miércoles, 7 de diciembre de 2011
HISTORIA DE UNOS DIENTES...
La anciana caminaba saludando con la mano y regalando sonrisa, estaba contenta, la oficina social del gobierno le había enviado por fin la dentadura postiza, sentía rara su cara los labios estaban tensos debido al tamaño "universal" de la prótesis. La miraban al pasar y sentía que la vanidad le tocaba el corazón. Los perros salieron a recibirla, pero como si desconfiaran por el rostro cambiado, la olfatearon para convencerse que era su dueña. Preparó el mate y se sentó a la sombra del tala, cuando quiso sorber la bombilla los dientes no dejaban fruncir los labios, las ganas pudieron mas que la vanidad y se los sacó, desde la mesa ellos le sonreían, ella los contemplaba con orgullo posesivo. Todos los meses llegaba el cura a dar misa y confesar, sentada en el primer banco con un ramito de flores del campo, su rostro serio y sus dientes al aire ella oía con fruición, el cura no dejaba de mirarla. Se puso en la fila de la comunión cerró los ojos y abrió la boca, el cura temeroso deposito rápidamente la hostia, llegó a su banco y aun no podía despegarla del plástico paladar, cuando lo logró su lengua le dolía. De regreso caminando por las dunas pensaba que eran muy hermosos sus dientes, pero con ellos no podía tomar mate, ni beber agua, cuando comía se movían tánto que se mordía, de a poco se acostumbró a verlos en la mesa del rancho acompañándola y casi sin darse cuenta comenzó a charlar con ellos, por las noches cuando apagaba el candil en la oscuridad le hacían compañía hasta dormirse. Y llegaron las nevadas, este año el temporal llevaba días, nadie andaba los caminos, y la despensa comenzó a languidecer, se acabó la leña, la vieja sabía que de seguir así moriría como muchos en la zona, lustró su dentadura y se la puso cuando se metió en la cama, el frío era intenso. A los pocos días llegó el helicóptero del gobierno auxiliando gentes, el viento había abierto la puerta del rancho y desde afuera se veía la imagen escarchada, eternizada en una sonrisa que el deshielo convertía lentamente en llanto histérico con el rodar de frías lágrimas.
Nube de palabras:
cosas de la vida-
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SUS RELATOS LOS CATALOGO DE LA TIERRA. PORQUE LE CAMPO ESTÁ SIEMPRE PRESENTE Y COMO SOY CAMPESINO, LOS SIENTO.
ResponderEliminarUN ABRAZO
Que relato Abuela!
ResponderEliminarExcelente. Aunque un poco triste el final.
Un abrazo.
excelente cuento... me ha gustado muchisimo... es una gran historia... perdon por la tardanza pero estoy de regreso en vuestras letras jajaja... un abrazo enorme!!
ResponderEliminarMuy lindo tu relato... se podrían contar muchas hitoria sobre las dentaduras postizas. jajajajaj. Un fuerte beso y gracias por pasar por mi blogs.
ResponderEliminarSiempre es un placer leerte!!
ResponderEliminarSaludos!
Durísimo transcurrir de algunas existencias, mientras nosotros nos regodeamos en dolores nimios.
ResponderEliminarBueno, yo imagino la gracia de la Señora Abuela con su nueva dentadura, que enhorabuena lució cuando fue asistida por la situación climática sufrida en el campo o en la zona rural. Algo escénico. Imaginé a la anciana envuelta en un chal o toalla para evitar el frío o la humedad de la lluvia, al tiempo que sonreía. Abrazos..!
ResponderEliminarNi tan siquiera pudo estrenarlos para castañear con la tiritona.
ResponderEliminarCuando hace mucho frío y no se tienen recursos para calentarse lo mejor es meterse en la cama, con todas las cobijas posibles y una bolsa de agua caliente.
Feliz dia amiga.
Genetticca
Qué final tan triste. En realidad también lo es el principio, con esa anciana que necesita que la oficina social del gobierno le envíe una prótesis, pero es que era tan graciosa hablando con sus dientes y pasándolas canutas durante la comunión...
ResponderEliminarFeliz tarde
Bisous
Me ha recorrido un escalofrio al leer tu fantástico relato y tambien una sonrisa imaginando a la pobrecita abuela tomando su comusión. Muy bueno amiga.
ResponderEliminarUn millón de abrazos.
Huy, me ha emocionado tu relato. Mi sensibilidad aumenta con tus textos. Me ha encantado.
ResponderEliminarUn beso,
Luis.
Me ha encantado el relato!! un poco triste,pero bastante real (si las dentaduras postizas hablara!!) Un abrazo Abu!!
ResponderEliminarEl final me dejó pensando Abuela, pero qué lindo, como siempre tu relato. Lo he disfrutado y a la vez me ha emocionado. Gracias amiga.
ResponderEliminar¡Pobre viejita! Así es la vida, tanto ansiamos lo que necesitamos que cuando lo tenemos nos damos cuenta de que no era tan necesario...
ResponderEliminarEstupendo cuento, Amalia, siempre sacándole chispas a las historias de campo, sos una maestra :)
Besotes, querida amiga.
Excelente. Excelente. Besos.
ResponderEliminarNorma Soriano.-
¿Me ha gustado el principio, lo que viene después o el final? No lo sé ¡me ha gustado el relato entero! Querida Abu quiero feliitarte de parte de mi hijo (tiene 11 años) y lo primero que me ha dicho cuando le dió un vistazo a tú blog:
ResponderEliminar-¡Qué bien mamá, esta amiga tuya es escritora y tiene un libro!
Saludos desde España- Sevilla.
Magnifico relato !!! aunque que triste imagen la de ese llanto histérico... final...
ResponderEliminarUn abrazo.
Qué triste historia querida Amalia. Pobre mujer.
ResponderEliminarTe dejo un fuerte abrazo.
Hasta pronto.
La historia en muy linda...no todos los relatos tienen un final feliz verdad? Son casos de la vida real querida amiga...bueno espero que cuando yo use dentadura postiza ya exista un buen pegamento para que no se me mueva tanto ah pero sobretodo que pueda disfrutar yo de los alimentos :-))
ResponderEliminarNo se si dejó este mundo feliz por su dentadura, pero lo presagiabay sabía el final. Triste, muy triste sí. Saludos, abuela.
ResponderEliminarBuenos días abuela:
ResponderEliminarMe he quedado un ratito rememorando tu historia que lleva una buena moraleja. Me ha gustado mucho porque llega y enternece. Es precioso leer con tanta molla.
Me permites que la grabe?
Te dejo un abrazo agradecido.
Hola amiga, disculpe mis ausencias, seguro que se pone en mi piel ¿Verdad? no llego a donde deseo estar.
ResponderEliminarMe ha gustado su relato y sé el pan que se da con las dentaduras postizas jaja!!su relato es de la vida y si bien tiene un triste final, me hizo sonreír que se le pegara la forma, sí así es.
Gracias
le dejo mi ternura
Sor. Cecilia
Preciosa historia eternizada en una sonrisa..a la par que tiene dos mensajes...uno es que como ya sabemos, para ser bella hay que sufrir jeje...ahora tenia una linda sonrisa pero no podía hacer las cosas que le gustaban, por otro lado, quizás se pueda hasta decir que enfrentó la muerte con una sonrisa...como debería ser la vida, sonreír aunque las cosas afuera se hayan puesto duras...de verdad que trae buen mensaje este escrito..besos amiga
ResponderEliminarLas historias rurales siempre me dejan un aire un poco tristón, no sé bien por qué. Esta mujer formada para recibir la comunión me recordó a mi abuela.
ResponderEliminarUn abrazo, querida Abuela
Querida amiga!
ResponderEliminarImpresionante y conmovedor relato! Un placer leerla!
Besitos azules de brisa...
Excelente y conmovedor a historia.
ResponderEliminarMe recordaste a mi padre que dejaba su dentadura postiza en cualquier lado.
Mariarosa
Ppbre anciana se había congelado junto a su amada dentadura.
ResponderEliminarCuánta imaginación creativa tienes Ame.
Besos, Montserrat
Querida amiga, el amargo final ha borrado la sonrisa de mi cara... pero la veía tan 'risueña' con la dentadura mayor que el hueco de su boca, que no podía evitar sonreír también. Es triste la soledad del pobre :(
ResponderEliminarun abrazo admirado abuela-amiga
Hola abuela,
ResponderEliminarquería avisarte que acabo de publicar la lectura de este maravilloso relato y te invito a visitarme para que me digas si te ha gustado.
La música es elección de Ruth.
Un abrazo cariñoso.
http://beatrizsalas10.blogspot.com/2012/01/la-abuela-frescotona-historia-de-unos.html
Vengo del blog de Beatris Salas.
ResponderEliminarMe ha encantado esta entrañable y triste historia.
Enhorabuena. Ha sido un placer.
Saludos cordiales.
Abuela:
ResponderEliminarHe leido tu bella y a la vez triste historia en el blog de Beatriz Salas y le he dejado el siguiente comentario:
Siempre me han gustado las historias de "La Abuela Frescotona" y, esta historia en particular es dramática y refleja el camino de espinas que se debe caminar cuando llega la dura vejez. La vejez, la pobreza, unos dientes postizos, y el paisaje gélido, forman el relato bellamente mágico y a la vez tan real que las lágrimas ruedan por las mejillas.
Recibe mi abrazo y felicitaciones.
Como tantos otros compañeros, gracias a Beatriz he llegado a tu blog. Te leeré despacio, saboreando. Este relato en concreto me ha encantado, aunque me haya entristecido el final.
ResponderEliminarUn abrazo.
Soy admiradora de Beatriz, de su voz, su pasión por lo que hace y de su corazón maravilloso y gracias a ella he podido disfrutar de tu escrito, el cual cautivó mi corazón. Dios te bendiga. Cariños: Tere.
ResponderEliminarFantástica, original, me trajo recuerdos de un baso y una dentadura, que hacia regañar a un ser muy querido. Beatriz excelente, la musica un lujo, y a ti abuela" mi felicitación.
ResponderEliminarBesos
Ay, Abuela... ¡Sos GENIAL! Encantadora historia -maravillosamente narrada- en la que me hiciste pasar de la sonrisa a la risa y de la risa a la pena por su final. ¡Felicitaciones, Abu! Un beso enormeeeeeeeee!!!
ResponderEliminarUn relato ¡¡Fantastico, y narrado por nuetra amiga, Dos veces ¡¡¡Fantástico. QUE TEGAS UN BUEN DÍA.
ResponderEliminarHola,buenas tardes, vengo del blog de Beatriz Sala y he querido conocer a la abuena y sus historias y relato, me ha encantado lo que he leido hasta ahora, te felicito amiga,seguire leyendo,
ResponderEliminarabrazos, Lola.
Vengo a saludarte desde el blog de Beatriz Salas donde he escuchado de su voz tu triste pero tierno relato que, de veras, me ha encantado.
ResponderEliminarUn abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.