirar.  Lentamente comienzo mi viaje, entro en mi dulcemente, acariciando la materia que me da la forma visible de persona.  Me preocupo por el funcionar de cada músculo, en sus rojas fibras, mis huesos, ya gastados, recorro sus bordes y orificios, y el paquete nervioso que inerva, irriga, y sostiene la estructura.
Me maravillo cada vez, ante semejante perfección, y el genio creador de su Autor.
Sigo subiendo en ese mar de vida, oyendo sus movimientos, interpretando sus funciones.   Con la materia entregada se abren las puertas,  dejando fluir en un viaje de ida y vuelta, las vibraciones del espíritu que alejan del mundo terrenal al cuerpo, que entra en un estado ideal dejando que la espiritualidad, ocupe todos los espacios.
Recién entonces entro al mundo de luz, que es mi centro en ese momento, mi mente, donde te busco, sabiendo que me esperas, para juntos, crear el paraíso donde somos felices y libres, donde no existe mal, ni  bien, todo es equilibrio natural, todo es merecido, la armonía es la música que rige los principios.
Lentamente recobro los ritmos, y salgo de ese mundo rescatando a mi cuerpo, que paciente, y relajado espera mi retorno, para insuflarle movimiento.

martes, 21 de septiembre de 2010

SOMBRAS.

Las notas del piano, viajaban por el huerto como mariposas invisibles, sostenidas en su tono,  por las manos de la joven, que a puro tacto, y sin poder ver la luz del sol, así,  imaginaba el dibujo de la música.  Como una imagen que se desprendía del sonido,  y viajaba por el aire, transformando todo lo que tocaba,  con la magia del movimiento perpetuo.
La niña ciega no conocía la luz, ni los colores, solo sabía de aquellos puntos diferentes,  que aparecían de vez en cuando girando en sus ojos, y que ella ignoraba  eran reflejos nerviosos,  heridos por la luz blanca del sol, como queriendo abrir sus pupilas.
Segura en su mundo de sombras,  era feliz.  Acariciaba las teclas, dando gracias por el don de la música, que deleitaba sus horas.
Cuando sonaba el piano,  las aves del huerto no dejaban de posarse,  y competir con su canto animadas por la música, ella sonreía improvisando, imitando el tono de las aves.  Oía el movimiento, el batir de las alas, los ventanales dejaban entrar el sol, que daba en su rostro.
Tocaba y se dejaba llevar, como le gustaría ser como esas notas que viajaban por el aire, y llegar a todas partes.
El dolor en  su cabeza,  refleja en sus ojos un Big Ban de reflejos y colores,   la asustaron de tal modo, que perdió el conocimiento.
Los médicos explicaron el por que del milagro, que todo estaba bien.   Pero ella,  ya no podía tocar el piano.
La visión le marcaba otros rumbos a sus dedos, no podía producir música, ya no imaginaba las notas.
En el aire, solo había aire, sin música,  los pájaros no cantaron.
A la niña de bellos ojos, se le perdió su mundo de sombras,  donde era feliz, sus ojitos se cansaban de mirar tantas cosas, a las que no encontraba valor, ni utilidad.
Pasaba los días caminando el huerto, con los ojos cerrados, tratando de encontrar el mundo perdido,  de sus días sin luz.

lunes, 20 de septiembre de 2010

ESTIGMA DE AMOR.

El tren como un monstruo ruidoso devoraba los rieles, acortando distancias.
En la pradera, su respiración, llenaba el aire de humo negro.  Su vientre lleno de personas, en amenas charlas pasaban las horas.
En un camarote, encerrada en su secreto dolor, un alma gemía.  Ella cerraba sus ojos, y entregaba su ser al  mecer de las ruedas, su corazón quedó allá encerrado, lo tenía el ladrón de amor.
Vacía y sola estaba su existencia, viajaba rumbo al convento de donde salió para cuidar niños.  Olvidó que esos niños tenían padres, que ella solo era su nana.
El día que encontró sus ojos, sintió que esa mirada hería lo mas profundo del ser.  Ella venía de un mundo donde esos peligros no existían, donde todo era entrega.  A medida crecía la pasión, su ánimo se derrumbaba, sus convicciones tambaleaban.  El día que a su boca le robaron un beso, el ladrón se llevó con él su corazón, y le dejó una sed desconocida, que pedía ser saciada.  Se arroparon en el deseo que rompió los diques.
Para rescatarse a si misma, solo quedó la huida.
Y aquí estaba, regresando con las manos y el espíritu vacíos.  Buscando apagar ese fuego, que todo lo consumía.
Conoció el mundo de extramuros, y no le agradó.  Dejó en él, lo mas preciado en una persona como ella, la inocencia.
Ahora compartía con el resto de los mortales, el estigma de amor, un corazón sangrante...

miércoles, 15 de septiembre de 2010

PENSAMIENTOS.

Lloro llantos silenciosos
esos que enseña el amor
a derramar a escondidas.

Lloro la  pena, lloro tu ausencia
vendrás amor a mi anden?
Donde espero los besos
que un día,  tu te llevaste.

Vendrás a recibir mis flores marchitas?
Esas que tu me dejaste...


          .....

El día que tu me dejes
mi alma se quedará sin voz.

La enorme boca del silencio
gritará tu nombre
que no tendrá ecos en el aire.

En los pliegues de mi rostro, el tiempo
guardará tu ausencia.

lunes, 13 de septiembre de 2010

NOCHE DE PIRINGUNDIN.

El silencioso caer de la garúa, amortiguaba los pasos del hombre.  Pantalón bombilla, zapatos con tacos, que le daban un poco de altura, atajaba el frío y la humedad con el funyi tirado sobre los ojos, y el cuello levantado del saco cortito.  Dejaba tras de si la estela de humo blanco, del cigarrillo en su boca.
Soledad...  Un barco se anunciaba con su ronca y lejana sirena.  Como volviendo al presente aceleró el paso, las veredas del bajo, estaban rotas de puro viejas, y olvido.   El viento,  traía la música del piringundin como bailando con ella en el aire, se oía de lugares diferentes cada vez, ya se veían sus luces.
Entró y se sintió cómodo, ignorado por los presentes, en un entablado, vestidas como hombres, señoritas, simulaban tocar en la orquesta, mientras en una fonola sonaban un tango.
Chicas encorsetadas, y de ligas se paseaban por el salón ofreciéndose, otros bailaban, como eran pocas las damas, algunos hombres bailaban entre ellos.
Apoyado en el mostrador,  esperaba que el empleado,  terminara de verter el agua fría  sobre el terrón de azúcar que estaba en la cuchara,  que cubría la boca del vaso.  El fino verdor del ajenjo, se tornó blanco al contacto con el agua, esa era la magia que amaba de la fiel absenta,con ella todo cambiaba, cerró los ojos y de un trago bebió, sintió el anisado amargor transformarse en fuego,  mientras bajaba por la gola.  Pidió otro, el calor le hizo sudar.  Recién entonces pagó un pote de ginebra, y se sentó a ver pasar sus fantasmas, aquellos que llegaban cada noche de piringundin.  Juntos terminaban en un sucio cuarto, abrazados a un ser tan solo y triste, como él y sus sombras.  Dolor de soledad, de olvido, cuantos hombres sin hogar, llegaban cada noche,  tratando de olvidar en un trago de ajenjo, el dolor de sus vidas
Apretando el pote, buscaba la salida entre cuerpos, algunos abrazados, otros dormidos sobre una mesa, el hombre del mostrador limpiaba.   La fonola en un giro sin fin, hacia llorar la púa sobre el surco del disco, el gato siamés, perezoso,  destrozaba un almohadón.  La luz del sol estalló en sus ojos, aun estaba vivo.
Enfiló a la dársena, donde trabajaba en la estiba, otros como él, que se refugiaban de la noche, hacían fila para recibir su trabajo.  Se acercó dispuesto a comenzar otro día. 


AMORES SECRETOS

El brillo de unos ojos y el roce de los labios, formaban la encrucijada,  en el corazón de los amantes.
Miradas furtivas cruzaban la sala, el tintinear de los cristales,  marcaba el ritmo de la reunión alegre y distendida. De tanto en tanto la anfitriona,  se acercaba a los grupos interesándose en su bienestar, y haciendo un comentario al pasar.
Temía que los presentes notaran  en esos acercamientos,  la flama de los cuerpos, conocian su perfume, sus movimientos contenidos, se seducian sin mirarse.
Charlaban dándose la espalda, si bien estaban a unos metros el uno del otro, ambos sentían el flujo y reflujo de esa corriente, meciéndose entre ambos.  Como jugando al amor, lentamente giraban, regalándose  una mirada.
Ella solía tomar en sus manos la copa de largo pie,  que casualmente le ofrecía, era el momento máximo del encuentro, el roce de los dedos, el tiempo detenido, el instante fugaz en que el cosmos estallaba en cada corazón.
Después, cuando llega el silencio, los amantes en los lechos con sus dueños, sueñan tenerse en esos cuerpos extraños a los que se aferran, diciendo te amo...

sábado, 11 de septiembre de 2010

PASEO AÉREO.

El avión soltó la cuerda del planeador, el silencioso aparato se mantuvo un momento en la inercia, y de pronto,  tomó una corriente de aire cálido que lo llevó hacia arriba,  tomando una carretera imaginaria se alejó en el cielo.
Dentro,  el piloto se mecía en el aire disfrutando su vuelo, sentía los choques de las ráfagas, y el silbido en la aerodinamia del aparato.  Cerró los ojos, imaginó mover alas, en lugar de brazos, sintió que sus plumas se pegaban al cuerpo,  aplastadas por la velocidad, igual que un alcón buscando la paloma.
Todo era tan bello...       Se dejó llevar, buscando el impulso de otra corriente de aire, de pronto se estabilizó su vuelo, siguió en linea recta hacia el nadir.  Veía el centro vital del universo, en pleno movimiento, en los cambios de color que anunciaban su agonía.  En el horizonte, su disco se escondía debajo del mar proyectando su luz, desde el cielo se veía,  un rayo de fuego cortando el agua.  La cabina del avión se tiñó de matices, como si estuviese dentro del disco de helio, todas las sensaciones cambiaron en el momento en que vió,  la verdadera magnitud del planeta donde vivimos.
Salió de la térmica, el planeador lentamente perdía altura, era el momento de la pericia del piloto, nivelarlo y guiarlo buscando la pista.
Bajó del avión, se sintió  pequeño y desprotegido, al alcance de cualquiera,  para bien o para mal.
Solo la razón del hombre, puede desequilibrar el poder de la naturaleza.
A nadie teme mas el hombre,  que a su propia especie.  Es el único que sabe odiar.

jueves, 9 de septiembre de 2010

MARIQUITA

Encima de la hoja, brillaba bajo el sol la Mariquita.  Inmóvil, parecía una gota de sangre.
El niño,  curioso la miraba, ella tomó confianza y se movió lento, levanta sus alitas rojas, y aparecen otras transparentes moviéndose rápidamente en un vuelo sereno, que terminó en el brazo del niño.
La pelusa dorada de la piel, dificultaba su andar, subía y bajaba los pelitos, de pronto sacudió las alitas como amenaza de inminente vuelo, pero no, comenzaba a trepar un lunar,  que por su oscuridad la  asusta  ¡¡¡ Ay Mariquita, que audaz eres¡¡¡  El niño de pronto la encerró en su mano, y la devolvió a la hoja.
Una mariposa sobrevolaba la flor, se acercó curiosa al verla posar,ella nuevamente mostró sus alas saludando el agitar,  de la bella cubierta de polen.
Que concurrido estaba el jardín después de la lluvia.  Aun debía pasar por la rosa blanca, en amable charla con una abejita.  Primero daría otro paseo, el brillo del día hacia salir a sus amigos, el huerto era la gran vía de la naturaleza, donde confluía todo el microcosmos subterráneo, y aéreo.  Mariquita solo era una partícula volando, deseosa de conocer los secretos de ese mundo verde en el que vivía.
Ay  Mariquita, que audaz eres.....

miércoles, 8 de septiembre de 2010

AMAZONA DEL AIRE.

Cabalga la noche, montada en la luna
amazona veloz, que corre en el viento
dejando aromas, de pasiones fugaces.

El pudor de la nube, cubre su luz
el amor en las sombras, hace silencio
la brisa apurada, sopla la nube
vuelven las risas, vuelven los goces.

El alba se anuncia, en la luz de la aurora
la noche furiosa, cabalga sin pausa
de pronto,  los rayos emergen soberbios
borrando las sombras.

martes, 7 de septiembre de 2010

PAZ EN EL CAMPO.

La sobremesa de la cena, estaba como los sábados, extendida en el tiempo,  y anunciaba el día de descanso en el campo.  Los restos de una comida  humilde, pero abundante, estaban sobre la mesa.  Los vasos,  lentamente se iban vaciando,  en medio de  historias y risas.
La madre,  en el regazo sostenía al niño dormido, descansaba sus piernitas en el banco,   su hermano tenía los brazos cruzados sobre la mesa,  en los que apoyaba su cabeza.  Ambos niños, al igual que su perro, se relajaban como pichones con las barriguitas llenas, al calor de su nido.
De vez en cuando,  alguno daba un salto, cuando las voces y risas subían de tono bruscamente, el perro daba unos ladridos ahogados por la pesadez del sueño.
Avanzada la noche, la madre los cargaba en brazos hasta la cama, los desvestía y arropaba mientras el perro miraba.  Dejaba un beso en sus frentes y salía del cuarto.  Entonces,  el perro de un salto subía a la cama, donde se arrebujaba buscando el calor de sus dueños.
Afuera,  el viento silbaba suave entre los tamarindos, acunando la noche.  La luna parecía correr entre las nubes, arreadas por la briza rumbo al sur, buscando la lluvia.

lunes, 6 de septiembre de 2010

BERNARDITA

Como dice una canción, Bernardita ha llegado al mundo.  Como un regalo de Caperucita, vino en una canastita rosada, y tibia...la panza de su mamá.
Dos manos fuertes, la sacaron de su nidito y la presentaron en sociedad - Es una niña¡¡¡- dijo el médico, y la puso sobre el corazón de su madre, una gran sonrisa, una cara llena de lágrimas, y ella, con esos ojitos recién abiertos, solo trataba de mirarla.  Ese fue el momento en que, se liberaron sus cuerpos y se conectaron las Almas.  La mamá besó a Bernardita, trasmitiendole el amor que guardó para ella.
La niña lloró, buscando cobijo, la madre amorosa la prendió a su pecho.
Así pasó desapercibido para el mundo, el milagro cotidiano de la vida, ese que cada mujer es capaz de lograr, sola con el amor.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Espacio vital

Si sucede
que no vivo lo que sueño,
los deseos de mi espíritu
van muriendo.

Se cae día a día
la esperanza
y se olvidan
las ansias de futuro.

El amor
va quedando relegado
entrando, la sensación de olvido.

Se apagan las risas,
se secan las lágrimas;
ya no hay fuentes de vida.

Todo se disgrega
dejando vacío
el espacio vital.

viernes, 3 de septiembre de 2010

MOMENTOS...

Mientras cubría el  bizcochuelo con dulce de leche, tenía a mi nieto de tres años, sobre la misma mesa.  Yo trabajaba en silencio, el sentado como un indio,  la miraba.  De vez en cuando suspiraba, yo seguía mi trabajo, calculando el momento en que su dedito indice, dejase su huella en el dulce.
En el duelo de silencios y suspiros, dice -¿Agueia?...     Sin mirarlo digo -¿Siii?...
La voz de un ángel de los coros celestiales pregunta- ¿Puedo tocar la torta?-
Solo entonces deje quietas mis manos, y respondí - Bueno... solo un poquito-
Mientras,  me detuve en ese momento,  y notaba como  cada día entendía mejor, el generoso ciclo vital del hombre.
Disfrutaba con mi nieto, esos momentos mágicos, donde el hilo conductor de nuestros sentimientos, es el silencio.  Saber oír esa música en el corazón de un niño,  sentir la emoción de que él, sin saberlo, se deja conducir por  esa música callada, esperando madure el momento de la acción.
Los ancianos, igual que los niños, vamos descubriendo paso a paso, la ventaja de los años, que nos van enseñando a aceptar los ciclos de una vida.
El perro en el piso me miraba, sus ojos parecían decir -¿ Y yo?-
Joaquin seguía solo con el índice, comiendo la cobertura de la torta, que iba adquiriendo textura de tronco de árbol, color marrón dulce de leche.
Afuera, la llovizna quería ser nieve, crepitaba el fuego en la salamandra, el reloj aletargaba su tic-tac, no queriendo romper la magia del momento. ¿ Que mas puedo desear, que ver un ángel reír?
Experimentar los extremos de la vida, contenerse y disfrutarse, en el echo cotidiano de vivir.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

ALMA ERRANTE.

Ambiguos sentires,  lleva su Alma
generoso corazón,  no se cansa de amar
va por la vida,  buscando su esencia
no encuentra su norte,  se pierde en amores
que van a la nada.
Sigue buscando mítico Ser.



El desarraigo en las personas,  puede convertirlos en sembradores de vida.  El alma errante, eternamente busca.  ¿Que busca?.  No lo sabe, solo entiende que algo que le pertenece a su existencia, le falta.
En ese vacío que  lleva en el curso de su búsqueda,  suele cumplir con otras necesidades del Ser, socializar, amar, reproducirse, mientras,  sigue latente y alerta el deseo de partir.  Solo se toma una pausa.  Puede seguir cargando la mochila que arrastra consigo, no le amedrenta el peso, solo que en el camino, va dejando los seres que se atrevieron a amarlo.  Es una búsqueda física y espiritual.  No es un Ser tortuoso.
Quizás es  el elemento dispersor, que necesita la vida, para hacer un hilo conductor, en la unión de seres extraños.  La persona errante, lleva en si una carga de humanidad que desconoce, es ella quien lo guía.

Entre Chivitos

Entre Chivitos

Mateando

Mateando
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