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sábado, 17 de noviembre de 2012

PERDIDA

La mujer perdida, así le llamaban en el pueblo.  Nadie recuerda cuando llegó, algunos creen que siempre estuvo y no querían notar su presencia, las damas bajan la mirada cuando la cruzan, otras evitan su camino.  A ella no le importa,  sabe que en ese mundo de mujeres muertas vestidas de negro puede deambular feliz ostentando los gozos a los que ellas renuncian.  Todas tienen familia numerosa educada, alimentada y con metas en la vida que se repiten por generaciones, se reproducen y trabajan.  Ella,  la perdida es dueña de secretos de familia a través de las cuitas de sus varones, así sin quererlo se ganó su lugar en la sociedad pueblerina.  Varias generaciones despertaron a la pasión y muchos al amor en sus penumbrosos aposentos, casi se podría decir que todos tenían iguales técnicas amatorias, las novias preparaban su ajuar y ellos eran iniciados como hombres.  Así funcionaba el pueblo, cada uno en su oficio y arte.  También los jefes religiosos cumplían con lo suyo, acristianar, perdonar y matrimoniar, eran el nexo entre pecado y virtud.

lunes, 12 de noviembre de 2012

EL HOMBRE QUE FUE

La mujer era imagen de sal, blanca e inmóvil frente al foso donde descendía el ataúd de quien fuera su esposo.  El hecho fatal de la muerte cambiaba el espectro de sus emociones, sentía que todo sin él era nuevo.  El reloj parecía sacarla del presente y llevarla al pasado a esos tiempos en que la muerte era esa "cosa" lejana en la que ya tendremos tiempos de pensar, días de planes, risas,  amigos y amores.  Así comenzaron la vida juntos, él era el hombre soñado, brillante, gran hacedor, sencillo y alegre.  Toda esa carga de virtudes que el tiempo y avatares se llevaron, se gastaron, quizás el desencanto y el choque con la realidad la gran asesina de sueños.  El tiempo pasa,  la la llama de la juventud languidece y la vida pierde su belleza en la monotonía, en la desigualdad doméstica de los goces y las penas.  La vida juntos se convirtió en un aguante honorable frente al mundo y la familia esperando el último trance,  al que él había llegado primero.  La mujer veía en esos restos la metamorfosis que forjó el desencanto, que verdaderamente eran "restos" de aquel hombre que soñó cambiar el mundo y este lo devoró.

domingo, 4 de noviembre de 2012

LA SEÑAL

La anciana bajaba hacia el valle, serpenteaba el camino. Venía vencida bajo el peso de los atados de yuyos; cada vez tenía que recorrer más camino para encontrarlos, o quizás sus años le alargaban las distancias.  En eso pensaba, ya sentía que los inviernos la ataban dentro de su casa, y los veranos igualito que a las plantas le sacaba el agua del cuerpo dejándola mustia.  Cuando el cuerpo se desacata a la orden de la razón, negándose a los esfuerzos es que nuestra Natura ya está anunciando su retiro.  Esa charla teníamos con el compadre Trinidad, el sabio y leal amigo me dio el mensaje, me dijo que estuviese atenta a los signos de la parca que siempre se anuncia.  A él le sucedió que su fiel perro cimarrón lo desconoció en pleno día. Vio la sombra que se acercaba, no era su dueño, era la guadaña que venía asestando su toque. Cada vez le fue quitando la fuerza, el hambre,  ya ni pitaba el cigarro de chala.  Así se quedó el pobrecito con su imagen de hombre borrada de este mundo, solo era un cuerpecito seco y amarillo que la tierra se tragó.  Se sentó debajo de un moradillo y encendió un chala, cerró los ojos y pitó largo y sereno como recuperando fuerzas. Lento fue abriendo los ojos y entre las volutas de humo veía una imagen que se acercaba. Exhaló con fuerza el humo para mejorar la visión y supo que su señal había llegado... Blanco como mantel de sacrificio, luminoso y rodeado de larga crin avanzaba hacia ella el caballo. Se detuvo y con sus belfos comenzó a acariciar su pelo, escarceó  dejando la marca en la tierra.  Cuando parpadeó la imagen se había ido.  Se persignó y siguió su camino, los pensamientos se alejaron de su mente como temiendo al recién llegado, la muerte.  Ella no haría como su compadre, entregarle su existencia así nomas.  - si quiere mi muerte que luche, como yo hice con mi vida-  la vieja reía, sabia que le esperaba una larga lucha...

Entre Chivitos

Entre Chivitos

Mateando

Mateando
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